Como ya nadie duda de que la IA ha venido para quedarse, son muchas las preguntas que nos hacemos sobre las consecuencias de su implantación a corto, medio y largo plazo. ¿Cambia la IA el funcionamiento básico del cerebro? ¿Usando la IA, aprendemos y mejoramos nuestro sistema cognitivo natural o simplemente nos apoyamos en ella para ejecutar propósitos? ¿Qué nos puede pasar si, tras usarla repetidamente, dejamos de hacerlo? ¿Recuperamos nuestras previas capacidades ejecutivas y podremos prescindir de la IA, o caeremos en algún estado de dependencia mental, de “mono” tecnológico? En definitiva, ¿vamos a perder capacidades mentales y de adaptación a nuestro entorno por un repetido uso de la IA?
Un equipo de investigadores de prestigiosas universidades inglesas y norteamericanas alertan sobre los posibles inconvenientes de un uso inadecuado de esta tecnología
Como ya nadie duda de que la IA ha venido para quedarse, son muchas las preguntas que nos hacemos sobre las consecuencias de su implantación a corto, medio y largo plazo. ¿Cambia la IA el funcionamiento básico del cerebro? ¿Usando la IA, aprendemos y mejoramos nuestro sistema cognitivo natural o simplemente nos apoyamos en ella para ejecutar propósitos? ¿Qué nos puede pasar si, tras usarla repetidamente, dejamos de hacerlo? ¿Recuperamos nuestras previas capacidades ejecutivas y podremos prescindir de la IA, o caeremos en algún estado de dependencia mental, de “mono” tecnológico? En definitiva, ¿vamos a perder capacidades mentales y de adaptación a nuestro entorno por un repetido uso de la IA?
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