<p><strong>Petróleo ilimitado, hidrógeno verde y turbinas eólicas flotantes.</strong> Mientras la guerra en <strong>Oriente Próximo</strong> desata turbulencias en los mercados energéticos, y el bloqueo efectivo del <strong>Estrecho de Ormuz</strong> pone en evidencia la vulnerabilidad del suministro global, <strong>China</strong> está intensificando su maquinaria ecológica para reducir la dependencia de los combustibles fósiles tradicionales. Esta semana, <strong>Pekín</strong> lanzó un programa piloto para ampliar el uso industrial del hidrógeno verde, mientras que <strong>Carbonology</strong>, una startup de <strong>Shanghai</strong> cofundada por un ex alto ejecutivo de <strong>Tesla</strong>, asegura haber desarrollado un proceso capaz de convertir el dióxido de carbono extraído del aire y el agua en combustible sintético competitivo.</p>
El país, que importa cerca del 70% del combustible que consume, también ha impulsado proyectos de hidrógeno verde
Petróleo ilimitado, hidrógeno verde y turbinas eólicas flotantes. Mientras la guerra en Oriente Próximo desata turbulencias en los mercados energéticos, y el bloqueo efectivo del Estrecho de Ormuz pone en evidencia la vulnerabilidad del suministro global, China está intensificando su maquinaria ecológica para reducir la dependencia de los combustibles fósiles tradicionales. Esta semana, Pekín lanzó un programa piloto para ampliar el uso industrial del hidrógeno verde, mientras que Carbonology, una startup de Shanghai cofundada por un ex alto ejecutivo de Tesla, asegura haber desarrollado un proceso capaz de convertir el dióxido de carbono extraído del aire y el agua en combustible sintético competitivo.
Según la empresa, que utiliza energía solar y eólica para alimentar su proceso, se puede producir gasolina, diésel, combustible de aviación y nafta a precios comparables con los del mercado tradicional, un avance que sería notable teniendo en cuenta los estudios que apuntan a que el principal problema del petróleo sintético es su alto coste de producción y que requiere grandes cantidades de energía.
Este tipo de proyectos subrayan la ambiciosa estrategia de China —el mayor emisor de carbono del planeta y líder mundial en capacidad de energía renovable— de diversificar sus fuentes de energía y avanzar hacia un modelo de autosuficiencia. El año pasado, cuando el mundo invirtió 2,3 billones de dólares en energía verde, más de un tercio de esa inversión provino del gigante asiático, casi igualando la inversión conjunta de Estados Unidos y la Unión Europea.
Una de las apuestas estratégicas actuales de Pekín es el hidrógeno verde. Hace varios años, mientras gran parte del mundo se centraba en la electrificación del transporte, el Gobierno chino empezó a impulsar programas para convertir el hidrógeno en un combustible que redujera su dependencia del petróleo y gas importado: más del 70% proviene del exterior, y alrededor de un 40% pasa por Ormuz.
El pasado lunes, el Ministerio de Industria y Tecnología anunció objetivos concretos: expandir el transporte público impulsado por hidrógeno y explorar la integración de este elemento en gasoductos y calderas industriales como fuente de calor renovable.
China ya lidera la transición de su mercado automotriz hacia los vehículos eléctricos más rápido que cualquier otra gran economía importante. Actualmente, la mitad de los coches nuevos que se fabrican son eléctricos o híbridos. «Durante décadas, China ha invertido cientos de miles de millones de dólares en vehículos eléctricos y energías renovables, una estrategia a largo plazo que le permite enfrentar con mayor resiliencia las turbulencias del mercado petrolero», defiende Hu Jianwu, subdirector del departamento de petróleo y gas de la Administración Nacional de Energía.
«China cuenta con un colchón frente a otros países; los cortes de suministro y los aumentos de precio no afectan significativamente el funcionamiento de su economía», añade Michal Meidan, directora de investigación energética en el Oxford Institute for Energy Studies, que hace también referencia a que el país asiático tiene margen suficiente para evitar medidas extremas que otras naciones del continente ya han adoptado, como reducir la semana laboral.
En la región de Mongolia Interior, donde los vientos soplan con fuerza la mayor parte del año, empresas estatales como Sinopec y China Energy han construido enormes plantas para convertir la electricidad generada por parques eólicos y solares en hidrógeno verde. En modernas ciudades como Shenzhen o Hangzhou las flotas de vehículos impulsados por hidrógeno cada vez son más grandes, y los gobiernos locales ofrecen subvenciones significativas: hasta dos millones de yuanes (alrededor de 250.000 euros) por estación de repostaje.
Para 2030, el gigante asiático aspira a contar con un millón de vehículos de hidrógeno y una producción anual de 100.000 toneladas de hidrógeno verde. Este impulso se ve reforzado por el nuevo plan quinquenal, que incorpora el hidrógeno verde como parte integral del sistema energético, dejando atrás su antigua consideración de sustancia química peligrosa.
En Jiading, al noreste de Shanghai, donde nacen nuevas startups que desarrollan electrolizadores y sistemas que apuntan a la descarbonización de industrias pesadas, se pueden alquilar bicicletas con pila de combustible de hidrógeno, que se recargan con menos de medio litro de agua y cuestan apenas 1,5 yuanes (0,20 euros) por trayecto. La empresa Youon comercializa incluso kits domésticos de recarga que producen 40 gramos de hidrógeno en cinco horas a partir de 400 mililitros de agua.
Hay otras alternativas energéticas en las que Pekín está invirtiendo. En la provincia de Qinghai, por ejemplo, se está construyendo un proyecto pionero de almacenamiento de energía termosolar con sales fundidas, capaz de generar electricidad incluso durante la noche o en días nublados, estabilizando la red y reduciendo la dependencia de centrales fósiles. En la sureña Guangdong, varias empresas experimentan con turbinas eólicas flotantes en alta mar, capaces de aprovechar los vientos constantes del Mar de China Meridional y enviar la electricidad directamente a ciudades industriales cercanas.
En la isla tropical de Hainan se está probando un sistema híbrido de energía oceánica y solar, que combina turbinas de corrientes marinas con paneles solares sobre plataformas flotantes, generando electricidad continua. En el este del país, en Zhejiang, empresas tecnológicas trabajan en redes inteligentes impulsadas por energía eólica urbana, capaces de almacenar excedentes locales de electricidad y distribuirlos de manera eficiente a edificios y fábricas cercanas. Todos estos proyectos, además de aumentar la capacidad renovable, apuntan hacia un sistema eléctrico más resistente frente a crisis internacionales.
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