<p>Hablar de porcentajes ante fenómenos tan masivos como el tatuaje colinda quizás con la literatura, aunque para armar una lectura con sentido siempre esté la estimación. En España opera la<strong> Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales (Untap), </strong>que sugiere que existen en el país entre 3.500 y 4.500 estudios dedicados a pintar la piel. Aunque esta seña de identidad es más común entre los jóvenes, diversas fuentes estiman que un 40% de la población española luce al menos un tatuaje. En EEUU, <strong>Statista</strong> afina el tiro algo más: un 77% de la generación Z, un 57% de los millennials, un 67% de los X y un 87% de los baby boomers esquivan esta moda. Visto a la inversa, parece claro que la popularidad se concentra entre quienes nacen en la franja que va de 1981 a 1996, año arriba o abajo.</p>
La compañía franco-hispana fundada y dirigida por David Rodríguez dispone de 20 centros para el borrado de tatuajes, recurre sólo a médicos y ha tratado a más de 60.000 clientes.
Hablar de porcentajes ante fenómenos tan masivos como el tatuaje colinda quizás con la literatura, aunque para armar una lectura con sentido siempre esté la estimación. En España opera la Unión Nacional de Tatuadores y Anilladores Profesionales (Untap), que sugiere que existen en el país entre 3.500 y 4.500 estudios dedicados a pintar la piel. Aunque esta seña de identidad es más común entre los jóvenes, diversas fuentes estiman que un 40% de la población española luce al menos un tatuaje. En EEUU, Statista afina el tiro algo más: un 77% de la generación Z, un 57% de los millennials, un 67% de los X y un 87% de los baby boomers esquivan esta moda. Visto a la inversa, parece claro que la popularidad se concentra entre quienes nacen en la franja que va de 1981 a 1996, año arriba o abajo.
Curiosamente, la pujanza de este mercado ha propiciado la aparición de otro que funciona como envés: también hay una ingente masa de arrepentidos que anhela la desaparición del dibujo en zonas variopintas de la anatomía. Esta oportunidad la identificó rápido David Rodríguez, CEO de Ray Studios, una compañía franco-hispana dedicada a borrar lo que ya no se quiere.
De padres granadinos, Rodríguez nace en Francia, vive en París, suma 51 primaveras y fue pieza clave en CornerJob, proyecto que le llevó a conocer a dos grandes del ecosistema hispano, Miguel Vicente y Gerard Olivé, ambos cofundadores de Antai Ventures y con un dilatado expediente emprendedor/inversor. El lazo con España siempre ha estado ahí: su castellano es en esencia perfecto, fruto tal vez del empeño de sus progenitores y de esas visitas a la tierra durante la infancia y la adolescencia.
Ray Studios ha levantado, hasta la fecha, más de 18 millones de euros en dos rondas de inversión. La más reciente, sellada entre otros con Factory Capital y Nickleby Capital, se eleva a 10,2 millones pero alcanzará los 14 millones cuando se añada la deuda que se negocia con el banco francés de innovación. La compañía debutó con su primer centro en enero de 2022 y hoy suma 20 (11 de ellos en España), presencia en Bélgica además de la chincheta gala y la hispana, unos 60 profesionales en plantilla y una facturación no declarada pero que puede interpretarse si se considera que los establecimientos más maduros ingresan 1,3 millones anuales de media. Los encargados del borrado son siempre médicos, aunque el régimen difiere: si en España disfrutan de la nómina, en Francia son autónomos.
¿Qué diferencia a Ray Studios de la competencia teniendo en cuenta que máquinas para eliminar tatuajes existen desde hace 25 años? Para empezar, ese hardware, que funciona siempre con láser pero antes se basaba en sistemas de nanosegundos y hace siete años da el salto al picosegundo, mucho más eficaz y también más seguro para la piel. Aquí no hay magia; la empresa compra estos aparatos a la estadounidense Candela, igual que el resto de competidores. «La ventaja es que nadie va a gastarse los 170.000 euros que cuesta una unidad si se dedica al low cost o la medicina estética», aclara el CEO. «Es importante que el paciente mire si el lugar al que acude dispone de estas máquinas. Con las más antiguas quedaba mucho ghost», esa especie de mancha que delata la presencia anterior del tatuaje, «y ahora en los mejores casos salen perfectamente, aunque hay ciertas combinaciones de fototipo de piel y color empleado casi imposibles de disimular». La tinta negra, se quita bien; el blanco, sin embargo, es como Numancia en los tiempos de Roma.
Otro punto a favor es que Ray Studios sólo trabaja con médicos, práctica más frecuente en Francia y Bélgica que en España. Además, existe una metodología propia, una suerte de protocolo para optimizar la eficacia del tratamiento. Y se facilitan al profesional herramientas de IA para que pueda resolver cualquier cuestión, como si hablase con un ChatGPT especializado en tatuajes, gracias a una base de datos compuesta por más de 60.000 clientes donde un médico de Lille puede obtener de otro colega de Málaga la solución a la incógnita que afronta.
El quinto elemento es el coste. A diferencia de ciertos centros que cobran por sesión, Ray Studios ofrece un precio cerrado, dure lo que dure la terapia. Dicho importe parte de los 38 euros mensuales y depende de los centímetros cuadrados de piel que haya que tratar. Entre sesión y sesión hay que esperar dos meses para que la zona se recupere y el promedio se sitúa en 10-12 sesiones, es decir, unos dos años de paciencia y sufrimiento, ya que, como Rodríguez advierte, eliminar un tatuaje «duele casi tanto como hacérselo» pese al uso de máquinas de crioterapia que reducen las molestias hasta un 20%.
Un 80% de la clientela de Ray Studios oscila entre los 25 y los 40 años, más del 60% son mujeres y un 15% alega motivos profesionales (policía, militares, azafatas, hostelería de lujo) para sepultar esa imagen tallada años atrás a lo estrella del rock. En realidad, contextualiza Rodríguez, «hacerse un tatuaje es algo muy casual y la gente ni siquiera se piensa demasiado ni el dibujo ni el artista encargado de ejecutarlo, aunque obviamente exista a la vez un público más reflexivo».
En los próximos meses habrá novedades: desde la primera app del mundo para el seguimiento del proceso de eliminación hasta el estreno de una familia de cosméticos específicos para proteger la piel y esquivar efectos secundarios, pasando por agentes de IA entrenados para resolver las dudas del cliente, no ya del doctor.
«España muestra una dinámica buenísima que no siempre se aprecia desde dentro. Veo un país motivado, con talento y ganas de crear empresas, y donde la inmigración se acoge de una manera muy diferente a Francia», resume Rodríguez en su guiño final a la (otra) cuna.
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