<p>»Es una catástrofe total», resume el mariscador <strong>José Luis Otero</strong> desde <a href=»https://www.elmundo.es/galicia/pontevedra.html» target=»_blank»>Carril</a>, en la ría de Arousa. Lleva toda la vida ligado al mar, primero de la mano de su familia cuando era niño y después por su cuenta entre viveros y bancos marisqueros. Ha visto riadas, inviernos duros y campañas flojas, pero asegura que no recuerda nada parecido. «Con tantos temporales el agua dulce le ha ganado terreno al mar y ha arrasado con el marisco. Bajo la arena han quedado toneladas de bivalvos muertos y, con ellos, buena parte de la campaña. <strong>Hay zonas donde no ha quedado absolutamente nada</strong>», lamenta.</p>
Los muestreos preliminares de las cofradías apuntan a mortalidades de hasta el 90% en berberechos en algunas rías, poniendo en jaque los ingresos y la continuidad de un sector clave del litoral gallego
«Es una catástrofe total», resume el mariscador José Luis Otero desde Carril, en la ría de Arousa. Lleva toda la vida ligado al mar, primero de la mano de su familia cuando era niño y después por su cuenta entre viveros y bancos marisqueros. Ha visto riadas, inviernos duros y campañas flojas, pero asegura que no recuerda nada parecido. «Con tantos temporales el agua dulce le ha ganado terreno al mar y ha arrasado con el marisco. Bajo la arena han quedado toneladas de bivalvos muertos y, con ellos, buena parte de la campaña. Hay zonas donde no ha quedado absolutamente nada«, lamenta.
Las mismas palabras encuentran eco en el rosario de biólogos, mariscadores y cofradías repartidos por toda la costa gallega tras el tren de borrascas de este invierno, que ha vuelto a poner en jaque al marisqueo apenas tres años después de las riadas de 2023, cuando el sector ya sufrió una mortandad masiva. La situación es de tal magnitud que la Consellería do Mar de la Xunta ha desplegado nuevos análisis en los bancos para dimensionar el alcance del golpe, después de que los primeros muestreos manejados por el propio sector dibujen un escenario que hace apenas unos años habría parecido impensable.
«Esto es algo desconocido para nosotros. Siempre vigilamos si las mortalidades que encontramos responden a problemas locales, pero estos últimos tres años estamos viendo que es un problema global, algo común a toda Galicia. Podríamos estar entrando en una nueva realidad», explica la bióloga y asistente técnica Liliana Solís, de la cofradía de Noia. Allí, añade, los análisis ya han detectado «mortalidades del 90% en el berberecho y del 66% en la almeja japonesa«, dos de las especies que sostienen buena parte de la actividad marisquera de la ría.
El golpe se deja sentir desde los propios bancos marisqueros hasta el resto de la cadena, pasando por las depuradoras, las lonjas y la distribución, y también, inevitablemente, en las cuentas. En la cofradía de Noia, explica Solís, hubo campañas en las que la actividad «llegó a facturar cerca de 20 millones de euros», mientras que ahora la cifra «apenas ronda los cuatro«. Solo en esa ría faenan más de 500 embarcaciones y trabajan 446 mariscadores a pie, todos autónomos y expuestos a que una caída brusca de la salinidad o un episodio prolongado de lluvias ponga en jaque directamente su sustento.
En A Illa de Arousa, su patrón mayor, Juan José Rial, describe una situación muy similar. Explica que la salinidad llegó a caer hasta valores de cinco cuando en el mar lo habitual es moverse en torno a 35. Cuando los buzos descendieron para revisar los bancos marisqueros comprobaron el alcance del desastre. En apenas cuarenta minutos recuperaron «240 kilos de navaja y almeja sin vida«. Después, cuando las mariscadoras revisaron las playas, el balance fue igual de contundente. «Encontraron entre un 60% y un 80% de los bivalvos muertos», subraya.
La patrona mayor de O Grove, María del Carmen Dosada, advierte de que esta sucesión de golpes está vaciando el oficio. «Si vas al mar y no sacas un sueldo para vivir, lo que haces es escapar». En su cofradía, explica, el descenso ya se refleja con claridad en las cifras, porque donde antes trabajaban 415 profesionales ahora apenas quedan 250 y muchos de los que siguen apenas lograron cubrir gastos. «Hubo meses de irnos a casa con 200 euros. Intentamos aguantar porque siempre tienes la esperanza de que el mar se recupere, pero lo estamos pasando muy mal».
A la caída de ingresos se suma la frustración de ver deshacerse años de trabajo en regeneración de los bancos. En O Grove habían sembrado dos millones de crías de almeja babosa dentro de un plan para recuperar las zonas marisqueras. Los últimos análisis confirmaron lo peor: «Ha muerto todo«. En A Illa de Arousa, la cofradía había invertido alrededor de 140.000 euros en almeja pequeña para reforzar las áreas de trabajo. Todo ese esfuerzo, admite Rial Millán, «se fue al garete».
La escasez empieza a notarse también en el mercado. Con menos producción local, las depuradoras y distribuidores recurren cada vez más a producto importado. Los propios mariscadores lo ven en los supermercados de la zona. «Te encuentras bandejas de almeja de Canadá. Aquí, en pleno corazón de las rías gallegas. Es increíble, pero entendemos que el mercado funciona así. Si aquí no hay, alguien tiene que traerla de fuera».
El sector reclama ahora ayudas urgentes para poder resistir mientras los bancos se recuperan. Regenerar un banco marisquero puede llevar entre dos y tres años en el caso de la almeja y al menos dos en el del berberecho. Durante ese tiempo muchos trabajadores dependen de prestaciones o apoyos públicos para poder seguir adelante. Sin ese colchón, advierten las cofradías, el riesgo es que buena parte de la flota abandone definitivamente.
La Consellería do Mar trata ahora de dimensionar el alcance del golpe. El departamento autonómico asegura que ya ha completado más del 90% de los muestreos extraordinarios en los bancos marisqueros para evaluar el impacto de los temporales. Los trabajos han finalizado en las rías de Vigo, Pontevedra, Muros-Noia, Corcubión, A Coruña y Ferrol, así como en la Costa da Morte. En la ría de Arousa, donde se concentra el mayor número de puntos de muestreo, la ejecución ronda el 82% y la Xunta prevé completar las últimas analíticas en cuanto lo permitan las mareas. La conselleira do Mar, Marta Villaverde, se ha desplazado también a varias zonas marisqueras para seguir sobre el terreno la evolución de los trabajos y el impacto de los temporales.
El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, ya avanzó que el Gobierno gallego activará apoyos económicos para el marisqueo si finalmente se consideran necesarios ante la elevada mortandad registrada. «Si son necesarias las ayudas —entiendo que algún tipo de ayuda será necesaria—, la Xunta, como siempre, estará a la altura», afirmó.
El sector vuelve a mirar al mar con incertidumbre. Otero, por ejemplo, hace cuentas. Tiró de los buenos ingresos de la última Navidad para crear un pequeño colchón que, calcula, le permitirá aguantar unos meses, pero sabe que el marisco que se siembre ahora tardará al menos año y medio en alcanzar talla comercial si no vuelven las riadas. «Este año fue la peor que recuerdo«, repite. Y en buena parte del litoral gallego nadie se atreve a llevarle la contraria.
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