“¿Quieres entrar a mi meet privado de máximo 10 personas? 5 euros la entrada, meet sin final, solo personas que quieran estar conmigo de verdad”, escribió hace unas semanas Sergio Jiménez Ramos en una plataforma. Luego pedía que el pago fuera por bizum únicamente y añadía su número de teléfono. Jiménez, de 37 años, de y Vilanova i la Geltrú (Barcelona) falleció en fin de año en un presunto reto viral con drogas y alcohol que los Mossos están investigando.
El fallecimiento de Sergio Jiménez pone al descubierto un entramado de espacios digitales donde se consume droga en directo
“¿Quieres entrar a mi meet privado de máximo 10 personas? 5 euros la entrada, meet sin final, solo personas que quieran estar conmigo de verdad”, escribió hace unas semanas Sergio Jiménez Ramos en una plataforma. Luego pedía que el pago fuera por bizum únicamente y añadía su número de teléfono. Jiménez, de 37 años, de y Vilanova i la Geltrú (Barcelona) falleció en fin de año en un presunto reto viral con drogas y alcohol que los Mossos están investigando.
Jiménez no era un streamer célebre. Ese encuentroprivado era en realidad una videollamada común en Google Meet donde un grupo de mirones pagaba por verle consumir droga, mucha droga. El trágico paso de Jiménez por los directos es otra prueba de la creciente complejidad del mundo digital, cuyas consecuencias generan cada vez más daños tangibles en la vida real.
La actividad en grandes plataformas se parece a supuestos trabajos, grupos de amigos y ocio colectivo que no lo son en realidad. El caso de Jiménez es extremo, el primero con este desenlace conocido en España. Pero ocurre poco después de la muerte del francés Raphaël Graven, en agosto, en un directo en Kick, una plataforma abierta y mucho más conocida. La muerte de Jiménez fue en otro tipo de foro, nuevo y más privado, que empezó a forjarse justo tras la muerte de Graven en Francia.
La fama de Jiménez en internet venía de haber aparecido en octubre en unos vídeos con Simón Pérez, un célebre influencer conocido inicialmente por vídeos de hipotecas que lleva años consumiendo droga en directos online, haciendo retos absurdos o peligrosos y jugando a casinos en la red. Tras la muerte de Graven, fue expulsado de Kick, lo que llevó a Pérez a trasladar su actividad a plataformas más oscuras como la china Trovo, o Pump.fun y DLive, centradas en criptomonedas. Todas permitían hacer directos y Pérez podía ingresar con donativos o acuerdos con las plataformas. Pero le fueron suspendiendo en todas. Este lunes, la red social TikTok también ha cerrado la cuenta que llevaba Pérez, @simondesintoxicacion.
Un modelo de negocio nuevo
Tras todas estas expulsiones, Pérez buscó un modelo distinto: si consumía drogas en directo, iban a suspenderle. Pero justo eso era lo que quería su audiencia. “Sin bocatas [droga] tampoco tiene mucho sentido hacerse suscriptor”, decía aún este lunes un comentario en el directo de Pérez en YouTube, que lleva unas semanas en un tortuoso proceso de desintoxicación. “En 10 días de Navidad solo he tomado dos”, dijo este domingo. “Hace seis días que no me meto nada, que pesaos sois, estoy todo el día durmiendo”, añadió. Su tratamiento le produce una somnolencia terrible, lamenta: “Tengo un sueño con la medicación que no me aguanto”.
Pérez optó este otoño por un modelo de negocio nuevo: llevar su contenido más delicado a videollamadas privadas con suscriptores (un grupo que llama “diplomáticos”) y hacer un contenido más blanco para reclutar nueva audiencia en plataformas abiertas como YouTube y TikTok. “Gente de YouTube, os paso el Telegram por si alguien quiere hacerse diplomático y quiere contenido extra”, dijo este mismo lunes a su audiencia en un directo de YouTube. Poco antes, había hecho una petición similar en un directo de su TikTok.
En la creación de este nuevo modelo de negocio, había un espacio para gente como Sergio Jiménez, conocido como Sssanchopanza o Sancho en redes. Pérez buscaba un grupo de streamers desconocidos que se abriría su propio canal en Kick, donde no estaban suspendidos. Pérez aparecería fugazmente de vez en cuando para promocionarles y se llevaría un 20% de lo que ganaran. En realidad, Pérez ejercería como algo parecido a su mánager.
Así lo explica una persona muy cercana a Pérez que ha pedido que no se publique su nombre. “Le echaron de Kick, pero él sabía que este modelo de streamer y casinos funciona. Podía hacer que otros chicos abrieran cuenta en Kick, que apareciera él de vez en cuando y todos se ganaban la vida. Ese era el plan”, dice. Pero el plan falló: “Han intentado casinos pero ha derivado en esto, en grupos privados y retos peligrosos comiendo y haciendo cosas horribles y peligrosas”, añade. Hoy el canal de Sssanchopanza en Kick languidece con 300 seguidores y apenas ninguna actividad.
“Echad al yonki”
En su lugar, en noviembre y diciembre Jiménez iba ofreciendo links de Google Meet privados en grupos de Telegram relacionados con Pérez y con nombres como “We love basuko”, una droga derivada de la coca similar al crack. Tras colgar uno de esos enlaces a Google Meet, las tres primeras respuestas de otros usuarios eran: “Ponte a trabajar”, “vas drogado”, “echad al yonki”. No son grupos conocidos por su cordialidad.
Desde este domingo, cuando estalló la polémica sobre la muerte de Jiménez, estos grupos hierven con miles de mensajes y acusaciones cruzadas. Son cuentas con apodos anónimos de gente que lleva meses siendo socarrones y comentando los retos, los colegas o la novia de Simón Pérez. El debate más tenso es saber qué ocurrió justo antes de la muerte de Jiménez, quién estaba allí y cómo pudieron incitarle.
Posiblemente, la respuesta solo surgirá después de la investigación de los Mossos. Si el encuentro era una videollamada privada, es improbable que haya un vídeo si alguien no la grabó. Un juez podría hipotéticamente pedir información a Google. Aunque, si hubo bizums, los Mossos tendrán más a mano saber a quién pueden interrogar.
El delito de inducción
Por ahora, todo esto son especulaciones. El hermano de Jiménez, que a veces estaba presente en sus retos, es quien más claro ha dicho en medios que su madre y él oyeron voces que salían del ordenador cuando llegaron. “Creo que hay inducción”, afirma el abogado especializado en derecho digital Borja Adsuara. “Manipulan a un hombre con problemas mentales y que necesita el dinero, aunque digan que no tenían intención de matarle, no hicieron nada para impedirlo”, añade. Es probable que ese delito persista incluso si la muerte no se produjo estrictamente en el directo, sino después.
La muerte de Jiménez no será un simple hito más para el tinglado de Pérez. Antes de la pandemia, intentó montar un negocio con marihuana en Macedonia que fue un fracaso y mucha gente perdió dinero. Desde entonces, grupos de seguidores, también en Telegram, tratan de hacerle la vida imposible. Ahora parece que llega una batalla definitiva, donde las plataformas pueden prestar más atención a la actividad de Pérez. Hay incluso aún tiempo para la ironía y gente que ha bautizado este proceso que se inicia ahora como “Los juicios de Basukemberg”. “No iré a la cárcel, gente, hay un montón de gente que hace streams para sacar dinero para droga”, dijo este lunes Pérez en uno de sus directos.
*Si tienes más información sobre este caso, escribe a jordipc@elpais.es
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