<p><strong>Bombay</strong>, una caótica mega urbe donde viven <strong>más de 14 millones de personas</strong>, es la mejor metáfora de la India contemporánea: imponentes rascacielos de vidrio y acero que se elevan sobre el mar Arábigo, sedes de grandes multinacionales y lujosas residencias que conviven, pared con pared, con algunos de los mayores barrios marginales del planeta. En una misma avenida se cruzan a diario ejecutivos trajeados con chófer y trabajadores descalzos; a pocos metros de los restaurantes de alta cocina y los centros financieros, centenares de miles de familias sobreviven en asentamientos sin agua corriente ni alcantarillado.</p>
El acuerdo comercial con Bruselas abre nuevas oportunidades y desafíos para el país asiático
Bombay, una caótica mega urbe donde viven más de 14 millones de personas, es la mejor metáfora de la India contemporánea: imponentes rascacielos de vidrio y acero que se elevan sobre el mar Arábigo, sedes de grandes multinacionales y lujosas residencias que conviven, pared con pared, con algunos de los mayores barrios marginales del planeta. En una misma avenida se cruzan a diario ejecutivos trajeados con chófer y trabajadores descalzos; a pocos metros de los restaurantes de alta cocina y los centros financieros, centenares de miles de familias sobreviven en asentamientos sin agua corriente ni alcantarillado.
Este brutal contraste define a un país que mira al futuro con la confianza de una potencia emergente, pero que arrastra una desigualdad profunda, difícil de disimular por mucho que, en Nueva Delhi, la gran vitrina política, traten de ocultarla cada vez que hay una visita de algún líder extranjero.
En la capital se suele activar un protocolo no escrito pero recurrente: la retirada silenciosa de mendigos y vendedores ambulantes de las avenidas más céntricas, una «desaparición forzosa» temporal destinada a ofrecer una imagen ordenada y próspera del país. Ocurrió esta semana, en los días previos a la llegada del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, y de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Los líderes europeos han logrado cerrar un mega acuerdo comercial con un país que, mientras barre la pobreza del espacio público para recibir a las delegaciones extranjeras, ofrece oportunidades como ningún otro mercado emergente y exhibe sin complejos su ambición global. India quiere ser reconocida socio fiable y moderno, sin que se vea mucho la realidad social que se esconde tras los cordones de seguridad.
El modelo de desarrollo desigual indio se replica en todo el país. De Bombay a Delhi, pasando por otros grandes núcleos como Bangalore, Hyderabad o Pune, que se levantan como polos tecnológicos, capaces de competir en servicios digitales, ingeniería y software con Silicon Valley. Al mismo tiempo, todos estos lugares están rodeados de pobreza extrema y de falta de infraestructuras. India avanza a varias velocidades.
Durante muchos años, el actual país más poblado del mundo fue para la Unión Europea una promesa lejana: un mercado enorme, complejo, difícil de penetrar y políticamente esquivo. Hoy, con las sacudidas del terremoto Trump y la excesiva dependencia de China, esa percepción ha cambiado. Delhi se ha convertido para Bruselas en una pieza central del tablero económico, una nueva tierra prometida.
«Hoy en día, el orden global atraviesa una profunda turbulencia. En este contexto, la alianza entre la India y la UE fortalecerá la estabilidad del sistema internacional», declaró el primer ministro Narendra Modi tras reunirse con los líderes europeos. «El acuerdo generará niveles de crecimiento que ninguna de las partes puede lograr por sí sola. Y, al combinar estas fortalezas, reduciremos las dependencias estratégicas en un momento en que el comercio se utiliza cada vez más como arma», destacó von der Leyen, en un mensaje no tan sutil dirigido al estadounidense Donald Trump.
«Mientras el mundo lidia con cadenas de suministro fracturadas y rivalidades geopolíticas, Nueva Delhi y Bruselas han sellado un acuerdo que va mucho más allá de los aranceles y los flujos comerciales. Con la visión de un mercado combinado de 2.000 millones de personas, el pacto marca una convergencia estratégica que podría transformar las alianzas y ecuaciones de poder global», opina Jinit Parmar, analista de Bombay. «El acuerdo podría incrementar el comercio bilateral entre un 41% y un 65 %, impulsar los ingresos reales de ambas partes y reducir la dependencia de mercados más riesgosos», ha publicado en redes el multimillonario indio Anand Mahindra.
Con más de 1.430 millones de habitantes y una clase media en expansión acelerada, India se ha consolidado como el motor de crecimiento más dinámico entre las grandes economías. Su lucha contra la pobreza también es reseñable: la pobreza extrema (que vive con menos de 2,15 dólares al día) se redujo del 16,2% en 2012 al 5,3% en 2023, según revelan los últimos datos del Banco Mundial.
El Fondo Monetario Internacional prevé que supere a Alemania y se convierta en la cuarta economía del mundo, impulsada por un crecimiento cercano al 7% anual. A diferencia de China, cuya economía muestra signos de fatiga, en parte arrastrada por una crónica crisis inmobiliaria, el otro gigante asiático ofrece al mercado una demografía más joven y un consumo interno al alza, todavía sin explorar bien por las empresas europeas.
En Delhi, los medios locales destacan estos días la importancia de que India y la UE hayan abierto en el acuerdo un capítulo a la movilidad laboral: Europa, envejecida y con escasez de talento en sectores clave, ve en India un reservorio de trabajadores cualificados, ingenieros, técnicos y profesionales sanitarios, algo de lo que Estados Unidos lleva años aprovechándose. Para Delhi, señalan los expertos, la apertura de canales legales de migración refuerza su posición como exportador de talento global.
Muchos indios elogian que la política industrial del Gobierno de Modi está impulsando su atractivo global: inversiones millonarias en sectores como la automoción, la electrónica, los productos farmacéuticos, las energías renovables o la defensa. En el terreno geopolítico, Delhi mantiene su vieja estrategia de moverse con pragmatismo entre todos los bloques, lo que le ha generado fricciones recientes con EEUU, con un Trump que ha tratado de apretar con sus aranceles (hasta el 50% a las importaciones indias) sin éxito a Modi para que deje de comprar petróleo barato a Rusia, otro de sus tradicionales aliados.
En la primera reacción estadounidense sobre el acuerdo comercial entre India y la UE, el Representante Comercial de Washington, Jamieson Greer, dijo que Delhi «ha salido ganando» y que se beneficiará del mayor acceso a los mercados europeos. «Creo que India lleva la delantera en esto y que tienen derechos migratorios adicionales», indicó Greer.
Con China, aunque las tensiones se han rebajado en los últimos meses, el Gobierno de Modi mantiene una rivalidad estructural heredada de históricos choques fronterizos. India lleva tiempo presentándose como una gran democracia alineada con los estándares occidentales, con lo que aspira a captar una parte de la producción que se aleja de Pekín.
Actualidad Económica
