La situación en Francia es cada vez más tensa. Las protestas de estudiantes de institutos y universitarios se multiplican en las calles y el otoño puede significar también el regreso de los chalecos amarillos, manifestaciones por el clima y un tenso debate sobre el presupuesto, que prevé unos 50.000 millones de euros en recortes y podría terminar provocando la caída del Gobierno. El primer ministro, Sébastien Lecornu, consciente de la gravedad del momento y de la fragilidad de su Ejecutivo a solo siete meses de unas elecciones presidenciales cruciales, compareció el miércoles por la tarde para anunciar ayudas sectoriales y empatizar con el malestar generalizado.
Las manifestaciones continúan y el titular de Interior anuncia que las fuerzas del orden no podrán usar granadas ensordecedoras, tras las lesiones sufridas por varios estudiantes
La protesta de los estudiantes franceses continúa en las calles y en las puertas de institutos y universidades. El nivel de tensión ha menguado ligeramente después de una jornada de movilización y disturbios y, según las cifras provisionales del Ministerio de Educación, el 86% de los centros educativos abrió sus puertas el miércoles por la mañana. Sin embargo, las clases estaban total o parcialmente suspendidas en 528 institutos, lo que supone una disminución del 41% respecto al martes. Unos 30.000 estudiantes, según el ministro del ramo, no podrán volver a las clases en las próximas semanas debido a los daños provocados en sus institutos.
El martes, entre 266.000 y 450.000 personas -estudiantes de secundaria, universitarios, profesores y padres de alumnos- se manifestaron en Francia, según las autoridades y los organizadores. Pero el miércoles varios centros -facultades e institutos- seguían bloqueados por estudiantes, como los liceos de Hélène-Boucher y Voltaire, donde nuevamente se colocaron contenedores de basura para bloquear las entradas. La universidad Sciences Po Paris, símbolo de la excelencia educativa francesa, también estaba bloqueada por una barricada vigilada por una fuerte dotación policial.
La polémica se ha trasladado también al uso excesivo de la violencia por parte de la policía. Durante las protestas, un estudiante en la ciudad de Lens perdió una mano al estallarle una granada y un adolescente de 14 años sufrió una doble fractura de mandíbula después de recibir el impacto de un disparo de un lanzagranadas de gas lacrimógeno el lunes en Saint-Ouen-l’Aumône, en el departamento de Val-d’Oise. El policía que disparó ha sido detenido.
El ministro de Interior, Laurent Nuñez, ha anunciado este miércoles que se prohíbe temporalmente el lanzamiento de granadas ensordecedoras y de gases para evitar este tipo de incidentes que han terminado ya con 215 estudiantes heridos, según anunció él mismo al ser interrogado en la Asamblea Nacional.
Nuñez, que admitió que el movimiento había cogido por sospresa a las fuerzas del orden al ser “inédito” y que ha “mutado rápidamente en actos violentos, señaló que 6.629 personas han sido detenidas y que 761 policías o gendarmes han resultado heridos, según el balance desde el comienzo de las protestas. Además, 89 miembros del personal docente han resultado afectados. El ministro de Educación, Édouard Geffray precisó que “algo menos de la mitad de esos heridos son directores de centros, es decir, personal directivo, directores o subdirectores”. “Ha habido una voluntad violenta dirigida contra el personal de Educación Nacional y nunca habíamos visto algo así, nunca”, dijo.
El recuento oficial señala también, de forma menos enfática, que la policía ha provocado heridas a 215 estudiantes, “en la gran mayoría de los casos”, precisa el ministro del Interior, “las lesiones fueron accidentales” o estuvieron relacionadas con “el lanzamiento de proyectiles o morteros por parte de otros manifestantes”.
En los últimos años, las protestas de los llamados chalecos amarillos ya pusieron al descubierto el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía y el Ejecutivo de Lecornu, que será entrevistado el miércoles por la noche en la televisión para anunciar algunas medidas, no quiere que se repitan aquellos episodios.
El movimiento de protestas estudiantiles estalló el pasado 17 de septiembre en un instituto de Créteil, a las afueras de París. Los alumnos bloquearon el centro para denunciar la falta de medios y de profesores y las condiciones insalubres en los centros de las zonas más apartadas, el suyo entre ellos. En pocos días, y sin que el Gobierno lo viese venir, el movimiento se ha extendido por todo el país, incluidas varias universidades.
A diferencia de otras veces, el estallido ocurre en otoño y no en primavera y no surge como reacción a una nueva reforma, sino fruto del hartazgo generalizado por la descomposición y decadencia del sistema.
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