<p>A mediados de un mes de octubre cualquiera, una mujer alemana de avanzada edad <strong>no despierta ninguna sospecha</strong> en el aeropuerto de Palma de Mallorca. </p>
Tres residentes alemanes tenían en su casa una colección de monedas de Grecia y de la Roma Imperial. El patrimonio expoliado incluye espadas, ánforas y bustos clásicos. La alarma saltó al hallar 50 piezas en el equipaje de una de las investigadas
A mediados de un mes de octubre cualquiera, una mujer alemana de avanzada edad no despierta ninguna sospecha en el aeropuerto de Palma de Mallorca.
Por sus bulliciosas terminales pasan cada día miles de compatriotas suyos en un flujo incesante de turistas y residentes imantados por el sol insular. En un año llegan más de 4 millones.
Por eso, el guardia civil que estaba de guardia en Aduanas el día de octubre de 2024 en que se descubrió la primera pista, tuvo que guiarse por una corazonada y por su propio olfato profesional cuando vio aquella imagen inexacta en el escáner del equipaje de mano. En la pantalla, un puñado de monedas de perfil irregular: un hallazgo aparentemente anodino, pero extraño.
Al verlo, requirió a la dueña de la maleta, que se mostró en todo momento colaborativa. Solo al abrir la valija llegó la sorpresa. La mujer guardaba allí cincuenta monedas antiguas, joyas insólitas, un cargamento ilegal de altísimo e inconcreto valor que estaba a punto de volar a Alemania.
Los agentes del Seprona de la Guardia Civil tiraron de aquel hilo, y el testimonio de la mujer les condujo hasta la casa familiar en Calas de Mallorca, al este de la isla.
Allí encontraron un botín mucho mayor: una insólita colección de 1.574 monedas antiguas: griegas, romanas, fenicias, medievales. Objetos rescatados del olvido de los siglos, introducidas en el lucrativo y desconocido mercado negro de antigüedades que discurre como una veta freática e invisible de agua bajo la masificada Mallorca turística.
Muchas de esas monedas estaban perfectamente clasificadas, enfundadas como cromos, archivadas en un valioso cartapacio titulado «álbum de monedas».
Cada una de ellas tenía su propia leyenda escrita a mano con letra de orfebre, con su datación histórica y con descripciones de los rostros y escenas esculpidos en sus caras: «Antoniano», «Alejandro Magno llegando a la Isla». La obra concienzuda de un coleccionista apasionado, minucioso, perfeccionista.
La Guardia Civil supo desde el primer momento que aquella incautación no era una más. «Es una de las mayores incautaciones de patrimonio expoliado que hemos realizado en la historia reciente de Baleares», explica Pedro Manuel García, capitán jefe del Seprona de la Guardia Civil en las Islas.
Su equipo tomó declaración a la mujer, que afirmó que no las llevaba a Alemania para hacer negocio sino para uso particular, y colaboró como quien desconoce el tesoro que porta.
Los agentes iniciaron una investigación que todavía está en curso y que se sigue bajo sigilo en un juzgado de instrucción de Manacor, donde se trata de esclarecer de dónde proceden todos los objetos incautados en aquella finca mallorquina.
Además de las monedas, la colección incluía ánforas extraídas de pecios submarinos, de los centenares de naufragios cobrados por las costas baleares durante siglos. También dos espadas antiguas, un conjunto de valiosos ungüentarios, lámparas y bustos clásicos, como una escultura romana.
Hasta el momento tres personas han sido objeto de investigación. Las tres de origen alemán y residentes en la isla. El principal sospechoso ya ha fallecido. Se trata de averiguar cómo tuvieron acceso al material, si alguna red de cazatesoros les proveía en el mercado negro que escapa al radar de las autoridades responsables del patrimonio.
El material ha permanecido precintado desde aquel otoño de hace dos años. Ha permanecido por delegación judicial bajo custodia del Consell de Mallorca, el gobierno insular que tiene las competencias en materia patrimonial y que ahora custodiará el tesoro en perfectas condiciones de conservación. Durante años el material había sido conservado por el coleccionista privado de forma «deficiente», como ha explicado la directora del Museu de Mallorca, Maria Gràcia Salvà.
Los expertos deben ahora catalogarlo, examinarlo y tasarlo lo más precisamente posible. Se desconoce de momento cuál es su valor de mercado, aunque para los responsables del Consell eso es secundario. «El valor es incalculable, ahora lo analizarán los técnicos», explica Salvà.
«Estas piezas son parte importante de nuestra historia y nos aportan información muy valiosa sobre nuestro contexto», valora la consejera mallorquina de Cultura, Antonia Roca, que ensalza la importancia de rescatar estos objetos y combatir el expolio: «hay que llamar a la concienciación para proteger estas piezas y que el patrimonio sea preservado, cuando se extrae patrimonio de un contexto se priva del contexto histórico en el que se halla».
Los objetos no sólo proceden de pecios submarinos, también de yacimientos en tierra, cuya ubicación se mantiene secreta para evitar que acudan expoliadores.
El Juzgado fijará si en la conservación de estas piezas se cometió un delito de expolio o si hubo un delito de contrabando en su trasiego. De momento el proceso sigue abierto.
«El conjunto de monedas expoliadas es muy importante, hay de todas las épocas pero sobre todo de época romana imperial, aunque también griegas y de otras épocas, algo normal en una tierra como Mallorca, que ha sido siempre tierra de comercio e intercambio», señala la directora del Museo de Mallorca, donde todavía quedan cajas del botín que no han sido abiertas.
Se desconoce si todo el material procede de yacimientos de Mallorca o llegaron de otros lugares del Mediterráneo. Los expertos deberán ahora determinarlo. «Las piezas siguen hablando y cualquiera de estos hallazgos podría modificar nuestra historia».
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