<p>»Desarrollar una marca, promoverla, desarrollar el producto, entender bien las necesidades del mercado y saber cómo entrar, ese es un buen desafío». O un <i>challenge</i>, como lo define <strong>Szymon Kuc </strong>(41 años), que cuela el extranjerismo a pesar de habla un español muy fluido tras siete años residiendo en Barcelona. A lo que describe, el camino de cualquier emprendedor, hay que añadir la dificultad de no haber nacido en el país donde se comienza. Kuc, de hecho, procede de Polonia.</p>
Barcelona y Madrid capitalizan al 14,28% de los extranjeros residentes que crea una empresa y a su reto para obtener suficiente financiación
«Desarrollar una marca, promoverla, desarrollar el producto, entender bien las necesidades del mercado y saber cómo entrar, ese es un buen desafío». O un challenge, como lo define Szymon Kuc (41 años), que cuela el extranjerismo a pesar de habla un español muy fluido tras siete años residiendo en Barcelona. A lo que describe, el camino de cualquier emprendedor, hay que añadir la dificultad de no haber nacido en el país donde se comienza. Kuc, de hecho, procede de Polonia.
Este ingeniero se define como «un patriota local». Forma parte de la red de emprendedores extranjeros de Cataluña, y ya conoce el mercado y a las empresas. Porque Kuc, después de haber trabajado en distintas firmas extranjeras, ha dado el salto al mundo startup en España. Es fundador de la plataforma Cadenity AI (2025), que vende una herramienta de inteligencia artificial (IA) al modo de los asistentes virtuales para automatizar el control de las cadenas de suministro en transporte. Resalta el guiño del nombre de su empresa a la mezcla de castellano e inglés, porque España es su mercado actual, pero Reino Unido es su próximo objetivo. Pero recuerda que «todavía somos una startup», aunque en un lugar estratégico al contar con grandes empresas de logística asentadas en la región. «Fue natural empezar aquí, en Barcelona», agrega.
La historia de Kuc es cada vez más frecuente: en España, el 14,28% de los extranjeros crea una empresa. Su «intención emprendedora» triplica la de los españoles. Tanto, que ha crecido del 17,7% en 2021 al 28,1% en 2024, señala el Informe Global Entrepreneurship Monitor 2024-2025, último análisis del Observatorio del Emprendimiento de España (OEE) que coordina el proyecto Global Entrepreneurship Monitor (GEM). Las edades más proclives son los 24 y 54 años.
Si se echa la vista atrás, «en 2021, 2023 y 2024, el porcentaje de emprendimiento reciente (TEA) de la población adulta extranjera residente en España ha duplicado el de la población española, y se ha convertido en un tractor del emprendimiento de este país«. La proporción no es desdeñable, y en el marco del aumento de la población inmigrante en los próximos años, los autores avanzan un importante crecimiento de esta actividad en los próximos ejercicios.
Y si Silicon Valley, en EEUU, se guarda para sí el sueño americano de las empresas, en España el pastel está más repartido. Es cierto que Madrid y Barcelona concentran las startups extranjeras, como describen el Global Startup Ecosystem Index 2025, donde Barcelona ocupa el puesto 33 a nivel mundial (el quinto a nivel europeo), y Madrid, el puesto 51 (décimo a nivel europeo). Pero en la lista global, otras capitales españolas crecen cada vez más, con Valencia ocupando el puesto 158, seguida de Bilbao (293) y Málaga (310). Son, además, las regiones con más del 60% de los afiliados extranjeros en el país, según la Confederación Intersectorial de Autónomos (CIAE).
Algunos miran el camino de baldosas amarillas que dejan los unicornios de fundadores extranjeros. Por ejemplo, en Madrid se creó Spotahome por Bruno Bianchi, Hugo Monteiro, y Bryan McEire (2014). Mientras, Barcelona se anota la creación de Glovo por Sacha Michaud junto Oscar Pierre (2015), o Travel Perk por Avi Meir (2015).
En el caso de la Ciudad Condal, su población ha internacionalizado especialmente a raíz de la pandemia, que dejó nuevos modelos de trabajo en distancia y aumentó la presencia de nómadas digitales. Y lo que empieza con un trabajo para otros, puede derivar en el desarrollo del propio proyecto aprovechando la expansión del ecosistema startup. Los datos de la Agència per la Competitivitat de l’Empresa de la Generalitat de Catalunya (Acció), para el análisis del mundo startup de Cataluña, estiman que su proporción (2.285) ha crecido un 9% en el último ejercicio. Dentro del conglomerado, el 20% tienen fundadores extranjeros; es decir, hay 457 startups de origen extranjero en Cataluña. Según los últimos datos de Acció, Barcelona es la segunda capital europea con el mayor porcentaje de fundadores internacionales, por detrás de Berlín.
Las startups extranjeras vienen marcadas por la experiencia y formación. Los fundadores con educación universitaria son los que más emprenden, según GEM, un 17% frente al 8% de los españoles. Les viene de casa: «Estos porcentajes son similares a los de sus países de origen, lo que refleja una transferencia de la cultura emprendedora de los individuos hacia nuestro país». Y ponen de ejemplo Latinoamérica, con presencia mayoritaria en el país ibérico.
Precisamente desde México, y con experiencia en distintas empresas, procede Lourdes Cuevas (50). Ella, además, completa el círculo que iniciaron sus padres, también empresarios, que emigraron desde Cantabria. Décadas después ella llegó a España como directora de operaciones de una multinacional que luego abandonó. Se puso al frente de su propia consultoría de mercado internacional. La experiencia le valió, con el freno a la actividad logística internacional y el posterior desarrollo de la IA, la idea para su siguiente proyecto empresarial. Su startup COPAILOT by GüipUp ofrece, desde hace un año y mediante suscripciones mensuales, agentes de IA para asesorar con datos y expertos a empresas que quieren abrirse a otros mercados internacionales. Calculan, por ejemplo, el precio de un producto en distintos países (atendiendo a tarifas, aranceles…), lo que resulta de interés para su público objetivo, los fabricantes de productos de consumo.
No obstante, en emprendimiento e inversión extrajera, España «está compitiendo en la Liga Europea, pero lejos de las primeras posiciones. Aunque Barcelona y Madrid destacan, todavían están lejos desde el punto de vista de captación de inversión para startups», valora Jordi Arrufí, director del área de talento de Mobile World Capital (MWC). Porque en España «hay una brecha de inversión«. Se está produciendo una oleada de startups que nacen de la deep tech, patentada y desarrollada por investigadores, que ha sustituido al boom de las generaciones de startups con modelos peer to peer o de sharing economy. «Nos adentramos en una nueva fase donde la tecnología profunda es la clave de de la diferencia competitiva. Entonces, en España hay muy buena investigación y esta es la buena noticia, pero no hay tradicionalmente inversores que asuman este riesgo en fases tan tempranas. Estas startups, una vez salen al mercado, no están preparadas para facturar. Su tecnología necesita todavía años de desarrollo«.
Para la ausencia de grandes empresas que puedan cubrir sus necesidades, Arrufí considera que España tiene una ventaja aún por aprovechar con la transferencia tecnológica y científica entre centros como el CSIC o el BSC-CNS, y que surjan más startups que «puedan ser realmente competitivas».
El informe de GEM señala que sólo la mitad de los emprendedores extranjeros consigue que su empresa sobreviva más de dos años, y la misma cantidad acaba abandonando la iniciativa, una tasa que duplica a la española. Según el último estudio de CIAE, uno de los grandes obstáculos para los autónomos extranjeros es el acceso a la financiación para sus propios proyectos.
Si bien es cierto que se han puesto sobre la mesa distintos tipos de ayudas estatales que han incentivado la atracción de talento extranjero (como la Ley de Startups (2022) para la obtención de visados de residencia de los emprendedores), la burocracia sigue siendo un obstáculo.
«El proceso para recibir ayudas es bastante difícil, y tardan bastante. Se pierden recursos y tiempo», expresa Kuc, «y las startups necesitan crecer bastante rápido, e inicialmente necesitan bastante ayuda». En su caso, contrató los servicios de una empresa externa especializada en gestionar trámites para pedir las ayudas estatales a fondo perdido. «El proceso es tan complejo para el fundador, que agobia bastante«, añade. Y añade además los trámites propios del extranjero.
«Tienes que entender los procesos administrativos. Pero si es tu primera vez, no los conoces y no dominas el idioma, aún es más difícil», coincide Jakob Saalfrank (32 años). Original de Berlín, decidió regresar a Barcelona en 2021 después de su paso como estudiante de negocio internacional. «Siempre tenía ganas de volver. Y sabía que aquí existe un ecosistema muy fuerte para startups. Tenía una idea y las ganas; me mudé para ver cómo poner en marcha el plan. Y quería 300 días de sol». Ahora mantiene su trabajo parcial en una empresa a la par que su verdadera vocación: es fundador y CEO de Grasshopper Air Mobility (2023). Está desarrollando el modelo de un dron autónomo para la carga logística de la industria 4.0, con capacidad para transportar 30 kilogramos a 160 kilómetros por hora. Y tiene sus primeros 15 clientes en empresas refrigeradoras y de farmacia.
Los ingredientes de su receta eran «un equipo, un producto y tracción«. No tuvo problemas con el primero; hay talento, y diverso, en la ciudad para dar con 15 ingenieros electrónicos, diseñadores aeroespaciales o asesores. El reto se halla en el respaldo inversor para un proyecto que, además de un coste millonario, conlleva un mínimo de cinco años para su desarrollo y construcción, amén de las certificaciones de vuelo.
«Es el viaje del emprendedor, que también habría podido pasar en Alemania. En Barcelona hay una gran red que quiere empujar este emprendimiento, pero tienes que dar los pasos correctos y es un proceso muy lento. Y tienes que aprender catalán», añade Saalfrank. «Es un viaje muy guay, pero es duro, no hay mucho soporte. Y tienes que encontrar la forma de facturar o encontrar a alguien que te cubra los gastos…, o te puedes morir». «No hay muchas ayudas para empresas muy jóvenes», prosigue, mientras compara con los fondos estatales de otros países. En su caso, obtuvo una de las ayudas CDTI Torres Quevedo (117.000 euros para un proyecto durante tres años), además de participar en programas de aceleración de startups autonómicos y europeos. Otra opción popular son las ayudas Enisa, con respaldo del Estado.
Como cualquier startup, la clave está en saber venderse y encontrar alguien que, financieramente, crea en el proyecto. Kuc y Saalfrank relatan su paso por distintas ferias y eventos en España, escaparates para las startups. Aunque Kuc acaba acudiendo en busca de su inversión a eventos en Dubai, como la World AI Expo.
«Me ha costado mucho trabajo conseguir inversión privada. Si tienes la posibilidad de recurrir a fondos europeos, tienes que hacer el match del 50/50″, explica Cuevas. Es decir, conseguir un respaldo privado para acceder a los fondos públicos. «Hay muchas startups en la misma situación. Pasas ciertos filtros y te validas para acceder a esos fondos, con requisitos bastante estrictos…, pero después, encajar en la inversión privada de aquí es un reto muy exigente«, concluye.
«Lo que tiene España [para aprovechar], es un tejido de universidades de muy alto nivel. La gente está bien preparada. Y es un país donde el poder adquisitivo es mayor pagando menos, los demás países de la UE suele ser más caros… hay una calidad de vida que tampoco viene mal. Se permite que una startup que no tiene recursos en el país pueda ser atractiva«, valora Clément Destoumieux, jefe de HealthTech en la Asociación Española de Startups. Fundó su startup en Madrid hace diez años porque el sector estaba mucho más desarrollado en España que en Francia, y le quedaban buenos recuerdos de Madrid en su época como estudiante de ADE.
Como asesor, ve difícil para el fundador extranjero que quiere crecer conseguirlo a nivel nacional por las diferencias de normas empresariales entre regiones. Y hay otro factor condicionante: la estabilidad política. «A los emprendedores nos gusta tener una visibilidad a varios años, y en la política actual, vayas a donde vayas ya no existe esto. Los políticos trabajan bastante a corto plazo y es un problema». Algo que ocurre en cualquier país, precisa.
Actualidad Económica


