<p>El <a href=»https://www.elmundo.es/economia/petroleo.html» target=»_blank»>mercado del <strong>petróleo</strong></a>está en lo que se llama una <strong>curva «quebrada» o «híbrida»</strong>. Eso significa que los operadores esperan una relativa <strong>escasez</strong> – o, al menos, tensiones – en el corto plazo, y una <strong>abundancia de oferta</strong>, superior a la demanda, en el largo. Para ponerlo más sencillo: ahora mismo, hay una sensación de relativa escasez; a partir de mayo, se espera un punto de inflexión; y, a partir del verano, debería fluir mucho más petróleo.</p>
La producción del año pasado nunca superó el 0,95% del crudo mundial
El mercado del petróleoestá en lo que se llama una curva «quebrada» o «híbrida». Eso significa que los operadores esperan una relativa escasez – o, al menos, tensiones – en el corto plazo, y una abundancia de oferta, superior a la demanda, en el largo. Para ponerlo más sencillo: ahora mismo, hay una sensación de relativa escasez; a partir de mayo, se espera un punto de inflexión; y, a partir del verano, debería fluir mucho más petróleo.
Es una situación que comenzó en octubre, se consolidó el mes pasado y en la que la crisis de Venezuela no ha jugado un papel. La razón es que, incluso tras el aumento de producción que vivió ese país este año hasta que comenzó el bloqueo estadounidense, su producción nunca superó el millón de barriles, lo que supone alrededor del 0,95% del crudo mundial.
Por eso, el mercado ha reaccionado con indiferencia a la captura de Nicolás Maduro. De hecho, el precio del crudo bajó un 1% a la apertura en el mercado de futuros en Nueva York ante la posibilidad de que en los próximos meses el final del chavismo permita al país latinoamericano aumentar su producción.
Venezuela es el país con las mayores reservas mundiales de petróleo. Pero eso no sirve de nada si ha destrozado la infraestructura para extraer ese crudo, si los yacimientos están dañados, o si explotar parte de esos yacimientos es prohibitivamente caro. El país caribeño sufre esos tres problemas, así que, aunque en los próximos meses el crudo empiece a fluir, será en cantidades moderadas. El petróleo del que habla Donald Trump tiene, al menos durante los próximos años, muchas posibilidades de quedarse donde está: en el subsuelo de Venezuela.
La mejor muestra de esa situación la dio ayer la propia OPEP+, es decir, el cártel de 22 países emergentes o en vías de desarrollo que son exportadores de petróleo, y del que forma parte la propia Venezuela. En noviembre, ocho países de la OPEP+ (entre ellos, los dos mayores exportadores, Arabia Saudí y Rusia) congelaron su producción hasta marzo, en un esfuerzo para evitar que el precio del barril siguiera cayendo. Ayer, domingo, los representantes de esos gobiernos celebraron una cumbre ‘online’ para decidir si mantenían sus planes o bombeaban más crudo. El encuentro fue breve, y acabó con una decisión esperada: por ahora, no van a inyectar más crudo en el mercado.
El comunicado prensa final de la reunión no menciona a Venezuela ni a Maduro ni una sola vez. Más bien al contrario: su título describe una situación mercado petrolero marcado por «la estabilidad del mercado causada por la ausencia de cambios en las previsiones para la economía mundial, y la ‘buena salud’ de los fundamentales, tal y como se refleja en los bajos inventarios».
Los inventarios mundiales están subiendo, lo que indica que los precios seguirán relativamente bajos, en el entorno de los 60 dólares el barril. Al hablar de «bajos inventarios» la OPEP+ se está refiriendo al petróleo con fines comerciales almacenado en los países industrializados de la OCDE. Pero ésa es solo una fracción de los ‘stocks’ de crudo mundiales, que incluyen, también, los de las economías emergentes y en desarrollo, las reservas estratégicas, y el petróleo y derivados en barcos.
Eso indica que el petróleo venezolano es demasiado irrelevante como para tener un impacto. Y que, además, el mercado está cansado de riesgos políticos que nunca se materializan en disrupciones de la oferta. En 2025, el petróleo atravesó por una guerra en Oriente Medio – entre Israel e Irán, este último el tercer país del mundo por reservas -, la continuación de los ataques hutíes a los barcos en el Mar Rojo, y el inicio del embargo a Venezuela. Y, aun así, el precio del barril de petróleo bajó un 20%. La crisis desencadenada por la acción de EEUU se suma, además, a las tensiones – resueltas con bombardeos – entre los Emiratos y Arabia Saudí por el control de Yemen. Nada de eso ha perturbado a los ‘traders’ del petróleo.
Las perspectivas ahora son una recuperación de la producción petrolera venezolana en el medio plazo. Pero, en el corto, ésta podría caer todavía más, incluso aunque Delcy Rodríguez llegara a un acuerdo con Donald Trump para que éste levantara el bloqueo. La razón es que Caracas ha tenido que limitar la importación de productos que utiliza en el refino del crudo que extrae.
En realidad, el petróleo venezolano ya empezó a desaparecer del mercado en octubre, cuando Estados Unidos comenzó su despliegue militar en la región. Así es cómo las exportaciones de ese país a China que, tras una serie de movimientos del Gobierno de Donald Trump en la primera mitad del año era prácticamente su único comprador, cayeron de aproximadamente de 700.000 barriles diarios a menos de 600.000.
Pero el momento clave fue el 16 de diciembre, cuando EEUU impuso el bloqueo total al petróleo venezolano, lo que significaba que Caracas solo podía o podía vender crudo a ningún país, con la excepción de los aproximadamente 150.000 barriles diarios que le da a la petrolera estadounidense Chevron en concepto de restitución en especie de deudas. Desde entonces, la exportación de petróleo se ha desplomado. Ahora, Donald Trump ha dicho que el bloqueo se mantiene a la espera de lo que haga el nuevo Gobierno de Delcy Rodríguez, por lo que, de momento, no hay cambios.
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