<p>Rodeados de trípodes, luces anulares, reflectores, biombos y muchos móviles, un grupo de jóvenes <strong>streamers</strong> se colocan en pequeños habitáculos y, delante de las cámaras, comienzan a cantar y a bailar mientras promocionan comida para gatos. Luego, hacen lo mismo, pero presentando champús para perros. Estas retransmisiones en vivo para plataformas de comercio electrónico chinas se hacen desde la undécima planta de una torre de oficinas en el condado de <strong>Pingyang</strong>, al este de <strong>China</strong>, que es el actual epicentro del gigante asiático de venta de productos para mascotas.</p>
Pingyang, antigua capital del cuero, se reinventa como centro de un negocio multimillonario que combina fabricación, comercio electrónico y un ejército de streamers
Rodeados de trípodes, luces anulares, reflectores, biombos y muchos móviles, un grupo de jóvenes streamers se colocan en pequeños habitáculos y, delante de las cámaras, comienzan a cantar y a bailar mientras promocionan comida para gatos. Luego, hacen lo mismo, pero presentando champús para perros. Estas retransmisiones en vivo para plataformas de comercio electrónico chinas se hacen desde la undécima planta de una torre de oficinas en el condado de Pingyang, al este de China, que es el actual epicentro del gigante asiático de venta de productos para mascotas.
Pingyang, hace no mucho tiempo, fue bautizada como la capital del cuero en China. Había más de 1.200 empresas de procesamiento de cuero que representaban una cuarta parte de la producción total del país. Pero esta industria se fue apagando por el enorme coste ambiental que causaba, sobre todo en el proceso de curtido del cuero, que contaminaba los ríos.
Las autoridades fueron apretando con nuevas regulaciones y los empresarios del cuero comenzaron a ver una oportunidad en un mercado en auge, el de las mascotas. El año pasado, la población total de mascotas en China ascendió a más de 124 millones (el número de gatos domésticos alcanzó más de 70 millones y el de perros más de 50 millones). En un informe publicado por las autoridades, se estima que este mercado superó los 300.000 millones de yuanes (alrededor de 36.000 millones de euros), un aumento del 7,5% interanual.
En Pingyang, quienes antes se dedicaban a producir cuero, ahora fabrican correas para perros y juguetes para gatos. También diferentes tipos de pienso, galletas y hasta ropa para los animales. Además, para promocionar todos estos productos, los empresarios han contratado a un ejército de streamers e influencers que retransmiten desde el condado dirigiéndose a consumidores de todo el país.
La industria de mascotas de China ha crecido a una tasa anual superior al 13% durante la última década. En 2024, un informe de Goldman Sachs indicó que, por primera vez en el segundo país más poblado del mundo, el número de perros y gatos superó al de niños menores de cuatro años. Además, se proyecta que para 2030, el número de mascotas casi duplicará al de niños.
Esta es una realidad visible en las grandes ciudades en medio de la gran crisis demográfica que atraviesa la superpotencia asiática: muchos jóvenes urbanitas cada vez retrasan más la decisión de ser padres. O directamente muchos reemplazan esa idea por la de tener gatos y perros. Según estudios oficiales, los chinos nacidos en la década de 1990 representan el 41,2% de los propietarios de mascotas. Pero los que nacieron después de los 2000, de los que se espera que ayuden a darle la vuelta a las desastrosas tasas de natalidad, son el grupo de propietarios de mascotas que más está creciendo.
En el país asiático se registraron más de 500.000 empresas en 2024 relacionadas con mascotas. Un sector que está siendo una salida laboral para miles de chinos. Esto lo sabe bien Favor Pets, una compañía que se dedica a la capacitación de personal que quiere trabajar con mascotas. En los últimos años, la empresa dice que ha formado a más de 30.000 peluqueros, 4.000 entrenadores y 500 cuidadores.
En Pekín, la Universidad Agrícola de China, una de las principales instituciones académicas del país, lanzó hace unos meses la primera especialización de pregrado centrada en animales de compañía. «El programa capacitará a los estudiantes para satisfacer la creciente demanda de talento en la industria de las mascotas», señalaba el centro en su folleto de admisión. «A diferencia de las carreras tradicionales de zootecnia, que se centran en la ganadería y aplicaciones agrícolas más amplias, la especialización en animales de compañía se centra en mascotas como perros, gatos y caballos. Los cursos abarcarán el comportamiento canino y felino, la cultura ecuestre, la nutrición, la cría y el cuidado», continuaba.
El boom de los animales de compañía en China también ha impulsado el negocio de la clonación. En esto, la empresa pionera fue Sinogene Biotechnology, que empezó en 2018 a hacer copias de perros y gatos domésticos que habían fallecido. El equipo de Sinogene ya lleva más de 500 mascotas clonadas. El coste va entre los 20.000 a 60.000 euros.
Para los perros, los clonadores mantienen una base de cría en las afueras de Pekín con unos 1.000 beagles, que es la raza de laboratorio elegida habitualmente a nivel global. De estos animales se recolectan óvulos inmaduros y luego se combinan con las células del perro progenitor para formar embriones, que son los que se implantan finalmente en la madre sustituta. Un cachorro clonado tarda de promedio medio año en nacer y, tras un periodo de observación de dos meses, es entregado a sus dueños.
Otro modelo de negocio explotado en este caso por las tiendas para mascotas consiste en ofrecer un perro o un gato gratis, a cambio de que los clientes firmen un contrato por el que se comprometen a comprar todos los meses en ese establecimiento, durante al menos un año, alimentos y accesorios para sus nuevas mascotas. Este asunto fue recientemente viral en las redes sociales chinas por varios casos de demandas judiciales. Uno de los procesos involucraba a una clienta que había firmado uno de estos contratos a cambio de un adorable gato. El problema fue que el felino estaba enfermo y murió a las pocas semanas, pero la tienda obligaba a la mujer a continuar comprando productos que ya no iba a necesitar.
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