Ya ocurrió el año pasado, y todo apunta a que la historia se va a repetir. Donald Trump reventó en 2025 la Asamblea General de la ONU con un discurso contra el multilateralismo en el que dijo cosas como que la lucha contra el cambio climático es “la mayor estafa del mundo” y que muchos países (no especificó cuáles) “se están yendo al infierno” por culpa de la inmigración desordenada. Ahora, a punto de que el martes comience en Nueva York la cita anual que reúne a 130 jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, el presidente de Estados Unidos ya ha trastocado la agenda con dos anuncios de calado que realizó a última hora del viernes: un acuerdo con Dinamarca y Groenlandia que aleja el riesgo de enfrentamiento entre dos países de la OTAN y el encuentro que tendrá con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, la señal más clara de los nuevos tiempos de deshielo (también podría decirse de sumisión) entre Caracas y Washington.
Unos 130 mandatarios hablarán la próxima semana en Nueva York ante un organismo atascado en la búsqueda de su nuevo líder
Ya ocurrió el año pasado, y todo apunta a que la historia se va a repetir. Donald Trump reventó en 2025 la Asamblea General de la ONU con un discurso contra el multilateralismo en el que dijo cosas como que la lucha contra el cambio climático es “la mayor estafa del mundo” y que muchos países (no especificó cuáles) “se están yendo al infierno” por culpa de la inmigración desordenada. Ahora, a punto de que el martes comience en Nueva York la cita anual que reúne a 130 jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, el presidente de Estados Unidos ya ha trastocado la agenda con dos anuncios de calado que realizó a última hora del viernes: un acuerdo con Dinamarca y Groenlandia que aleja el riesgo de enfrentamiento entre dos países de la OTAN y el encuentro que tendrá con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, la señal más clara de los nuevos tiempos de deshielo (también podría decirse de sumisión) entre Caracas y Washington.
La concentración de poder de la próxima semana en el magnífico edificio diseñado por Le Corbusier y Niemeyer servirá para marcar la agenda de los grandes problemas del mundo. Pero, además de lo que se diga, los silencios serán también significativos. Como señala Richard Gowan, director de asuntos globales del centro International Crisis Group, revela mucho del estado actual de la ONU el hecho de que no haya ningún foro destinado a hablar del conflicto actual más importante, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. “Habrá reuniones sobre temas como la seguridad alimentaria, que reflejan los efectos globales de la crisis del Golfo, pero resulta muy llamativo que se reúnan 130 presidentes y primeros ministros y no vayan a hablar de la mayor crisis”, asegura en una videollamada.
Además, el discurso de António Guterres ante la Asamblea General de la ONU será el últimos de sus 10 años como secretario general. El portugués ha entrado en la recta final de su mandato sin un remplazo claro al frente de la institución. El atasco para encontrar un nuevo líder se une a los problemas de este organismo, que atraviesa una importante crisis, tanto financiera como de identidad. Mientras distintos mandatarios estén hablando en Nueva York el jueves, la atención global estará en lo que ocurra en Washington, donde Trump se verá con el presidente chino, Xi Jinping. Es otro síntoma de debilidad del organismo y de las relaciones multilaterales: lo que realmente importe será lo que digan los líderes de las dos superpotencias.
Siempre Trump
A cuatro días de empezar la semana grande de la ONU, Trump anunció un acuerdo que calificó de “histórico” para asumir “el control permanente sobre la seguridad de Groenlandia”. La gigantesca isla del ártico, que forma parte del Reino de Dinamarca, confirmó que el acuerdo se firmará en Nueva York en el marco de la Asamblea General.
Si finalmente se cierra un acuerdo satisfactorio para ambas partes, desparecerá del horizonte un riesgo geopolítico que había causado el propio presidente republicano al amenazar la soberanía de Dinamarca, un país aliado de la OTAN, con sus repetidas amenazas de que Groenlandia debía ser parte de Estados Unidos.
El abrazo del oso a Delcy
La presidente encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, tendrá el martes un breve encuentro con Trump en Nueva York. La foto de los dos mandatarios juntos será un documento para la historia. Marcará el nuevo tiempo de la Venezuela posterior a la caída de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Y servirá como prueba de la nueva alianza entre dos países hasta hace poco archienemigos, con lo que queda del régimen chavista convertido en una especie de protectorado estadounidense.
En la última visita de Rodríguez a la ONU, en 2019, cuando era vicepresidenta de Maduro, acusó a Trump de haber “estirado sus garras imperiales” contra Cuba, dijo que pueblos como el venezolano no tenían acceso a una maquinaria mediática al servicio del “hegemón” mundial y sus satélites, y le pidió a Washington menos arrogancia y más tolerancia hacia las naciones libres. Es poco probable que el martes vaya a repetir este discurso.
¿Quién estará al mando?
La gran duda en Nueva York es el nombre de la persona que encabezará la ONU durante los próximos cinco años. Entre los ocho candidatos conocidos, las dos mujeres que lideran la carrera son sin duda la costarricense Rebeca Grynspan y la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett. Pero Estados Unidos no ha dicho aún a quién apoya. Y tanto expertos como fuentes diplomáticas creen muy posible que a lo largo de las próximas semanas aparezcan nuevos nombres que no están en las quinielas.
La duda no está solo en torno a quién será el nuevo (o nueva) secretario general. Sino también qué margen de maniobra tendrá para devolver al organismo la relevancia que ha perdido en los últimos años de desorden internacional. “Algunos temen que Estados Unidos, China y Rusia se confabulen para elegir a un candidato débil bajo su control, y que la Administración de Donald Trump obligue al próximo jefe de la ONU a aplicar recortes aún más drásticos en la institución”, aseguraba en un informe esta semana el International Crisis Group.
El riesgo de la irrelevancia
La ONU busca su papel en un mundo cada vez más basado en la fuerza y menos en las reglas internaciones. Será interesante escuchar el discurso del primer ministro de Canadá, el liberal Mark Carney, que ante su enfrentamiento comercial con Estados Unidos está dando pasos para acercarse a otros bloques, como la UE y China. Ya avisó en Davos el pasado enero de que el viejo orden mundial está muerto y enterrado.
David Steven, investigador sénior en la UN Foundation, lamenta la pérdida de peso de Naciones Unidas en materia de paz y seguridad. “La organización logró influir en la desescalada de conflictos entre grandes potencias, la protección de las normas que permiten la supervivencia de los Estados y la arquitectura de contención destinada a frenar la proliferación de armas. Sin embargo, su impacto en estos tres ámbitos ha disminuido claramente. El mundo tiene ahora una cifra récord de conflictos”, asegura este experto en multilateralismo.
¿Y Ucrania y Oriente Próximo?
Los analistas no esperan que esta Asamblea General traiga grandes avances en una guerra como la de Ucrania, que se alarga ya durante más de cuatro años, o en los distintos conflictos que asolan Oriente Próximo.
Francia usó el año pasado este escenario global para anunciar el reconocimiento de Palestina como Estado, siguiendo el ejemplo del Reino Unido, Canadá y Australia y de otros países de la UE encabezados por España. Gowan no cree que este año el foco vaya a estar en ese asunto. “Muchos países se sintieron obligados a defender a los palestinos durante la guerra, pero ahora están más pendientes de Irán y deseosos de centrarse en otros temas”, asegura.
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