<p>El<i> gran elefante </i>en el Despacho Oval de la Casa Blanca no es Irán, sino los fondos privados que manejan activos valorados en más de 13 billones de euros y donde se está produciendo una auténtica estampida de los inversores. Gigantes del capital y la deuda privada como BlackRock, Blackstone, Apollo o Morgan Stanley han limitado las salidas de dinero de sus fondos durante el primer trimestre. ¿Qué sucede? Hay miedo a que las compañías que están financiando estas gestoras, que suelen ser pymes en desarrollo, tengan un mayor riesgo de quiebra o que, al menos, cuenten con valoraciones algo infladas considerando el impacto que podría tener la inteligencia artificial sobre las cuentas de empresas vinculadas a sectores como el software -el mayor de todos ellos, con 1 de cada 5 empresas-. Este temor ha llevado a las manos fuertes del mercado a querer retirar su dinero de vehículos de inversión que, por definición, son ilíquidos y, sobre todo, mucho más opacos que las compañías cotizadas porque no se sabe realmente lo que hay detrás. Ahí es donde entra la ingeniería financiera: no se trata solo de conceder préstamos a pymes estadounidenses; sino también de productos complejos como los famosos CLOs o titulizaciones, que consiste en empaquetar y vender a un tercero deuda de estas compañías, a priori, sana, aunque algunas voces autorizadas como la del CEO de JP Morgan, Jamie Dimon, lo hayan puesto en duda. El banquero cree que existen algunas «cucarachas», o crédito de mala calidad, escondido en estas carteras. </p>
Las grandes gestoras de capital privado, KKR, Apollo, Blackstone o UBS, se desploman en bolsa (30% en un mes) con caídas de 150.000 millones de dólares ante el temor a un estampida de los inversores
El gran elefante en el Despacho Oval de la Casa Blanca no es Irán, sino los fondos privados que manejan activos valorados en más de 13 billones de euros y donde se está produciendo una auténtica estampida de los inversores. Gigantes del capital y la deuda privada como BlackRock, Blackstone, Apollo o Morgan Stanley han limitado las salidas de dinero de sus fondos durante el primer trimestre. ¿Qué sucede? Hay miedo a que las compañías que están financiando estas gestoras, que suelen ser pymes en desarrollo, tengan un mayor riesgo de quiebra o que, al menos, cuenten con valoraciones algo infladas considerando el impacto que podría tener la inteligencia artificial sobre las cuentas de empresas vinculadas a sectores como el software -el mayor de todos ellos, con 1 de cada 5 empresas-. Este temor ha llevado a las manos fuertes del mercado a querer retirar su dinero de vehículos de inversión que, por definición, son ilíquidos y, sobre todo, mucho más opacos que las compañías cotizadas porque no se sabe realmente lo que hay detrás. Ahí es donde entra la ingeniería financiera: no se trata solo de conceder préstamos a pymes estadounidenses; sino también de productos complejos como los famosos CLOs o titulizaciones, que consiste en empaquetar y vender a un tercero deuda de estas compañías, a priori, sana, aunque algunas voces autorizadas como la del CEO de JP Morgan, Jamie Dimon, lo hayan puesto en duda. El banquero cree que existen algunas «cucarachas», o crédito de mala calidad, escondido en estas carteras.
Solo en el último mes, las caídas en bolsa para las grandes gestoras de capital privado superan el 15% y llegan hasta el 30% en el caso de Blue Owl o de Ares Capital. La foto este año es de desplomes que van desde más del 30% para Blackstone, Appollo o KKR (grandes conocidos también en España) hasta superar el 40% de pérdidas para Ares o Blue Owl, que vuelven a ser las más afectadas. Otra gestora especializada Main Street se deja casi un 9%. Estamos hablando de pérdidas conjuntas cercanas a los 150.000 millones de dólares en bolsa entre las cuatro mayores gestoras de capital privado. A lo que habría que añadir las caídas de otras firmas de fondos como BlackRock o UBS que rondan el 20% este año, o las pérdidas de más del 11% de bancos como JP Morgan o Morgan Stanley, también propietarias de gestoras de fondos muy importantes a nivel mundial.
Tras el desplome bursátil se encuentra una cascada de noticias que se acumulan en la hemeroteca. La liebre saltó con la quiebra de First Brands, fabricante de piezas para el automóvil, que acumulaba una deuda indefinida de entre 10.000 y 50.000 millones de dólares (cinco veces más que su activo) y que salpicó a buena parte de la industria financiera -entre ellos a Banco Santander, UBS o Jefferies-. Es algo habitual. Los bancos suelen acudir en consorcios para financiar a empresas privadas con el objetivo también de reducir el riesgo. La gestora neoyorquina Blue Owl reconoció a finales de febrero haber limitado los reembolsos de uno de sus fondos de 17.000 millones de dólares; a ella siguieron nombres como BlackRock que comunicó también la limitación de las salidas de dinero para su fondo HPS Corporate Lending Fund -con otros 26.000 millones de dólares-; Cliffwater hizo lo propio, en un vehículo de 33.000 millones; o Morgan Stanley en su fondo North Haven Private Income, con otros 8.000 millones. El fondo estrella de crédito privado de Blackstone, con 82.000 millones de dólares bajo gestión, comunicó hace diez días que los reembolsos solicitados habían sobrepasado también el 5% permitido por estos vehículos. Hay que entender que en los mercados privados existen muy pocas ventanas de liquidez por el tipo de inversiones que realizan y los inversores son conscientes de dónde están poniendo su dinero: reciben más rentabilidad a cambio de mayor riesgo. La cuestión, dicen los expertos, no es que exista un problema (por el momento) de liquidez, sino que las propias gestoras reconocen que sus inversores quieren salir. Irse ante lo que pueda estar por venir. Y eso es difícil que no dé miedo, más en un universo tan opaco como los mercados privados.
Cuando Donald Trump sale a escena a decir que la guerra en Irán está prácticamente terminada lo hace a sabiendas de que su mercado de deuda estaba volviendo a tensionarse, como ya sucedió tras el famoso Liberation Day y que le obligó a dar marcha atrás para evitar un colapso de la deuda pública. En las dos semanas que dura el conflicto armado el bono a 10 años estadounidense ha escalado desde el 3,96% hasta el 4,28%, zona de máximos del verano de 2025, lo que impacta sobre los mercados privados porque encarece los costes de financiación de empresas en crecimiento y, además, hace menos atractivo para los inversores financiar deuda de compañías privadas cuando la deuda pública (más segura) ofrece rentabilidades interesantes.
El boom del capital o el crédito privado no es nuevo. Lleva años fraguándose en un entorno, primero, de tipos de interés en el 0% que empujó a los inversores a asumir más riesgo del habitual para lograr una rentabilidad superior; y ha llegado a convertirse en una parte de las carteras de los inversores, donde se aconsejaría tener hasta un 20%, a pesar de su iliquidez. Esta tendencia llegó de la mano de los megafondos de inversión que conquistan nuestro país y que están presentes en un sinfín de operaciones corporativas. La semana pasada, por ejemplo, Apollo hizo efectiva la compra del 57% del capital del Atlético de Madrid. El CEO del fondo, Marc Rowan, reconoció la semana pasada que las salidas de inversores no se contendría «en el corto plazo».
Según datos recogidos por el Banco Central Europeo (BCE) la industria de fondos privados alcanzaba los 13,2 billones de euros a cierre de 2024. De ellos, en Europa solo está una mínima parte: 0,43 billones en la parte del crédito y otros 1,2 billones en la financiación de empresas a través de su capital. Aunque es preocupante, «por comparación», dice el BCE, los bancos tenían en sus libros 5,7 billones de euros en préstamos a empresas no financieras en 2024. «Los bancos proveen de liquidez a otras instituciones que pueden estar incluso fuera del perímetro regulatorio» y lo hacen a través de distintos canales, sostiene el banco central, lo que hace que cualquier «shock de mercado pueda ser transmitido o amplicado a lo largo de todo el sistema financiero». Un ejemplo de ello fue el cierre de varios fondos inmobiliarios en Reino Unido en 2022. «Las carteras de estas firmas muestran elevadas valoraciones que exponen al sector a riesgos de crédito o de ajustes repentinos en precio», como lo que podría estar sucediendo actualmente.
Fuentes del BCE aseguran que, por el momento, el organismo no ha realizado mayores requerimientos a los bancos europeos para conocer su exposición a los fondos privados. Un reciente informe de la agencia de rating S&P trata de arrojar algo de luz al «opaco» mundo del dinero privado. «Las implicaciones son significativas teniendo en ceunta que el sector del software y adyacentes, incluyendo el de la tecnología de la salud o los servicios de IT, representan un 20% de la exposición total del crédito de stas empresas», sostienen sus analistas en una tendencia que viene de lejos. De hecho, el último trimestre de 2025 fue el primero de los tres últimos años en el que las rebajas de valoración de las empresas que están en cartera fueron inferiores a las mejoras. Aunque esto no ha impedido que la rueda siga girando. Las colocaciones de deuda de pymes en forma de titulizaciones (CLOs, por sus siglas en inglés) fueron de 37.200 millones de dólares en 70 acuerdos en 2025. Se espera que este ejercicio alcancen los 40.000 ó 45.000 millones de dólares. S&P cree que de producirse un impacto sobre el mercado éste será progresivo, a pesar de que «la reacción inicial del mercado esté siendo indiscriminada». Las grandes fortunas invirtieron la menor suma de dinero en empresas en estos fondos privados del último año, con datos a febrero cuando las entradas fueron de 1.270 millones de dólares, tres veces menos que doce meses atrás.
«La proporción de empresas (en las carteras) con calificación ‘ccc’ [bono basura] sigue siendo reducida, con un 16% del total, cómodamente por debajo del 22% que alcanzó en el pico durante la pandemia», apunta S&P. Pero preocupan los vencimientos, en un panorama geopolítico de una enorme incertidumbre. Este 2026 las firmas de sotware deberán refinanciar préstamos por valor de 10.000 millones de dólares, que serán cerca de 54.000 millones en 2027 y de casi 60.000 en 2028, más otros 45.000 en 2029. Este es el verdado quid de la cuestión. A nivel global, de todas las firmas de capital privado, el verdadero muro de vencimientos será en 2028, con más de 200.000 millones de dólares a refinanciar, frente a los 55.000 millones de 2026, y los 140.000 millones de 2027. En 2029 vencen más de 200.000 millones de dólares.
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