El cerrojazo del estrecho de Ormuz era lo que en la jerga se suele llamar, no sin cierta rimbombancia, un “riesgo de cola”: un suceso tan extremo como poco probable. Un órdago más, se decía, como tantas y tantas veces antes. Pero llegó. El lunes 2 de marzo, bajo las bombas israelíes y estadounidenses, la Guardia Revolucionaria anunciaba el bloqueo de esa lengua de mar tan angosta como crucial para el mundo. A mediados de abril llegaría un segundo candado, el impuesto por Estados Unidos para asfixiar la economía iraní y que ha terminado de cercenar el tránsito de crudo, gas, diésel y fertilizantes desde el golfo Pérsico. Desde entonces, el mundo tira de reservas y audacia. Pero el ingenio también tiene límites.
Sin avances en las negociaciones entre EE UU e Irán, la crisis energética amenaza con descarrilar la economía si el estrecho no reabre en las próximas semanas
El cerrojazo del estrecho de Ormuz era lo que en la jerga se suele llamar, no sin cierta rimbombancia, un “riesgo de cola”: un suceso tan extremo como poco probable. Un órdago más, se decía, como tantas y tantas veces antes. Pero llegó. El lunes 2 de marzo, bajo las bombas israelíes y estadounidenses, la Guardia Revolucionaria anunciaba el bloqueo de esa lengua de mar tan angosta como crucial para el mundo. A mediados de abril llegaría un segundo candado, el impuesto por Estados Unidos para asfixiar la economía iraní y que ha terminado de cercenar el tránsito de crudo, gas, diésel y fertilizantes desde el golfo Pérsico. Desde entonces, el mundo tira de reservas y audacia. Pero el ingenio también tiene límites.
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