Un directivo de la firma de lujo Balenciaga ha sido despedido tras ser acusado de acoso, humillaciones y comportamientos ofensivos hacia trabajadoras de la empresa en el centro de Scandicci (Italia). Los tribunales han respaldado el despido y rechazado su recurso, al considerar probado que creó un entorno laboral degradante.
Entre los episodios recogidos, se incluyen comentarios sobre el aspecto físico de las empleadas, como críticas al peso o insinuaciones sobre su apariencia
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Un directivo de la firma de lujo Balenciaga ha sido despedido tras ser acusado de acoso, humillaciones y comportamientos ofensivos hacia trabajadoras de la empresa en el centro de Scandicci (Italia). Los tribunales han respaldado el despido y rechazado su recurso, al considerar probado que creó un entorno laboral degradante.
El ejecutivo, que había comenzado a trabajar en la compañía en 2015, ascendió rápidamente hasta ocupar puestos de alta responsabilidad con un salario de unos 250.000 euros anuales. Sin embargo, en 2023 la empresa inició un procedimiento disciplinario tras recibir varias denuncias internas y señales de alarma procedentes de una encuesta anónima entre empleadas.
Según la investigación interna, las trabajadoras del área con la que el directivo tenía contacto diario habían puntuado muy bajo el apartado relativo a «discriminación», lo que llevó a la compañía a hacer entrevistas confidenciales para recabar testimonios sin la presencia de superiores.
En esas declaraciones comenzaron a aflorar comportamientos reiterados entre 2021 y 2023 que, según el tribunal, constituían acoso y trato humillante. Entre ellos, bromas de carácter sexual, comentarios ofensivos y situaciones de intimidación.
Entre los episodios recogidos, se incluyen comentarios sobre el aspecto físico de las empleadas, como críticas al peso o insinuaciones sobre su apariencia. En una ocasión, el directivo habría llevado una báscula a la oficina e instado a una trabajadora a pesarse a diario. A otra le lanzó comentarios de carácter racista y antisemita en forma de «broma».
También se relatan episodios especialmente graves, como una reunión en la que, según la sentencia, habría inmovilizado a una empleada con una goma elástica delante de otros compañeros. Varias trabajadoras declararon además haber sido objeto de palmadas en el trasero, comentarios sexuales inapropiados y exhibición de objetos de carácter sexual en el entorno laboral.
En otro episodio, habría pronunciado frases como «chicas, es la hora del sexo» en el trabajo, o comentarios degradantes sobre el cuerpo de las empleadas, creando un clima de constante incomodidad.
El Tribunal de Trabajo de Florencia concluyó que estos comportamientos generaron «un ambiente laboral caracterizado por la falta de respeto, degradante y humillante para las trabajadoras», confirmando la legitimidad del despido.
La jueza Barbara Fatale subrayó en su sentencia que la conducta del directivo evidenciaba «indiferencia y desprecio por la profesionalidad y la dignidad de las compañeras, de forma degradante y mortificante», por lo que rechazó su recurso.
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