En 2025, con la integración trasversal de inteligencia artificial (IA) en las actividades cotidianas y los avances tecnológicos ya democratizando la información a un nivel nunca visto, el Gobierno de España creó el Consejo Asesor Internacional de Inteligencia Artificial para promover una IA «ética y accesible para todos los ciudadanos», como parte de su Estrategia de Inteligencia Artificial y una dotación de 1.500 millones de euros.
Experta en narrativas, desinformación y polarización, se muestra optimista incluso ante la incertidumbre de la IA. Pero aboga por cambiar su relato y creer más en las capacidades de la UE
En 2025, con la integración trasversal de inteligencia artificial (IA) en las actividades cotidianas y los avances tecnológicos ya democratizando la información a un nivel nunca visto, el Gobierno de España creó el Consejo Asesor Internacional de Inteligencia Artificial para promover una IA «ética y accesible para todos los ciudadanos», como parte de su Estrategia de Inteligencia Artificial y una dotación de 1.500 millones de euros.
Entre sus miembros figura Erika Staël von Holstein, experta sueca en narrativas, desinformación y polarización. Un área donde se ha especializado durante dos décadas y donde se muestra optimista incluso en tiempos de gran incertidumbre ante la IA, como expresa a EL MUNDO durante el I Encuentro Internacional por los Derechos Digitales organizado por el Gobierno de España y la Fundación Mobile World Capital esta semana en Barcelona. En el currículum de Von Holstein se añade además la dirección ejecutiva del think tankRe-Imagine Europa (RIE) y del Observatorio de Narrativas de Europa (nodes.eu). Todo en clave de narrativas digitales.
- ¿Qué hace exactamente un consejo asesor de IA?
- Somos expertos de distintos campos que nos reunimos una vez al año para poder aportar ideas y responder a las preguntas que el Gobierno tienen sobre cuestiones muy específicas de la política de la IA. Le asesoramos con nuestra especialización en datos y perspectivas de todo el planeta. Porque todos y cada uno de los Gobiernos del mundo están luchando por determinar cómo preparar mejor a su país para esta transición impredecible. Y sabemos que no acertamos mucho durante la revolución digital; cometimos muchos errores. Hay mucha más responsabilidad a la hora de plantearnos la revolución de la IA.
- ¿Qué le preocupa al Gobierno?
- Pues la próxima reunión será en octubre, así que pronto recibiremos sus preguntas. Pero se centrará en la propuesta de 2025 y cómo encajan entre sí los distintos pilares. ¿Cómo coordinamos esta infraestructura de IA para garantizar que beneficie a la sociedad en su conjunto y no solo a unos sectores?
- ¿En qué fase de desarrollo se encuentra la Estrategia Nacional de IA?
- Preferiría que preguntara directamente al Gobierno, ya que las cosas avanzan muy rápido. Pero creo que España se encuentra a la vanguardia en el desarrollo de una estrategia de IA muy coherente, comparando con otros países de Europa.
- ¿Qué está haciendo bien?
- Apoyar a las empresas para que comprendan qué es la Ley de IA, cuáles son estas políticas, por qué se están aplicando y cómo podemos desarrollarlas… y contar con las fábricas de IA y centros de supercomputación. O que haya proporcionado el modelo de lenguaje en español (LLM) es extraordinario.
- ¿Cuál es su papel como asesora?
- Trabajo con narrativas, el marco interpretativo que utiliza nuestra mente para comprender la realidad. Y las que tenemos sobre la IA son, en su mayoría, heredadas de Silicon Valley. Nos han impuesto tres de ellas desde EEUU, que predominan claramente en Europa: una es que la IA nos va a salvar. Otra es todo lo contrario: nos va a matar. No son realmente muy útiles porque nos sitúan a los humanos en una posición pasiva, donde solo podemos sentarnos y esperar. Y la tercera, con mucho peso, es que ya hemos perdido: no hay forma de que podamos ponernos al día, ya sea con los estadounidenses y sus grandes empresas, o con los chinos que tienen un Estado centralizado. Y eso hace que los países europeos se sientan muy impotentes. Yo planteo: ¿por qué no estamos aprovechando nuestros recursos, si Europa es mucho más fuerte en términos de investigación básica? Mucha de la gente que va a EEUU para desarrollar gran parte del trabajo en IA proviene de universidades europeas. Tenemos programas sólidos y una infraestructura pública muy amplia, ya sea con los superordenadores o con las fábricas de IA, donde cualquiera que quiera utilizar estas tecnologías y no necesita miles de millones para disponer de estos centros.
- Quizás haya un obstáculo con que Europa avance más lentamente. Por ejemplo, respecto a las gigafactorías de IA: estaba prevista una resolución el diciembre pasado, pero no ha habido más novedades.
- Europa no es perfecta, ni mucho menos. Pero hay una historia que solemos contar en Bruselas y me parece muy divertida: nunca tenemos tiempo para hacer las cosas bien, pero siempre tenemos tiempo para hacerlas dos veces. A menudo tenemos mucho miedo de quedarnos atrás. Y por eso sentimos que ya hemos perdido, porque no tenemos ChatGPT y esas cosas. Pero los LLM son la primera tecnología de IA [la UE tiene en marcha varios proyectos para su desarrollo], hay muchas otras y están los modelos de lenguaje pequeños… Aquí es donde la mentalidad de Europa tiene que cambiar y centrarse en nuestros grandes activos. Hay mucha capacidad de innovación. Y con la IA se pueden encontrar soluciones locales. De este modo, en lugar de buscar una solución única que sirva para todo el mundo, ¿y si pudiéramos tener soluciones hiperlocales que se adapten a las personas y al entorno? Debemos pensar diferente sobre la IA, no limitarnos a ser digital 3.0 o 4.0.
- Lleva dos décadas trabajando la desinformación, ¿cuándo empezó realmente a agravarse el problema?
- La desinformación siempre ha existido; la gente siempre utilizará la información para tratar de convencer a alguien de su postura o para conseguir una ventaja. Pero diría que en 2016 fue cuando la gente se dio cuenta de que esto es un problema mucho más sistémico de lo que lo era. Fue el año del Brexit y de la primera victoria de Trump. La gente se dio cuenta de lo fácil que es crear información personalizada que se ajusta a cada uno. Lo que es interesante desde nuestra perspectiva es que a veces todavía lo afrontamos como un problema de contenido. Pero además de este y los algoritmos de regulación que lo impulsan, hay una tercera dimensión, que es el significado. La desinformación es efectiva, pero lo que ocurre es que si alguien dice algo que ya creemos, consideramos que esa información es mejor. El 85% de la polarización tiene que ver con malentendidos más que con diferencias fundamentales. Se crean de forma artificial para separarnos, pero en realidad no somos tan distintos. También es cierto que vemos tanta polarización porque el mundo ha cambiado mucho y rápido, y ajustamos nuestros patrones narrativos constantemente.
- ¿Un ejemplo?
- Un número cada vez mayor de europeos no cree que el crecimiento del PIB sea una buena medida del bienestar. Así que cada vez que se les enseñan unas estadísticas de lo bien que va la economía, casi el 50% no se lo cree porque les resulta ajeno, porque no se sienten parte de esa historia, ya que forman parte del 45% y el 70% de la población con dificultades para llegar a fin de mes. En realidad no se trata del PIB, se trata de la calidad de vida. Así que la pregunta está ahí para saber qué visión del mundo nos resulta más útil. Y esto se relaciona con el mundo de la IA, porque va a cambiar las narrativas aún más.
- También está la situación en la que un experto viene con estudios e investigaciones, y aún así no les creen. ¿Por qué la gente tiene fe ciega en determinados perfiles, frente a nueva información aún contrastada?
- La desinformación y la conspiración siguen siendo una especie de sistema inmunológico que se activa cuando oyes algo que no encaja con tus creencias. Tu mente intentará encontrar explicaciones que se acerquen más a lo que tú crees que a cualquier otra información. Por eso es tan importante pensar en las narrativas de manera diferente: nunca convencerás a alguien que cree que el mundo es injusto de lo contrario. El sentimiento siempre gana a los hechos. Por eso vemos tanta desinformación, porque la gente no encuentra que las explicaciones encajen con su realidad. Y hay mucha ansiedad, mucha inseguridad económica y mucho miedo al futuro. Y nostalgia del pasado. Si somos capaces de entender por qué, podremos diseñar políticas que se adapten mucho mejor a este mundo, en lugar de a ese que tenemos en la cabeza de hace 20 o 30 años.
- ¿Y esto no puede complicarse ahora más, si la gente busca ejemplos prácticos y ve que, por ejemplo, la IA ya está traduciéndose en grandes despidos en compañías?
- De nuevo, se trata de una cuestión de mentalidad. No sabemos cómo va evolucionar la situación, pero creo que habrá un gran cambio y las empresas deberán pensárselo muy bien para asegurarse de retener el talento. Porque la gran competencia en el futuro va a ser el talento: si todo el mundo puede crear compañías u oportunidades laborales, habrá que ver cómo retenemos ese conocimiento y habilidad. Va a ser una gran pregunta para muchas organizaciones y, si no lo tienen en cuenta al hacer recortes a corto plazo, puede que paguen un precio más adelante. Soy optimista. Espero que podamos aprovechar las lecciones de la última vez para hacerlo mejor y que se beneficie a una mayor parte de la sociedad. Pero dependerá en gran medida de las decisiones que tomen los gobiernos, tanto los nacionales como la UE, en los próximos cinco años.
El Digital News Report del Instituto Reuters analiza, en clave global, las tendencias, retos y hábitos en el consumo de noticias digitales. En las conclusiones de su última edición, se halla que más de la mitad de la población (58%) «muestra inquietud por su capacidad para distinguir qué es verdadero y qué es falso al consumir noticias online»; una proporción similar a la del año pasado que se recrudece en África (73%) y EEUU (73%) pero menor en Europa Occidental (46%).
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