<p>Hace 14 años, uno podía sentarse durante horas en un banco de cualquier ciudad de Países Bajos y contar con los dedos de una sola mano los coches eléctricos que cruzaban silenciosamente la calle. En ese paisaje, <strong>Fastned</strong>, recién fundada, lanzó su órdago y se hizo con más del 80% de las 245 ubicaciones que el Gobierno holandés sacó a concurso para construir una red de carga rápida por todo el país. Hoy, más de una década después, la compañía ha aterrizado en España con sus dos primeras estaciones (sí, estaciones y no simples puntos de carga) en la autopista C-32, a la altura de Vilanova i la Geltrú y Cubelles (Barcelona). Para llegar a ese hito la empresa ha atravesado una verdadera odisea administrativa que, lejos de ser una anécdota, ilustra los obstáculos que frenan el gran salto del vehículo eléctrico en nuestro país.</p>
La empresa holandesa ha activado sus dos primeras electrolineras en el país tras un periplo burocrático que evidencia los obstáculos que afronta la industria.
Hace 14 años, uno podía sentarse durante horas en un banco de cualquier ciudad de Países Bajos y contar con los dedos de una sola mano los coches eléctricos que cruzaban silenciosamente la calle. En ese paisaje, Fastned, recién fundada, lanzó su órdago y se hizo con más del 80% de las 245 ubicaciones que el Gobierno holandés sacó a concurso para construir una red de carga rápida por todo el país. Hoy, más de una década después, la compañía ha aterrizado en España con sus dos primeras estaciones (sí, estaciones y no simples puntos de carga) en la autopista C-32, a la altura de Vilanova i la Geltrú y Cubelles (Barcelona). Para llegar a ese hito la empresa ha atravesado una verdadera odisea administrativa que, lejos de ser una anécdota, ilustra los obstáculos que frenan el gran salto del vehículo eléctrico en nuestro país.
«España habrá cerrado el 2025 con una penetración de alrededor del 1% sobre el parque total actual. Es decir, por cada 100 coches que circulan, solo uno es eléctrico. En Países Bajos ronda ya el 7%. España está en el inicio de los inicios, en la prehistoria», resume Inma Cima, country manager de Fastned para España. La empresa prevé invertir al menos 100 millones de euros hasta 2030 para activar 80 estaciones de recarga. «Saldrán del bolsillo privado, porque por suerte no necesitamos subvenciones. Lo único que le pedimos a las administraciones es que abrir una estación no requiera dos o tres años, cuando nosotros solo tardamos tres meses en construirla».
El primer paso para una empresa como Fastned es elegir una ubicación. Cuando lo hacen, arranca la ordalía, a través de tres niveles administrativos -estatal, regional y local- que deberán conceder todos los permisos. «Eso complica mucho porque manejan tiempos distintos y a veces nos piden los mismos papeles varias veces».
«El sector se ha desarrollado más rápido que la reglamentación», asevera. Y es que las electrolineras todavía no figuran en la mayoría de los planes urbanísticos del país, muchos de los cuales fueron redactados hace 10, 20 o 30 años. «Como es nuevo servicio, en esos planes aún no existimos y eso nos limita. Cada ayuntamiento nos equipara a algo distinto, una gasolinera, una industria… El técnico que firma el proyecto quiere estar seguro de que esto no es una bomba nuclear. Estamos luchando mucho para explicar que esto, al final, es un enchufe, un enchufe gordo, pero un enchufe al fin y al cabo», recuerda.
La ejecutiva pone sobre la mesa otra dificultad añadida: la saturación y la poca visbilidad de la potencia disponible en la red eléctrica, la materia prima básica que alimenta sus instalaciones. Porque una vez que la electrolinera está construida todavía falta enchufarla a la red. Tampoco eso llega de la noche a la mañana. «Pimero debemos saber dónde tenemos potencia y no hay demasiada visibilidad. Necesitamos el equivalente para iluminar varias viviendas, y hemos tenido que descartar ubicaciones porque nos mandaban engancharnos a tres kilómetros. Hacer esa extensión de red nos podría costar un millón de euros. Eso no es viable», relata.
Al tiempo consumido en esa primera fase se suma el que después tardan las distribuidoras eléctricas en conectar la estación a la red, lo que se conoce como energizar. «No hay plazos para este trámite. Somos el único país de Europa donde pasa esto, y económicamente es un desastre. Son equipos eléctricos y electrónicos ya instalados que se pueden estropear o, incluso, quedar obsoletos antes de haber amortizado la inversión». En el caso de sus dos primeras estaciones, tardaron seis meses. «Hemos tenido suerte, hay empresas que han llegado a esperar un año y medio». El triple de lo que se demoran las propias obras.
La experiencia de Fastned encapsula el desfase entre ambición y realidad que atraviesa todo el sector en España y ayuda a entender por qué el país circula aún muy lejos de sus propias metas. Hoy, el parque de eléctricos en circulación ronda los 250.000 (600.000 si se suman los puros y los híbridos enchufables). El Gobierno ha fijado en 5,5 millones el objetivo de estos de vehículos para 2030. «En España se venden más de 900.000 coches al año. Para alcanzar el objetivo casi el 100% de las ventas hasta 2030 tendrían que ser de eléctricos. No va a ocurrir, no vamos a llegar», pronostica.
En el caso de los puntos de carga, la meta está más cerca. España cuenta ya con unos 52.000 puntos de recarga públicos operativos, frente a los 100.000 previstos para 2030. Sumando los instalados y no activos (más de 13.000), el país está ya al 60% del objetivo. Pero aquí, matiza Cima, el problema no es tanto de números como de capilaridad. «Estamos en un país con una extensión de terreno brutal y que es totalmente distinto a lo que puede ser Bélgica u Holanda», reconoce.
Hay un desafío adicional que no tiene que ver ni con la electricidad ni con la Administración, sino con los propios conductores. «Llegará un momento en el que el mismo tiempo que hoy tardas en repostar estarás recargando el coche. Es una tecnología en evolución, sí, pero que avanza a pasos agigantados. Lo que ocurre es que desde ya queremos tener las mismas prestaciones que teníamos», asume Cima. Ese es el reto. «La gente que se compra un coche, aunque lo use una vez al año para grandes recorridos, quiere autonomía, quiere libertad. Claro, cruzar Países Bajos de punta a punta lleva dos horas, pero nuestro país tiene doce veces su tamaño. Aunque pusiéramos todas las estaciones que tienen hoy en Países Bajos aquí, seguirían sin ser suficientes. Tenemos otros retos, no es un tema de cantidad sino de dispersión». Con todo, ¿mantienen su apuesta por España? «Es bueno tener objetivos y ser fiel para intentar llegar al máximo, si tú mismo rebajas tus metas…», defiende.
Pero en Europa la hoja de ruta no está ya tan clara. A finales del año pasado, la Comisión Europea viró en una de sus políticas climáticas más emblemáticas: retrasó el veto a la venta de coches de combustión a partir de 2035. El cambio ha elevado la incertidumbre del sector. «Es una pena que algo que ya se había acordado entre todos los Estados miembros ahora se revise a la baja, sobre todo viendo la pérdida de competitividad que podemos tener frente a otros mercados que siguen dando pasos adelante».
Para Cima, sin embargo, la meta permanece inamovible: «A nivel político en toda Europa el mensaje es clarísimo y es que el futuro es eléctrico. La gran pregunta ahora es el tiempo que tardaremos en hacer esta curva de transición. Si vamos flexibilizando objetivos, esta curva la iremos alargando. Ahí tienes un riesgo de que tu industria automovilística pierda competitividad frente a otros mercados que ya nos están demostrando que van como una moto». ¿China? «Sí, cada vez vemos más modelos chinos circulando por nuestras carreteras, y los aranceles no les frenan porque tienen unos precios tan competitivos y porque están empezando a montar fábricas en Europa».
Para la ejecutiva, el Viejo Continente tiene los mimbres para protagonizar el cambio: «Europa no puede perdes esta batalla porque tenemos todos los ingredientes. Estamos siendo más independientes empleando energías renovables. Ahora lo que necesitamos es que la Administración no nos frene, que no nos ayude si no quiere, pero que tampoco nos frene».
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