<p>El buen dinamismo del empleo ha sido uno de los datos más extraordinarios de la economía española en el pasado 2025. El mercado laboral español cerró 2025 con 22,5 millones de ocupados según la <strong>Encuesta de Población Activa (EPA), </strong>su nivel más alto desde que existen registros comparables. El crecimiento de los ocupados respecto al cuarto trimestre de 2024 fue de 605.000 empleos, una cifra que sitúa a España en una senda de expansión sostenida que ya acumula varios años consecutivos de ganancias importantes de empleo. El dato agregado oculta una composición demográfica y sectorial que refleja tendencias de fondo a las que merece prestar atención para entender las dinámicas del empleo en los próximos años.</p>
El buen dinamismo del empleo ha sido uno de los datos más extraordinarios de la economía española en el pasado 2025. El mercado laboral español cerró 2025 con 22,5 millones de o
El buen dinamismo del empleo ha sido uno de los datos más extraordinarios de la economía española en el pasado 2025. El mercado laboral español cerró 2025 con 22,5 millones de ocupados según la Encuesta de Población Activa (EPA), su nivel más alto desde que existen registros comparables. El crecimiento de los ocupados respecto al cuarto trimestre de 2024 fue de 605.000 empleos, una cifra que sitúa a España en una senda de expansión sostenida que ya acumula varios años consecutivos de ganancias importantes de empleo. El dato agregado oculta una composición demográfica y sectorial que refleja tendencias de fondo a las que merece prestar atención para entender las dinámicas del empleo en los próximos años.
En primer lugar, hay una fuerte heterogeneidad en el crecimiento del empleo por tramos de edad. De forma natural, el envejecimiento poblacional impulsa el empleo de los mayores de 55 años que, aunque tuvieron mejoras modestas en cuanto a la tasa de paro, aportaron 280.500 de los 605.400 empleos netos del año, casi el 46% del total, ayudados por una tasa de actividad que, aunque sigue siendo relativamente baja, está creciendo con fuerza. Una prueba de ello está en los tramos de de edad de 60 a 69, donde la tasa de actividad subió cerca de dos puntos en 2025, en parte gracias a la cada vez más lejana edad efectiva de jubilación, que supero por primera vez en 2025 los 65 años. Esto explica que el tramo de 60-64 años sea uno de los que más crecen en términos absolutos, con 112.000 ocupados.
El segundo motor es la inmigración. Los trabajadores de nacionalidad extranjera sumaron 257.900 empleos netos, el 43% del saldo total. Su contribución es especialmente intensa en el tramo de 35 a 44 años, donde los extranjeros ganan 168.600 ocupados mientras los de nacionalidad española pierden 160.500 en ese mismo grupo de edad. Esto es consistente con la evidencia reciente para España (ver aquí), que apunta a unos flujos migratorios que tienen un perfil algo más envejecido respecto a otras olas migratorias previas y, al menos en 2025, son la única razón para evitar la pérdida de empleo en esos tramos intermedios de edad.
La recomposición sectorial del empleo en 2025 tiene también una lectura llamativa. Los sectores que lideran la creación de empleo no son los que más pesan en la estructura ocupacional española. En 2025 fue la industria manufacturera la que encabezó la creación de empleo con 96.500 empleos netos, el 16% del saldo total, pese a representar menos del 12% del empleo en el punto de partida. Dentro del sector destaca el buen comportamiento de la fabricación de otro material de transporte, que representa casi el 30% del crecimiento del empleo manufacturero en 2025. Le siguen comercio (+83.700), actividades administrativas (+79.800) y, de forma llamativa, construcción (+79.500). Todos estos sectores han logrado un peso en la creación neta de empleo de 2025 del doble respecto a su peso en el empleo total, lo que es reflejo de su creciente importancia.
El dato más revelador está en los sectores que recortan su peso. Hostelería, que es el segundo empleador del país con casi 1,85 millones de ocupados en 2024, pierde 24.300 empleos en el año. Otros servicios personales ceden 31.000 e información y comunicaciones, 10.400. No son caídas dramáticas, pero sí significativas en sectores que durante el ciclo post-pandémico habían tirado con fuerza del empleo. Apuntan a un posible agotamiento del impulso turístico que había sido un pilar importante la recuperación económica durante la postpandemia.
Por último, merece la pena destacar una tendencia que, si bien ya se ha documentado incluso desde antes de la pandemia, aún caracteriza la creación de empleo en 2025, el tamaño de empresa. Dado que la EPA solo dispone del dato de empleo por tamaño de establecimiento, es preferible emplear los datos de afiliación a la Seguridad Social de afiliación por tamaño de empresa, que añaden una dimensión relevante sobre dónde se ancla el empleo de 2025. El saldo neto anual fue de 454.900 afiliados, y su distribución por estrato empresarial es extremadamente desigual y a favor de un creciente peso de empresas con mayor tamaño. Las empresas de 500 o más trabajadores concentraron 277.600 de esos nuevos afiliados, el 61% del total. Es un patrón que se mantiene y se intensifica respecto a años anteriores, consolidando el peso de las grandes organizaciones en la generación de empleo.
En el extremo opuesto, las microempresas de uno y dos trabajadores pierden 2.400 afiliados netos en el año, y la ganancia entre las empresas de menos de 10 trabajadores representa apenas 13.000 empleos. Este creciente peso de las grandes empresas puede ayudar a explicar otra tendencia importante en el plano salarial, que es la caída de la «prima salarial» entre estas empresas que, si bien continúa existiendo y es considerable, ha perdido importancia a partir de 2015. Esto apunta a uno de los factores negativos del elevado peso de estas empresas sobre el empleo, su capacidad de ejercer cada vez mayor poder de mercado sobre el mercado laboral, lo que puede redundar en un empeoramiento de las condiciones laborales de sus trabajadores.
En ese sentido, evidencia reciente proporcionada por el Think Thank Iseak, empleando nuevos datos de vacantes, un ámbito que apenas cubre la estadística pública en España, apuntan claramente en esa dirección. En su reciente informe «Competencias y Calidad de las Ofertas Laborales: Evidencia desde varios millones de vacantes online» el investigador David Martinez ha cuantificado el impacto que tiene sobre diferentes ámbitos de la calidad de las vacantes ofertadas el hecho de que estas se concentren entre menos empresas, lo que se conoce como un mercado laboral con un mayor grado de monopsonio por el lado de los demandantes de empleo, que son las empresas. Sus resultados apuntan a efectos negativos y significativos sobre prácticamente todas las medidas de calidad del empleo y, en especial, sobre la compensación económica.
El balance del empleo en 2025 es, en su superficie, extraordinariamente positivo. España ha logrado un máximo histórico de ocupados sostenido por dos motores demográficos, un envejecimiento activo y la inmigración, y por una recomposición sectorial que, al menos parcialmente, apunta hacia actividades de mayor valor añadido. Sin embargo, una lectura más atenta revela tensiones que no conviene ignorar. El empleo en los tramos intermedios de edad solo se sostiene gracias a la aportación de población inmigrante, con caídas muy limitadas de la tasa de paro, y los sectores que lideraron la recuperación post-pandémica empiezan a mostrar señales de agotamiento.
La segunda tensión es estructural y más difícil de resolver. La concentración del empleo en grandes empresas puede ser una buena noticia en términos de estabilidad contractual y compensación económica, pero a medida que esta tendencia se acumula con los años, los efectos inicialmente positivos pueden reducirse, a través de una menor prima salarial en estas empresas. Esto es consistente con la evidencia disponible, que sugiere que la creciente concentración de los nuevos empleos en grandes empresas tiene un coste para los trabajadores en forma de peores condiciones laborales. Esa es quizás una pregunta relevante que los datos de 2025 dejan abierta, en qué momento podría una excesiva concentración del nuevo empleo convertirse en un problema para su calidad.
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