El primer año de la segunda presidencia de Donald Trump ha abierto la mayor brecha entre Estados Unidos y Europa desde la forja del lazo transatlántico al final de la II Guerra Mundial. El primer zarpazo lo dio, en febrero de 2025, el vicepresidente J. D. Vance, en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Vance causó estupor al sostener que el mayor peligro para Europa no eran los misiles rusos, sino los propios dirigentes europeos, a los que acusó de socavar la democracia y censurar las ideas de la extrema derecha.
La desconfianza hacia Washington y su percepción como una amenaza aumenta en el mundo, según una encuesta publicada por la Conferencia de Seguridad de la ciudad bávara
El primer año de la segunda presidencia de Donald Trump ha abierto la mayor brecha entre Estados Unidos y Europa desde la forja del lazo transatlántico al final de la II Guerra Mundial. El primer zarpazo lo dio, en febrero de 2025, el vicepresidente J. D. Vance, en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Vance causó estupor al sostener que el mayor peligro para Europa no eran los misiles rusos, sino los propios dirigentes europeos, a los que acusó de socavar la democracia y censurar las ideas de la extrema derecha.
Europeos y estadounidenses se verán de nuevo las caras a partir de este viernes en el mismo foro bávaro, templo del transatlantismo durante más de medio siglo. Los peores augurios se están cumpliendo. Trump amenaza con conquistar Groenlandia, territorio de la OTAN, y repetidamente humilla a los aliados. Múnich medirá el deterioro de las relaciones entre las orillas del Atlántico Norte y permitirá entender cómo Europa piensa responder a la “demolición” del orden internacional que, según los organizadores de la conferencia, promueve EE UU.

“Creemos que el orden internacional, y la propia Alianza, afrontan un riesgo significativo”, declara a EL PAÍS Benedikt Franke, director ejecutivo de la Conferencia de Seguridad. “Esto hace que todavía sea más importante para Europa demostrar el valor que aporta, y al mismo tiempo mantenerse en los principios y no transigir en nuestros valores fundamentales”. El peor titular que podría salir de Múnich este fin de semana, según Franke, sería: “Europa se desmorona después de que EE UU vuelva a lanzar otra piedra”. Es decir, una repetición de la andanada de Vance el año pasado con efectos destructivos.
Vance no participará ese año: Estados Unidos estará representado por el secretario de Estado, Marco Rubio, al frente de la delegación estadounidense más nutrida que se recuerda en Múnich. Pero no será una representación exclusiva del trumpismo ni el movimiento MAGA [Make America Great Again], el más hostil a la UE y la OTAN. La delegación incluye senadores y miembros de la Cámara de Representantes, entre ellos la estrella de la izquierda demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez, y también el gobernador de California, Gavin Newsom, que en enero acudió al Foro de Davos para alentar la resistencia global al trumpismo. Rubio, a diferencia del vicepresidente, es un republicano más tradicional en política exterior, y por ello más previsible en el trato con los europeos.


Ante Rubio y las decenas de congresistas estadounidenses, Europa y sus aliados cuentan con la presencia del canciller alemán, Friedrich Merz; el presidente francés, Emmanuel Macron; y los primeros ministros de Reino Unido, España y Polonia (Keir Starmer, Pedro Sánchez y Donald Tusk). El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, será uno de los oradores más esperados, cuatro años después de la gran invasión de Rusia y en plenas negociaciones a tres bandas con Washington y Moscú, mientras la Casa Blanca protagoniza un abrupto viraje desde el firme apoyo que Biden garantizaba a Kiev hasta la actitud de Trump, que ha cortado la ayuda, dosifica incluso los suministros pagados y adopta a menudo narrativas que parecen fabricadas en el Kremlin.
Múnich es a la vez una plataforma en la que los invitados pronuncian discursos y debaten en público, y un espacio que permite encuentros y negociaciones confidenciales en los pasillos y salones del Bayerischer Hof, el añejo hotel que acoge la cita. China y la India estarán representados por sus ministros de Exteriores. Rusia no está invitada desde la invasión de 2022. Otros cientos de mandatarios, ministros de Exteriores y Defensa y altas figuras del mundo militar y diplomático participarán en las reuniones, que concluirán el domingo.
Los puntos críticos de la compleja relación transatlántica se multiplican. Desde las ambiciones anexionistas de EEUU en Groenlandia hasta el devenir de la guerra en Ucrania. Desde la presencia militar estadounidense en Europa, con visos de reducirse, hasta la dependencia tecnológica y económica europea respecto a la superpotencia. Todo está sobre la mesa, en un proceso de reconfiguración que produce vértigo entre los antiguos aliados y regocijo en Rusia y China, países que sueñan con la ruptura de la alianza que ha sido hegemónica en el mundo durante ocho décadas.

En los países aliados de EEUU se dispara la desconfianza en Washington, según una encuesta de la Conferencia de Seguridad. La superpotencia se percibe como amenaza. En países como Francia, Reino Unido y Alemania, hay una amplia insatisfacción hacia las políticas que se llevan a cabo a escala nacional, un peligroso caldo de cultivo para el voto radicalizado, el de los aliados de Trump y su agenda de demolición.
Un informe de la Conferencia, publicado esta semana, desaconseja a los europeos plegarse ante Trump, y sugiere respuestas más audaces que agasajarlo o esperar que llegue un presidente más propicio. “Los actores que defienden las normas e instituciones internacionales deben ser tan contundentes como quienes intentan destruirlas”, se lee. “En una era de políticas demoledoras, quienes se limitan a quedarse al margen corren un riesgo constante de quedar sepultados”.
La hipótesis de una ruptura de la alianza transatlántica planeará estos días sobre Múnich, pero Franke cree que, con el aumento del gasto militar europeo, existen pocos motivos para que Trump decida renunciar a la OTAN. Que Europa debe reducir la dependencia respecto a EE UU, ya es algo asumido por todos. “Al mismo tiempo, no debemos ser ingenuos”, dice el responsable de la Conferencia de Seguridad. “La transición llevará tiempo”.
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