<p>El mercado ha entendido a la primera la lógica detrás de la <a href=»https://www.elmundo.es/economia/empresas/2026/01/08/695f6386e4d4d82d2a8b45b4.html»>fusión que Moeve (antigua Cepsa) y Galp</a> anunciaron ayer a primera hora de la mañana. La segunda petrolera de España y la primera de Portugal van a combinar sus gasolineras y su negocio industrial. La operación, cuyo cierre se espera para mediados de año, no solo desafía la histórica hegemonía ibérica de Repsol en refino y movilidad; también <strong>dará a la antigua Cepsa la llave de la ruta atlántica del hidrógeno</strong> verde hacia Europa.</p>
La operación desafía el histórico liderazgo de Repsol y dará a la antigua Cepsa el control de un coloso industrial capaz de procesar 700.000 barriles de petróleo al día y dominar en moléculas verdes
El mercado ha entendido a la primera la lógica detrás de la fusión que Moeve (antigua Cepsa) y Galp anunciaron ayer a primera hora de la mañana. La segunda petrolera de España y la primera de Portugal van a combinar sus gasolineras y su negocio industrial. La operación, cuyo cierre se espera para mediados de año, no solo desafía la histórica hegemonía ibérica de Repsol en refino y movilidad; también dará a la antigua Cepsa la llave de la ruta atlántica del hidrógeno verde hacia Europa.
Galp y Moeve crearán dos sociedades compartidas (lo que en la jerga se conoce como joint venture). Una (RetailCo) aglutinará el negocio de movilidad, con 3.500 gasolineras en la península, casi tantas como las que tiene Repsol. La otra (IndustrialCo) asumirá la actividad industrial, incluidas tres refinerías: dos de Moeve (La Rábida y San Roque) y otra de Galp (Sines). Como las dos compañías tienen prácticamente la misma cifra de estaciones de servicio, la primera sociedad se la repartirán casi a partes iguales. En el caso de la empresa industrial, el accionista mayoritario será la antigua Cepsa, cuyo capital está en manos de la emiratí Mubadala (61%) y el fondo estadounidense Carlyle; mientras que la participación de Galp será algo superior al 20%.
Los dos socios parten de dos puntos muy diferentes. En los últimos tres años, Moeve se ha desprendido de alrededor del 70% de sus activos de exploración o upstream, y ha empleado los ingresos generados con estas ventas a retribuir a sus accionistas y a alimentar un giro verde que, con todo, sigue estando expuesto a las ayudas públicas. Actualmente, el grueso de los ingresos de la compañía viene del refino, la actividad química y la venta de combustibles; mientras que upstream se ha reducido a una presencia residual en Argelia.
Al contrario, en Galp el negocio de exploración genera todavía el 60% del beneficio bruto de exploración (ebitda). No en vano, la empresa portuguesa va a mantener el 100% de estos activos, además de los de trading y renovables. Estos seguirán cotizando en la Bolsa de Lisboa como hasta ahora. En el caso de Moeve, en cambio, todos sus negocios se integrarían en alguna de las dos joint venture, incluidos sus activos argelinos. Las dos nuevas plataformas operarán de forma autónoma la una de la otra, es decir, tendrán que autofinanciarse.
En el ámbito de la movilidad, la fusión va a dar un golpe al tablero ibérico. En España, con más de 3.200 estaciones de servicio, Repsol tiene actualmente más del doble que Cepsa y seis veces más que Galp. La fusión acortará esta ventaja, pues la sociedad combinada sumará más de 2.000 puntos de venta, es decir, tendrá una cuota de mercado del 16%, más cerca del 25% que representa Repsol. En Portugal, la fusión reforzará el liderazgo actual de Galp, que al sumar las estaciones de Moeve alcanzará las 960 gasolineras, superando con amplia ventaja el medio millar que tiene Repsol, su inmediato competidor.
Los precios de Galp en España son más baratos que los de Moeve, de modo que la fusión podría acabar impactando en los precios finales. Según fuentes cercanas, la idea es aprovechar el arraigo actual de cada una de estas compañías, de forma que en España en la red conjunta se impondrá la marca Moeve, mientras que en Portugal se priorizará la bandera de Galp. Ambas socias van a valorar la integración, gasolinera a gasolinera, en la fase conocida como due diligence, que arranca ahora, donde cada parte estudiará los números y los entresijos de los negocios de la otra.
El otro gran objetivo que persigue Moeve con este acuerdo es mejorar su posición en el mercado europeo de moléculas verdes, como el amoniaco o el hidrógeno. En el caso de este último, la joint venture industrial apuntaría a una producción de 390.000 toneladas anuales de hidrógeno renovable, contando con el hub andaluz de Moeve y en el caso de que la refinería de Sines, situada en la costa del Alentejo, escalase su capacidad a 600 MW, como proyectó Galp.
La antigua Cepsa, que controlará como primer accionista esta rama de la fusión, encabezaría de este modo la producción de este combustible limpio, y todavía no rentable, que defiende como el sustituto natural al gas natural. Además, al sumar Sines a su perímetro, la empresa que dirige Maarten Wetselaar, no solo gana músculo industrial, también se asegura el control de la salida atlántica por mar del hidrógeno verde de la península hacia Europa. Este corredor marítimo ha sido una de las apuestas clave de la compañía española que, en 2022, ya anunció una alianza con el puerto de Róterdam para exportar su hidrógeno.
La plataforma industrial rivalizará también con Repsol en el negocio del refino, pues tendrá potencia de fuego suficiente para procesar 700.000 barriles de petróleo diarios, más cerca del millón de Repsol. Esta actividad sigue siendo una vía de ingresos crucial para la salud financiera de Moeve.
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