El resurgir de la energía atómica en el mundo ha llegado hasta Maliaño (Cantabria), donde el único fabricante español de equipos nucleares tiene su cuartel general. Se trata de Ensa, un gigante de 557 trabajadores controlado por el Estado a través de la Sepi. Nació en los 70 para abastecer el ambicioso programa de energía nuclear que arrancaron las eléctricas españolas esa década. Ahora, la empresa está a punto de perder el tren del nuevo despliegue atómico por las barreras administrativas que le impiden contratar y retener talento. Según ha podido saber EL MUNDO, ya ha tenido que rechazar propuestas por falta de personal.
Ensa, empresa controlada por la Sepi, vive una ola de propuestas por el resurgir de la energía atómica, pero el bloqueo administrativo le impide contratar a los 80 trabajadores que necesita para sacarlos adelante
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El resurgir de la energía atómica en el mundo ha llegado hasta Maliaño (Cantabria), donde el único fabricante español de equipos nucleares tiene su cuartel general. Se trata de Ensa, un gigante de 557 trabajadores controlado por el Estado a través de la Sepi. Nació en los 70 para abastecer el ambicioso programa de energía nuclear que arrancaron las eléctricas españolas esa década. Ahora, la empresa está a punto de perder el tren del nuevo despliegue atómico por las barreras administrativas que le impiden contratar y retener talento. Según ha podido saber EL MUNDO, ya ha tenido que rechazar propuestas por falta de personal.
Paradójicamente, el Ministerio de Hacienda es a la vez el máximo accionista y el mayor freno de Ensa que, por su condición de empresa pública, está sujeta a las limitaciones presupuestarias propias de la Administración pública. Es decir, ni puede contratar al ritmo que exige el mercado ni puede pagar los salarios que ofrecen otras compañías del gremio del metal de Asturias, País Vasco o la propia Cantabria. Ni mucho menos, igualar las condiciones con las que gigantes internacionales, de la talla de Westinghouse o Areva, tratan de captar a sus trabajadores.
Ensa focalizó su negocio al mercado internacional casi desde su nacimiento. A los pocos años de arrancar, el Gobierno de Felipe González declaró la moratoria nuclear en España, paralizando la construcción de varias centrales en marcha. Desde entonces, Ensa compite frente a frente con los líderes globales de la industria nuclear y sus componentes se comercializan por todo el mundo.
Hoy vive un pico de demanda. Está fabricando los almacenamientos que acogerán los residuos de las centrales españolas, mientras recibe peticiones de países donde la energía nuclear ha vuelto a ser prioritaria y en los que están despegando los minirreactores modulares (SMR). De hecho, desde diciembre de 2024 participa en el proyecto nuclear de la estadounidense TerraPower, participada por Bill Gates. El problema es que su capacidad ha llegado al límite y el corsé administrativo le impide crecer.
La dependencia de Sepi y Hacienda afecta a la contratación en Ensa, principalmente, a través de limitaciones presupuestarias que restan competitividad a la empresa frente al sector privado, donde los sueldos son de media un 30% superiores. Así lo explican a EL MUNDO hasta cuatro fuentes de distintos niveles operativos de la compañía.
«Éramos buenos en el sector nuclear, pero a este paso vamos a dejar de serlo. El dia que queramos volver, va a ser muy caro y complicado», lamenta una de ellas, que asegura que recientemente han dejado la empresa varios jefes de proyecto. «La fuga de talento se está agravando. Esos colosos extranjeros ya no tocan solo a profesionales tope gama, ahora necesitan todo tipo de perfiles y ponen sobre la mesa ofertas que se alejan mucho de las condiciones de Ensa», explican fuentes sindicales. Ven en la falta de estabilización de decenas de plazas, «entre 50 y 70», otra barrera insalvable. «Personas que llevan más de un año en Ensa a las que no se estabiliza, pese a que el propio Gobierno sacó una ley que obliga a ello».
Un alto cargo del fabricante cifra entre 60 y 80 las altas que hacen falta para asumir el aumento de demanda. «Hemos tenido que decir no a potenciales clientes». Todas las fuentes sitúan el freno en la «tasa de reposición», el porcentaje de vacantes en el empleo público que pueden ser legalmente cubiertas con nuevo personal. Pero la industria nuclear está creciendo mucho más de lo que contemplan esas tablas. Varias fuentes conciden en que existe «una falta de sensibilidad en Hacienda», pues llevan denunciando el problema desde noviembre. «No hay avances».
Fuentes oficiales de Sepi defienden que las necesidades de personal «se cubren», o con la tasa de reposición o con personal temporal «cuando es necesario». Aseguran que desde 2025, la plantilla ha crecido en 22 personas, y que hay un número de 7 convocatorias abiertas en 2026 y algunas más pendientes de publicar. Para los sindicatos, las cifras son «insuficientes» para la capacidad de respuesta que necesita la compañía.
El hólding estatal niega que Ensa haya rechazado ningún pedido. «Sigue creciendo de acuerdo con el Plan Estratégico, con 38 ofertas adjudicadas en 2025», indican. Desde la plantilla y la dirección del grupo lo matizan. «Hay proyectos que sabes que te podrías llevar o que te llaman por si estarías interesado en ofertar, y dices que no. Oficialmente no rechazas, pero realmente sí lo has hecho», explican.
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