El paseíllo de Curro Vázquez hasta el Senado transcurrió como las horas previas a aquellas tardes en las que toreaba en Las Ventas y miraba por la ventana del hotel las ramas de los árboles, el viento en ellas. Curro no quitaba ojo a las hojas agitadas, pensando en su muleta. Esta mañana primaveral de Madrid, en la Plaza de la Marina exactamente, una brisa leve agitaba las copas de los castaños, y el maestro las observaba con aquel mismo temor. Como si la brisa le fuera a mover la palabra, el discurso de agradecimiento al Premio Nacional de Tauromaquia, que le obsesionaba como el toro de Madrid.
El maestro recogió en el Senado el recuperado galardón de la cultura, cancelado por Urtasun y convovado ahora por la Cámara Alta, 10 Comunidades y la Fundación Toro de Lidia
El paseíllo de Curro Vázquez hasta el Senado transcurrió como las horas previas a aquellas tardes en las que toreaba en Las Ventas y miraba por la ventana del hotel las ramas de los árboles, el viento en ellas. Curro no quitaba ojo a las hojas agitadas, pensando en su muleta. Esta mañana primaveral de Madrid, en la Plaza de la Marina exactamente, una brisa leve agitaba las copas de los castaños, y el maestro las observaba con aquel mismo temor. Como si la brisa le fuera a mover la palabra, el discurso de agradecimiento al Premio Nacional de Tauromaquia, que le obsesionaba como el toro de Madrid.
La ovación cerrada del Senado, puesto en pie, animó a Curro como esas ovaciones que caen en la Plaza de Toros de Madrid en las ocasiones especiales, al romper el paseíllo, como un aliento extraño por infrecuente. Las muñecas ya se soltaron entonces: «Posiblemente sea uno de los días más felices de mi vida», dijo casi susurrando, con la voz que apenas alcanzaba. Vázquez habla así, con la autoridad del temple sin levantar el tono. Y narró el momento en que le comunicaron que le habían concedido el Nacional de Tauromaquia. «Eso suena bien», recuerda que apostilló. Nombró con nostalgia a su padre su padre, «que sin ser torero lo era», en un viaje a su infancia de Linares, su cuna natal. Los consejos se centraron en «que escuchara toreros de otra generación».
Conoció a Fernando Domínguez y oyó hablar a todos los toreros de la Edad de Plata, poniendo el foco en Félix Rodríguez. En la generación posterior, la de Antonio Bienvenida, hablaban todos de Pepín Martín Vázquez. Bebió agua entonces el maestro, sin saliva a estas alturas del discurso: «Se me seca la boca más que en San Isidro», abrochó con gracia. Y siguió repasando su vida y su historia, pasando por la historia entera del toreo, de la que forma parte: «Yo no corrijo a los toreros, pero sí les hablo. Tenía razón Antonio Bienvenida cuando decía que se puede aprender hasta de un novillero». La frase última puso de nuevo al público en pie: «Yo siempre decía la suerte que había tenido de ver torear a Cagancho; hoy digo la suerte que tengo de haber visto torear a Morante«.
Núñez Feijóo, presidente del PP, encabezó el desfile junto a Pedro Rollán, presidente de la Cámara Alta, y Victorino Martín, presidente de la Fundación Toro de Lidia (FTL).
La convocatoria del Nacional de Tauromaquia desbordó todas las expectativas en cantidad y calidad, un éxito para la Fundación Toro de Lidia.
Victorino Martín, presidente de la FTL, recordó en su discurso a las máximas figuras convalecientes, Morante de la Puebla y Roca Rey, y contó cómo el jurado del Nacional de Tauromaquia hilvanó la emoción en su argumentario: todos habían llorado en la mañana del 12 de octubre en Las Ventas, la clave de bóveda para premiar al torero de los Otoños: gracias por existir, vino a decir como remate.
Así el jurado acordó otorgar el Premio Nacional de Tauromaquia 2025 al matador de toros Curro Vázquez por su actuación en el festival celebrado en la Plaza de Toros de Las Ventas el pasado 12 de octubre, una cita que trascendió lo meramente artístico para convertirse en un acontecimiento de afirmación cultural.
A continuación, tomó la palabra Pablo Aguado, torero de Sevilla que tuvo el privilegio de ser apoderado por nuestro Curro de Madrid, y habló de su categoría como «torero de toreros».
El Premio Nacional de Tauromaquia ha sido convocado por el Senado, la Junta de Andalucía, Cantabria, Región de Murcia, Comunitat Valenciana, Gobierno de Aragón, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Junta de Extremadura, Comunidad de Madrid, Junta de Castilla y León, la Ciudad Autónoma de Melilla y la Fundación Toro de Lidia, tras su supresión por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun.
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