El intento fallido de Israel para hacerse con los restos de un piloto militar israelí capturado en 1986 tras saltar de su avión durante la guerra civil de Líbano (1975-1990) ha acabado esta madrugada en masacre: 41 muertos, según el ministerio de Sanidad libanés. Una cifra que lo convierte en el incidente más grave en territorio de ese país desde la escalada de las hostilidades con Hezbolá el pasado lunes. Ha sido la mayor incursión de las tropas israelíes en el país desde 2024, cuando libraron una guerra durante más de dos meses con la milicia proiraní, y que el acuerdo de tregua no consiguió cerrar.
La mayor incursión en ese país desde 2024 llega tras la detención, por los servicios israelíes de inteligencia, del hermano del supuesto captor de Ron Arad
El intento fallido de Israel para hacerse con los restos de un piloto militar israelí capturado tras saltar de su avión durante la guerra civil de Líbano (1975-1990) ha acabado esta madrugada en masacre: 45 muertos, según el ministerio de Sanidad libanés. Una cifra que lo convierte en el incidente más grave en territorio de ese país desde la escalada de las hostilidades con Hezbolá el pasado lunes. Ha sido la mayor incursión de las tropas israelíes en el país desde 2024, cuando libraron una guerra durante más de dos meses con la milicia proiraní, y que el acuerdo de tregua no consiguió cerrar.
El relato de testigos locales y Hezbolá coincide: cuatro helicópteros israelíes se desplazaron durante la noche del viernes hasta Nabi Chit, un municipio en el este de Líbano, ubicado a 85 kilómetros al norte de Israel. En esa zona, lejana de la franja fronteriza donde se registran combates ante los esfuerzos israelíes por avanzar en su ocupación del sur, el comando israelí aterrizó en un área montañosa sobre las 22.30 horas de la noche del viernes. Según un comunicado de la milicia, los uniformados se desplazaron por vía terrestre hasta Nabi Chit, y cuando se acercaron al cementerio, cerca de la medianoche, los combates empezaron.
La agencia de noticias estatal libanesa reporta que “residentes locales” se sumaron a Hezbolá (que en la zona ejerce de autoridad de facto) para repeler con las armas al comando israelí. La agencia habla de “escenas horripilantes”, con bombardeos sobre “barrios, calles y espacios públicos” y cómo las fuerzas israelíes dispararon decenas de misiles antes de la operación “para desviar la atención”. Luego, ya en medio de los enfrentamientos, lanzaron otras decenas de ataques para “cortar las líneas de suministro y los movimientos de la resistencia [Hezbolá]” e impedir el secuestro de soldados israelíes.
A primera hora de la tarde, el ejército israelí confirmó que la incursión de madrugada en Nabi Chit tenía como objetivo recuperar los restos de Ron Arad, un piloto militar israelí capturado tras saltar de su avión durante la guerra civil de Líbano (1975-1990). “Como parte de las actividades del ejército en Líbano, las fuerzas especiales del ejército han operado durante la noche en un intento por encontrar los restos del desaparecido Ron Arad”, decía en un comunicado. Las fuerzas armadas informaron de que “no se encontraron restos relacionados con él en el lugar de la búsqueda”, pero que continuarán buscándolo “de manera incesante, día y noche”. Aunque algunos vídeos en redes sociales daban cuenta de enfrentamientos armados, el ejército señala que no sufrió heridos en el intento.
Medios locales aseguran que los soldados israelíes ―vestidos con el uniforme del ejército regular libanés― llegaron a abrir tumbas en el cementerio de Nabi Chit, ubicado en la parte del municipio donde la familia Shukr tiene arraigo. Esta localidad, junto con los suburbios beirutíes y el sur del país, ha sido objetivo de órdenes de desalojo masivas por parte del ejército israelí.
Según Hezbolá, los helicópteros llegaron desde Siria, donde el ejército israelí ocupa nuevos territorios desde la caída, en 2024, del Gobierno de Bachar el Asad, además de los Altos del Golán, que ya tomó en la guerra de los Seis Días de 1967.

La lista de bajas en los enfrentamientos incluye tres soldados del ejército regular libanés. Esta institución, que se mantiene neutral en el conflicto, trabaja en el desarme de Hezbolá en el marco del objetivo de lograr el monopolio de las armas, que el Gobierno aprobó en 2025, bajo una fuerte presión de diversos países (principalmente Estados Unidos) para vincular la llegada de fondos de reconstrucción a su cumplimiento.
Hace un mes que las autoridades libanesas declararon el sur libre de armas de Hezbolá. Este sábado, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, acusó al presidente de Líbano, Joseph Aoun, de incumplir el alto el fuego “Te comprometiste a cumplir el acuerdo y desarmar a Hezbolá, y no está pasando”, dijo. Y lanzó una amenaza: “Actúa y hazlo cumplir antes de que hagamos más nosotros”. De momento, viene de emitir una inédita orden de desalojo en Beirut que afecta a 700.000 personas.
Con los 41 muertos de esta incursión, son más de 200 los fallecidos por ataques israelíes desde el lunes, cuando Hezbolá entró en escena (en apoyo de Irán) con sus primeros proyectiles desde 2024 contra el país vecino. Pese al acuerdo de alto el fuego, Israel nunca dejó de bombardear el país en ese periodo, casi a diario, causando más de medio millar de muertos.
Pacto no escrito
El caso de Arad es icónico en un país militarista, con servicio castrense obligatorio para hombres y mujeres, y un pacto no escrito con la población de que el Estado hará todo lo posible por recuperar (vivos o muertos) a los caídos o rehenes. “Durante muchos años hemos perseguido ese objetivo sin descanso”, dijo el primer ministro, Benjamín Netanyahu, al concluir la jornada sabática. “La operación de anoche no arrojó los resultados que buscábamos, pero el compromiso del Estado de Israel y el mío propio para completar todas las misiones relacionadas con nuestros cautivos y desaparecidos es absoluto y constante”.
Se sabe que, en 1986, Arad se disponía a bombardear objetivos de la Organización para la Liberación de Palestina en Beirut cuando una bomba explotó antes de tiempo y tuvo que saltar en paracaídas. Cayó prisionero del grupo Amal ―que lo anunció y pidió negociar― y aparentemente se lo entregó a la otra gran facción armada chií, Hezbolá. El soldado envió tres cartas manuscritas y el Gobierno israelí intentó su liberación hasta 1988, pero se le perdió la pista. Hay informaciones de que murió intentando escapar, de que fue llevado a Irán… En cualquier caso, se asume que está muerto, aunque sigue figurando oficialmente como desaparecido en combate.
Su caso resurgió hace poco. Una aparente operación del Mossad, la agencia de inteligencia israelí en el exterior, terminó en diciembre con el secuestro en Zahle, en el noreste libanés, de Ahmed Shukr, un agente de seguridad retirado y hermano de un antiguo combatiente del grupo chií Amal, supuestamente implicado en la captura del piloto.
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