<p>Aunque la <a href=»https://www.elmundo.es/internacional/2026/04/06/69d33d31fb7b94bd8347e161-directo.html»>guerra</a> entre Israel, Estados Unidos e Irán terminase mañana, el mercado energético mundial no volvería a la normalidad de inmediato, ni siquiera en cuestión de semanas. Los precios no regresarían a la senda prevista antes de la crisis hasta, como mínimo, el final de la década. Un reciente informe del <strong>Instituto de Estudios Energéticos de Oxford</strong> (OIES) anticipa que los daños ya infligidos a distintas infraestructuras críticas del golfo Pérsico dejarán secuelas duraderas, y que la Unión Europea y Asia son las regiones más expuestas.</p>
Aunque el conflicto en Oriente Próximo terminase pronto, el flujo de combustible no se normalizará de inmediato ni los precios volverán a los niveles precrisis, al menos, hasta el final de la década
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Aunque la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán terminase mañana, el mercado energético mundial no volvería a la normalidad de inmediato, ni siquiera en cuestión de semanas. Los precios no regresarían a la senda prevista antes de la crisis hasta, como mínimo, el final de la década. Un reciente informe del Instituto de Estudios Energéticos de Oxford (OIES) anticipa que los daños ya infligidos a distintas infraestructuras críticas del golfo Pérsico dejarán secuelas duraderas, y que la Unión Europea y Asia son las regiones más expuestas.
Como ocurre en cada gran shock económico —de la Gran Depresión de 1929 a la pandemia de 2020—, cuanto más dure el conflicto en Oriente Medio y el bloqueo en el estrecho de Ormuz, mayor será el daño económico y social. En este caso, incluso un acuerdo de paz rápido no bastaría para evitar un golpe profundo y duradero en los precios y en la garantía de suministro de medio mundo.
La razón se encuentra en el corazón de la industria mundial del gas natural. Israel volvió a bombardear este lunes el complejo petroquímico Pars Sur, el mayor yacimiento de gas natural del mundo que Irán comparte con Qatar, y que ya fue objeto de ataques el 18 de marzo. Para Israel, implica asestar un «golpe económico de miles de millones» al régimen iraní. Para los mercados energéticos, supone cruzar el Rubicón de la guerra energética, un golpe estructural para la oferta mundial de combustible que aviva los temores de los analistas de Oxford.
Según el informe, dos trenes de licuefacción clave del complejo de Ras Laffan (Qatar) han quedado fuera de servicio y no recuperarán su actividad completa hasta 2031, incluso en el escenario más optimista, aquel en el que el Estrecho de Ormuz reabre en cuestión de semanas. La reparación de esos trenes —donde el gas se enfría transportarlo por barco— tendrá prioridad absoluta, lo que obligará a Qatar a retrasar proyectos de expansión vitales, como el ambicioso North Field East, que estaban llamados a impulsar la oferta mundial de gas. Al contrario de lo previsto, esta seguirá bajo una presión constante durante años.
El resultado será una escasez estructural que impedirá que la capacidad mundial de exportación de gas licuado (GNL) regrese a los niveles previos a la crisis (anteriores a febrero de 2026) antes de finales de 2028. Hasta entonces, el mercado vivirá bajo una «nueva normalidad»de precios altos y volatilidad extrema. El documento avisa que la plena convergencia entre oferta y precios no se dará hasta la década de 2030. Para Europa, supone menos margen de maniobra para llenar unos inventarios de gas que podrían situarse en mínimos históricos de cara a los próximos inviernos.
Como ha quedado demostrado en los casi 40 días de conflicto, el estrecho de Ormuz es la mayor baza de Irán en esta guerra, y un embudo físico capaz de encoger el mercado energético mundial. En las dos primeras semanas de marzo, el tráfico cayó de una media de 94 barcos al día a poco más de cinco. El desplome fue todavía más agudo en el caso de petroleros y metaneros, pasando de 53 a apenas dos tránsitos diarios.
Desde Oxford plantean tres escenarios. Uno «muy optimista», en el que el estrecho reabre en tres meses. Otro intermedio, donde la reapertura llega después del verano, en la antesala de la próxima temporada de frío. Y un tercero, el más pesimista, en el que el cierre de Ormuz se extiende un año entero. Si bien el pico de precios es más violento a medida que se prolonga el cierre, lo cierto es que en cualquier escenario, el gas seguirá más carode lo previsto antes de la guerra hasta el 2030.
Aunque el informe se centra en la evolución del mercado de gas, no esconde que los efectos colaterales de un bloqueo duradero en el comercio a través de Ormuz dispararía los precios a nivel mundial en múltiples sectores básicos, de la alimentación al transporte. «Si el cierre provoca una escasez significativa de petróleo y otros productos, como fertilizantes, las repercusiones económicas podrían ser considerables, especialmente en la producción industrial, el transporte y la producción y los precios de los alimentos. Las perspectivas de un aumento de la inflación, un estancamiento de las economías e incluso una recesión global siguen siendo elevadas», advierte.
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