<p>La columna del escritor y académico <strong>Arturo Pérez-Revert</strong>e <a href=»https://www.elmundo.es/opinion/2026/01/11/6963fddefdddffc92e8b456e.html»><i>Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor </i>publicada este lunes por EL MUNDO</a> se basa en una hipótesis: la Real Academia Española ha renunciado a su misión de poner las normas sobre el idioma y se ha resignado a ser <strong>un registro de las formas con las que el español se habla en el mundo</strong>. La RAE, sostiene Pérez-Reverte, actúa como si no hubiera una manera correcta de escribir una palabra o de designar una realidad y como si el uso fuera la única medida del bien de esas formas. El novelista dirige su mirada a las actualizaciones del Diccionario que la RAE presenta siempre en diciembre y sostiene que esas cosechas anuales están llenas de usos erróneos, anécdotas irrelevantes, bromas privadas y jactancias de «<i>tertulianos</i>, <i>youtubers </i>o <i>influencers </i>analfabetos». Pérez-Reverte, por último, reprocha la caída de tensión en el debate lingüístico entre los académicos y defiende que su renuncia a la norma va en contra de la homogeneidad y la comprensibilidad del idioma español. O sea, los fines últimos de la RAE.</p>
El académico ha apuntado a las nuevas entradas del Diccionario como la prueba de que la Academia ha renunciado a su función normativa y se deja llevar por «‘youtubers’ e ‘influencers’ analfabetos»
La columna del escritor y académico Arturo Pérez-Reverte Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor publicada este lunes por EL MUNDO se basa en una hipótesis: la Real Academia Española ha renunciado a su misión de poner las normas sobre el idioma y se ha resignado a ser un registro de las formas con las que el español se habla en el mundo. La RAE, sostiene Pérez-Reverte, actúa como si no hubiera una manera correcta de escribir una palabra o de designar una realidad y como si el uso fuera la única medida del bien de esas formas. El novelista dirige su mirada a las actualizaciones del Diccionario que la RAE presenta siempre en diciembre y sostiene que esas cosechas anuales están llenas de usos erróneos, anécdotas irrelevantes, bromas privadas y jactancias de «tertulianos, youtubers o influencers analfabetos». Pérez-Reverte, por último, reprocha la caída de tensión en el debate lingüístico entre los académicos y defiende que su renuncia a la norma va en contra de la homogeneidad y la comprensibilidad del idioma español. O sea, los fines últimos de la RAE.
¿Es así? Si se busca entre las actualizaciones anuales del Diccionario, se intuye, a simple vista, un incremento en la frecuenciia de formas coloquiales a partir de la versión 23.4, la que se presentó en 2020. Ese año, destacaban entre los nuevos artículos los que eran de uso científico, gastronómico o político. Entre las 10 novedades categorizadas como «coloq.«, coloquiales, aparecían «derechoso», «chip» (como patata frita), «finde»… Nada que parezca muy extravagante. Después, el margen se fue abriendo. Esas 10 formas coloquiales de la actualización de 2020 se convirtieron en 34 al año siguiente.
Cuarentañero. O sea, cuarentón. Lo interesante del caso consiste en buscar su frecuencia de uso en el Corpes de la RAE: 11 casos registrados desde el año 2000, lo que lleva a pensar que cada vez que alguien ha escrito «cuarentañero» lo ha hecho por error, proyectando las palabras veinteañero y treintañero. La demanda de la palabra no es sigificativa. Sin embargo, cuando la RAE admitió cuarentañero, un periódico español escribó que la novedad era una gran noticia porque iba contra el estigma del edadismo. O sea, que su oportunidad era política, no lingüistica.
Cortaziano, garcíamarquiano, berlanguiano. Adjetivos dedicados a la devoción, la atención académica y la evocación estética de Luis García Berlanga, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, incorporados al Diccionario en 2022. Antes, ya había formas parecidas como borgiano o la más compleja kafkiano. El problema es el tamaño de la puerta abierta. Si está berlanguiano, ¿por qué no almodovariano o perezrevertiano?
Groupie. La duda con los anglicismos es siempre la misma: ¿existe alguna palabra ya consolidada en español que defender y promover mejor que la importación? En el caso de groupie (incluida en cursiva en 2024), hay un agravante: en la definición («fan que acompaña de manera incondicional a un cantante o a un grupo musical en sus actuaciones, especialmente en sus giras») no hay mención a la actitud enamoradiza de los groupies, que es el matiz que hace que el anglicismo merezca esta vez la pena.
Referenciar. Referenciar no es un ejemplo escandaloso porque suene extravagante sino porque es otro anglicismo de los de toda la vida que redunda con una forma consolidada. Referenciar no añade gran cosa al verbo referir y, además, su uso no está tan extendido. Según el Corpes, por cada vez que los hispanohablantes escribieron la palabra referenciar, emplearon 90 veces el verbo referir. Algo más: muchas de las nuevas palabras recientes y discutibles en el Diccionario vienen de la jerga de las ciencias sociales, como referenciar: elitización, inmersividad, ludificación… Son palabras que están el el DLE pero apenas se emplean según las estadísticas de la RAE.
Risoterapia. «Empleo de la risa como medio para mejorar el estado anímico». La verdad: risoterapia suena a mucha palabra y mucha definición para algo que todo el mundo entiende y que no necesita un nombre compuesto: reírse un poco ayuda a llevar las penas y los dolores, también los dolores clínicos. Si se busca en Google Académico, algunos artículos sobre risoterapia existen desde 2004, no muchos. ¿Pero alguien emplea la palabra además de sus promotores/profesionales?
Valemadrismo. «Actitud de indiferencia, desinterés o pasividad». El Diccionario localiza su uso en México, Honduras y Nicaragua, aunque el Corpes sólo registra la palabra en textos escritos en México. Los españoles tenemos una expresión más o menos equivalente, pormishuevismo, pero habrá que ver si se seguirá empleando cuando le chiste sea viejo.
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