<p>No estoy solo en esto», insiste varias veces <strong>Oriol Fuertes, </strong>CEO y fundador único de <strong>Qida, </strong>la plataforma de cuidados a domicilio capaz de arrancar de los inversores (5 de noviembre) una despampanante ronda de 37 millones de euros. Literalmente, Fuertes tiene razón, pues a la causa se suman 2.000 trabajadores en nómina que se ocupan de casi 7.000 personas más 300 empleados de oficina, pero la odisea que conduce al mérito de 27 millones de facturación (dato a cierre de 2024) recae sobre sus espaldas, hombros y cabeza pensante.</p>
Es la ‘scaleup’ mejor posicionada para solventar desafíos como los cuidados a domicilio y la soledad no deseada. Sus números avalan su aproximación tecnológica. En 2027 cubrirá todo el territorio nacional.
No estoy solo en esto», insiste varias veces Oriol Fuertes, CEO y fundador único de Qida, la plataforma de cuidados a domicilio capaz de arrancar de los inversores (5 de noviembre) una despampanante ronda de 37 millones de euros. Literalmente, Fuertes tiene razón, pues a la causa se suman 2.000 trabajadores en nómina que se ocupan de casi 7.000 personas más 300 empleados de oficina, pero la odisea que conduce al mérito de 27 millones de facturación (dato a cierre de 2024) recae sobre sus espaldas, hombros y cabeza pensante.
El punto de partida es incontestable. España envejece rápido y mal, con amplios espacios rurales cada vez más despoblados y la inminente llegada de los baby boomers al último tramo demográfico, el que requiere más atención y desembolso. Ahí se coloca el zócalo de la scaleup catalana, que dispone de una plataforma para conectar a los cuidadores con las familias que los necesitan. Este contingente suele pertenecer directamente a Qida, pero las familias-cliente también los pueden contratar bajo el régimen del hogar si van a dormir en casa. «Esto no es un Uber o un Glovo: no tenemos autónomos», zanja Fuertes.
A la dificultad inmanente al problema vejez-cuidados se añaden, según el emprendedor, varios factores más. Uno es económico: «Desde que lancé la compañía, el salario mínimo ha aumentado un 60%, pero la capacidad de ahorro no ha crecido en paralelo». Este desfase impide con frecuencia costear los servicios requeridos. Por otra parte, pese a que la cobertura sanitaria es universal, la atención domiciliaria cubre sólo una ínfima porción temporal (el promedio son dos horas al día) «cuando hay gente que requiere una cobertura 24/7». La situación se agrava si se tiene en cuenta que, además, faltan cuidadores (su media de edad ronda los 52-55 años y el perfil es en general femenino e inmigrante). El último clavo, el más crítico a ojos de Fuertes, es que el sistema público sólo puede sostenerse «reduciendo el coste del cuidado de gente mayor por persona, y eso sólo se logra usando menos el sistema».
Son esos los otros retos que aborda, mediante la tecnología, Qida. Por ejemplo, participando en concursos públicos para prestar un servicio donde la mitad del mercado lo financian las administraciones y conectando en paralelo lo que pasa en cada casa con el sistema sanitario mediante un SaaS que permite a las dos consejerías que suelen trabajar en este campo (salud y servicios sociales) trabajar coordinadamente con cada persona. La reciente ronda acelerará el aterrizaje de la empresa en la España autonómica, ya que de momento la actividad se centra en Cataluña. Se esconde aquí otro desafío mayúsculo, pues cada región tiene sus peculiaridades y al tratarse asimismo de contratación pública los plazos de adopción se dilatan. «El software permite una valoración social y sanitaria que hoy no existe y un plan único de trabajo. Debe tenerse en cuenta que si se suma todo -el centro de día, quien limpia la casa, la comida a domicilio, el centro de atención primaria, etcétera- entran normalmente en juego hasta 13 entidades, cada una con sus procesos», desmiga el CEO. Dicho SaaS incluye una capa de IA orientada a hacer un seguimiento telefónico de la persona atendida y un ecosistema de sensores para monitorizar ciertos parámetros en cada inmueble.
La brecha del ahorro se resuelve en paralelo con un seguro creado junto a CaixaBank y pensado para cubrir enfermedades como la demencia y el Parkinson, el ELA y la esclerosis múltiple. La potencial parte contratante se mueve entre los 60 y los 75 años y percibe pensiones de nivel medio (1.600-1.800 euros). A cambio de un pago inicial de 5.000 euros y otros 200 euros mensuales durante una década, el asegurado obtiene tres cosas: el intento de prevención de dichas patologías mediante un pedagógico cambio de hábitos, la percepción de recursos para cuidados si por desgracia los requiere y una panoplia de servicios que incluye la tramitación de ayudas, la gestión preventiva de poderes y la adaptación del hogar a las nuevas circunstancias vitales.
A todo lo anterior se añade una línea de negocio consistente en un marketplace de productos y servicios que el sénior precisa para vivir en casa, desde fisioterapia, logopedia, podología y peluquería hasta esas pequeñas obras que facilitan la existencia doméstica y que se encargan a terceros proveedores.
En la esfera de la innovación, Fuertes se atreve a vaticinar tres fenómenos venideros. Qida, pronostica, «contará a diez o 15 años vista con una división de robótica» para reducir drásticamente el coste de los cuidados. Esta solución se utiliza desde hace años en países del espectro más avanzado del planeta, dígase Japón. También será posible «atacar la soledad no deseada con inteligencia artificial» y agentes conversacionales capaces de cubrir lo que no cubre el calor humano. En tercer lugar, se arbitrarán fórmulas para que los mismos inquilinos de cierta edad de un edificio compartan el precio de contar con un grupo de cuidadores.
Parece claro que la sociedad se desliza hacia un complejo cóctel donde la crisis del Estado del bienestar, el aislamiento y la falta de efectivos y capital exigirán más propuestas como la de Qida. «Creo que seremos capaces de solventar ese escenario, pero hay que encontrar modelos rentables para hacerlo», opina Fuertes. «Quien se siente solo muchas veces no quiere pagar. La tecnología, sin embargo, permitirá que muchos de nuestros clientes puedan reunirse físicamente, quizás menos en los pueblos, pero desde luego más habitualmente en grandes ciudades como Madrid o Barcelona. Nuestro planteamiento es que lo que se compra no es un cuidador en casa, sino todo un ecosistema para que las personas vivan mejor».
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