<p>En el inicio de<a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2025/05/04/68134c1ae9cf4aca368b4571.html»><i>Los pecadores</i></a>, una de las sensaciones de taquilla de 2025 y firme candidata al Oscar, <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2025/12/17/693c1a5ce9cf4af64a8b4598.html»>Ryan Coogler</a> introduce la figura del griot como «personas que nacen con el don de hacer una música tan auténtica que puede penetrar el velo que separa la vida y la muerte, invocando a espíritus del pasado y del futuro, con un don que trae sanación a las comunidades y también atrae a los demonios». Y uno espera que el <i>griot </i>que está por llegar, algo así como <strong>una figura totémica en los países de África Occidental</strong>, se muestre como una aparición divina. Nada más lejos de la realidad.</p>
El dramaturgo creció hasta los 20 años en su tradición burkinesa antes de iniciar una carrera teatral que llevó hasta Peter Brook
En el inicio deLos pecadores, una de las sensaciones de taquilla de 2025 y firme candidata al Oscar, Ryan Coogler introduce la figura del griot como «personas que nacen con el don de hacer una música tan auténtica que puede penetrar el velo que separa la vida y la muerte, invocando a espíritus del pasado y del futuro, con un don que trae sanación a las comunidades y también atrae a los demonios». Y uno espera que el griot que está por llegar, algo así como una figura totémica en los países de África Occidental, se muestre como una aparición divina. Nada más lejos de la realidad.
Hassane Kouyaté (1964) habla con cadencia pausada, con un tono de voz mínimo y con absoluta afabilidad. Nacido en Burkina Faso, en una familia en la que se suceden los griots desde el siglo XIII, este hombre vestido por completo de azul marino, solo alterado por una bufanda floreada, creció en su comunidad hasta que a los 20 años se fue a Francia, a seguir los pasos de su padre, el actor Sotigui Kouyaté. El hijo fue creciendo en el teatro hasta convertirse -aquí también- en una figura totémica de esta disciplina. Durante años ejerció como director artístico de la compañía de Peter Brook, pope del teatro contemporáneo; desde 2019 dirige el festival Les Francophonies en Limoges y con sus obras ha recorrido América, Europa y África. Ahora estrena ¿De dónde venimos? en los Teatros del Canal, creada a cuatro manos con Santiago Sánchez, director de la compañía L’Om Imprebís y que ejerce de traductor en esta conversación.
«Yo soy el fruto del encuentro de personas maravillosas, de grandes mujeres y grandes hombres, de mi mamá y mi papá de entrada. Todas las personas que yo me encontré en la vida me han dado un buen aprendizaje. Hasta las que me han herido me han hecho crecer. Todo ha sido fruto de encuentros. Por ejemplo que yo esté hoy aquí, tiene un encuentro previo, el mío con el teatro y con Santiago», señala Kouyaté, cuya función comunitaria como griot es ser historiador, mediador organizador de ceremonios -bodas, entierros…-, maestro, psicólogo y también figura política. Por eso su teatro está impregnado de esa carga histórica y social, de relatos africanista y, por supuesto de su tradición.
En Congo Jazz Band, el burkinés abordó la violencia a la que estuvo sometido el Congo belga durante los años de la colonización. En Estrella Negra, recorrió la vida de Marcus Garvey, uno de los líderes del panafricanismo del siglo XX. Y ahora ultima otro espectáculo sobre la lucha contra el apartheid de la cantante sudafricana Miriam Makeba. «Aún formo de las pocas personas que pueden posicionarse políticamente, tengo esa obligación», afirma el dramaturgo. Y sigue: «Como mi papel de griot me obliga a ser en parte historiador, creo que es importante saber de donde venimos o de dónde vienen las cosas que hemos vivido. Por ejemplo, Donald Trump. ¿Es fruto del azar? No, es la consecuencia de la esclavitud, del imperialismo y el colonialismo, de la dominación de unos seres humanos sobre otros. Porque esto no ha empezado ahora, somos una sociedad que no ha enterrado a sus muertos, los tenemos escondidos en un armario. Si no los enterramos, esta sociedad no estará bien».
Y ahí se lanza Kouyaté a hacer una disección del mundo pasando por los conflictos raciales que se multiplican en Estados Unidos y también en la Francia que habita hasta llegar a la raiz en el continente africano. «Hoy en día hay dos grandes pueblos: los dominantes y los dominados. Al hombre europeo le hacemos creer que es mejor que el africano porque allí están con las guerras, la pobreza y el hambre. Pero todo eso ya lo está sufriendo también Europa», expone el burkinés que en su obra sobre el Congo incidía en una premisa que hoy repite: «todos llevamos una parte del Congo en nuestros bolsillos». Se refiere al uranio del que están hechos nuestros móviles, tablets, ordenadores… «Muchos jóvenes africanos no conocen la historia de la esclavitud en África y es, en parte, porque han estado en escuelas con programas de educación occidentales. Mis sobrinos, educados en Burkina, no hablan ninguna de las lenguas originales del país. Yo no estoy en contra de la idea de nación, pero creo que hay algo que es más rico que las naciones y es la cultura que hay debajo de ellas».
Su teatro busca precisamente interpelar a esos jóvenes, que ellos se puedan acercar a la cultura africana en salas de todo el mundo para encontrar unos orígenes que él mamó hasta los 20 años, manteniendo su vida en Burkina. «He entendido que mis padres querían que enraizara bien primero y ya así después pudiera abrir mis ramas hacia los cuatro puntos cardinales. Ahora los jóvenes africanos son como galletas mal cocidas. Sus dos lados se han quemado, pero por dentro están crudos. ¿Cómo van a enfrentarse así al bulldozer que les viene por delante con unos medios contolados por los dominadores? Es muy difícil porque en el momento que pierdes el control de la educación, has perdido el control de la humanidad», reflexiona Kouyaté.
La respuesta que él encuentra está en la palabra, el diálogo, el teatro… En definita a lo que apela en ¿De dónde venimos?.
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