<p>Puede que la suya sea <strong>una de las mejores noticias de los últimos años para Hollywood</strong>, sediento como anda de nuevas estrellas para alimentar la cartelera y la maquinaria en general. <strong>Jessie Buckley</strong>, ganadora del premio a mejor actriz en los <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/premios-oscar/2026/03/16/69b76058e85ece33418b458e.html»><strong>Oscar 2026</strong></a> por <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2025/10/28/68ff8dd0fdddff2f2d8b458a.html»><i><strong>Hamnet</strong></i></a>, tiene ese aura de talento, belleza y autenticad que encaja en el perfil, además de encarnar la historia de un ascenso inesperado. Ha pasado de ser una desconocida para muchos a arrasar en la temporada de premios, desde el Globo de Oro hasta el Bafta, pasando por el Critic’s Choice y coronando la temporada con el Oscar.</p>
La actriz irlandesa de 36 años corona la temporada de premios con el Oscar a mejor actriz por su desgarrador trabajo en Hamnet, a las órdenes de Chloé Zhao
Puede que la suya sea una de las mejores noticias de los últimos años para Hollywood, sediento como anda de nuevas estrellas para alimentar la cartelera y la maquinaria en general. Jessie Buckley, ganadora del premio a mejor actriz en los Oscar 2026 por Hamnet, tiene ese aura de talento, belleza y autenticad que encaja en el perfil, además de encarnar la historia de un ascenso inesperado. Ha pasado de ser una desconocida para muchos a arrasar en la temporada de premios, desde el Globo de Oro hasta el Bafta, pasando por el Critic’s Choice y coronando la temporada con el Oscar.
«Mamá y papá, gracias por enseñarme a soñar», dijo al recibir el premio, antes de decirle a su marido que quiere tener «20.000 bebés» más con él, sin poder contener las lágrimas, dando las gracias a Chloé Zhao, la extraordinaria directora de Hamnet. «Quiero dedicarle esto al hermoso caos del corazón de las madres».
La carrera de esta irlandesa parece guiada por una rara mezcla de intuición artística y valentía interpretativa. En apenas una década ha pasado de ser una joven promesa salida de un programa televisivo de talentos a convertirse en una de las actrices más imprevisibles y magnéticas del cine británico e irlandés contemporáneo. Su presencia en pantalla, intensa, emocionalmente desnuda, a menudo incómoda, la ha convertido en una intérprete difícil de encasillar.
Nacida en 1989 en Killarney, en el suroeste de Irlanda, Jessie Buckley creció en un entorno profundamente musical: su madre era profesora de canto y desde niña estuvo vinculada al teatro y a la música. Su primera aparición pública llegó en el concurso televisivo británico I’d Do Anything, que buscaba a la protagonista para el musical Oliver! en el West End. No ganó el programa, pero aquella exposición televisiva fue el punto de partida de una carrera que pronto tomaría un rumbo mucho más ambicioso.
Decidida a formarse como actriz dramática, ingresó en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art, uno de los viveros más importantes del teatro británico. Desde allí dio el salto a la televisión y al cine independiente, donde empezó a llamar la atención por una cualidad poco común: su capacidad para moverse entre la fragilidad y la furia emocional en cuestión de segundos.
El reconocimiento internacional llegó con Wild Rose, donde Jessie Buckley interpretó a una cantante escocesa obsesionada con triunfar en Nashville. Su interpretación, intensa y visceral, combinaba ambición, vulnerabilidad y una sorprendente potencia musical. Desde entonces ha construido una filmografía marcada por personajes complejos, a menudo al borde del colapso emocional.
Parte de su atractivo artístico reside precisamente en esa condición de imprevisible. Buckley no parece interesada en construir una imagen de estrella convencional. En entrevistas ha hablado abiertamente sobre la presión estética que pesa sobre las actrices, la fragilidad de la industria y su preferencia por personajes incómodos antes que por papeles diseñados para agradar al público.
Es, además, un perfil atípico para esta industria adicta al glamour. Jessie Buckley vive en una granja del siglo XV en la campiña británica, su marido es un total desconocido y es poco dada a las campañas de promoción de películas y de entrevistas.
La ganadora del Oscar a mejor actriz ha hablado abiertamente de sus periodos de depresión y de lo mucho que le costó sentirse útil profesionalmente. Esa franqueza, sumada a su estilo interpretativo radicalmente emocional, ha generado también cierta división entre espectadores y críticos. Para algunos, su intensidad roza lo excesivo; para otros, es precisamente esa falta de contención lo que la convierte en una actriz singular en un momento en que el cine comercial tiende a pulir las aristas.
A sus 36 años, Buckley representa una generación de intérpretes que ha encontrado en el cine europeo y el independiente un espacio para explorar personajes complejos y contradictorios. Lejos del glamour previsible de Hollywood, su carrera avanza guiada por una idea simple pero cada vez más rara: la de una actriz que prefiere el riesgo artístico a la comodidad del éxito.
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