El ministro de Economía francés,Roland Lescure, alertó sobre el doble impacto de «las tensiones geopolíticas y los desequilibrios macroeconómicos» mundiales en la apertura de encuentro de ministros de Economía del G7, reunidos durante dos días en París, a falta de un mes para la cumbre que reunirá en Évian a los jefes de Estado de las grandes economías mundiales.
Los siete grandes buscan fijar un frente común ante la amenaza de aranceles estadounidenses y la dependencia de materias primas chinas
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El ministro de Economía francés,Roland Lescure, alertó sobre el doble impacto de «las tensiones geopolíticas y los desequilibrios macroeconómicos» mundiales en la apertura de encuentro de ministros de Economía del G7, reunidos durante dos días en París, a falta de un mes para la cumbre que reunirá en Évian a los jefes de Estado de las grandes economías mundiales.
Lescure reclamó el valor del «multilateralismo útil» en el arranque del encuentro que se prolongará durante dos días, en un intento de superar las desaveniencias con el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, que llegó a París tras acompañar a Donald Trump en su reciente viaje a China.
«Mantener la unidad de este club se ha convertido en una lucha cotidiana», admitió Lescure, en calidad de anfitrión durante la presidencia de Francia en el 2026 del privativo club «de los siete países mas ricos del mundo» creado en 1975 a instancias de Valery Giscard dEstaing.
«Es en tiempo de crisis cuando medimos la utilidad del G7, uno de los pocos lugares donde podemos hablar de nuestros acuerdos y desacuerdos», reconoció el ministro de Economía francés, que no ha ocultado los «difíciles discusiones» con Estados Unidos sobre el futuro del comercio internacional (con la reciente amenaza de Trump de nuevos aranceles sobre los coches europeos).
La guerra en Oriente Medio y la crisis energética desencadenada por el bloqueo del estrecho de Ormuz figuraron en lo más alto en la agenda del G7, junto a los «desequilibrios multilaterales insostenibles» y cuestiones como las tierras raras y los materiales críticos, así como las ayudas al desarrollo (que serán objeto de un debate el martes con la presencia de representantes de India, Brasil, Corea del Sur y Kenia).
«La forma en que se está desarrollando la economía global es claramente insostenible», advirtió de entrada Roland Lescure, que puso sobre la mesa el informe elaborado por cuatro economistas (Hélène Rey, Gita Gopinath, Chong-En Bai y Axel Weber) sobre los «desequilibrios macroeconómicos», con el déficit masivo de Estados Unidos, el superávit comercial y el exceso de capacidad industrial de China y la falta de inversión e innovación en Europa como telón de fondo de las tensiones geopolíticas y de la crisis energética.
«Pienso que vamos a ser capaces de mostrar que el multilateralismo es útil y que además funciona», declaró Lescure. «Vamos a tener que comprometernos a volver a encontrar una modelo más sostenible de crecimiento».
«Podemos hacer mucho para calmar los mercados y dar un giro positivo al debate», advirtió por su parte el presidente del Banco Central alemán Joaquim Nagel. La presidenta del Banco Central Europeo Christine Lagarde admitió sin embargo de entrada su inquietud por el futuro de la economía mundial: «Siempre estoy preocupada, ese es mi trabajo».
El objetivo del G7 es «asegurarnos que no dependemos de un solo país (en referencia velada a China) para acceder a las tierras raras», recordó Roland Lescure. «Tenemos que hacer con los materiales críticos como lo que hicimos en los años setenta con la energía», recalcó el ministro francés, que recalcó que una de las prioridades del G7 será crear «una caja común de herramientas» para evitar disrupciones en los mercados por el suministro de materiales críticos.
El encuentro en París se produce al rebufo de la reciente visita de Donald Trump a China, que no pertenece (como tampoco India) al selecto club del G7. Integrado por Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Japón cuando llegaron a representar el 68% de la economía mundial, hoy por hoy los siete grandes suponen el 30% del PIB del mundo, frente a la pujanza de los países emergentes.
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