La deuda pública de Francia se ha disparado en el último trimestre a 3,59 billones de euros, lo que supone el 119,3% del PIB, el nivel más alto con relación a la actividad económica desde 1946, duplicando prácticamente el tope de endeudamiento del 60% establecido por los tratados de la UE. Las alarmas, y el temor a un proceso de arrastre a las economías europeas, han vuelto a dispararse a la luz de los datos publicados el martes por el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE).
El endeudamiento alcanza el 119,3% del PIB, su nivel más alto desde 1946, y la bola de nieve del déficit amenaza con estallar en las presidenciales de 2027
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La deuda pública de Francia se ha disparado en el último trimestre a 3,59 billones de euros, lo que supone el 119,3% del PIB, el nivel más alto con relación a la actividad económica desde 1946, duplicando prácticamente el tope de endeudamiento del 60% establecido por los tratados de la UE. Las alarmas, y el temor a un proceso de arrastre a las economías europeas, han vuelto a dispararse a la luz de los datos publicados el martes por el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE).
«Este aumento es mecánico y es el resultado de un déficit que sigue siendo alto», sostiene el INSEE en su análisis, recalcando el repunte del déficit público al 5,4% en 2026, muy lejos de la norma presupuestaria europea del 3% del PIB. Francia lleva dos años bajo la supervisión especial de la UE debido al desequilibrio de sus finanzas públicas, que se ha acentuado dramáticamente durante los dos mandatos consecutivos de Emmanuel Macron, inspector de finanzas y ministro de Economía antes de llegar a la presidencia.
Cuando Macron entró en el Elíseo en 2017, la deuda pública estaba en el 97% y el déficit en el 2,8%. El estancamiento de la economía, la parálisis política, el fallo a la hora de contener el gasto público y los mayores costes de financiación han contribuido a formar una bola de nieve que amenaza con estallar en las elecciones presidenciales de abril y mayo de 2027.
Los datos se han hecho públicos dos días antes de la presentación del proyecto de ley de finanzas de 2027 a cargo del primer ministro Sébastien Lecornu, que llegó a su puesto de manera accidental hace un año tras la dimisión de su predecesor, el centrista François Bayrou, que había provocado el rechazo mayoritario de las fuerzas políticas y de los sindicatos con sus medidas drásticas (incluida la supresión de días festivos) para contener el gasto público.
Lecornu propondrá esta semana un ajuste fiscal de 54.000 millones de euros en su proyecto de presupuestos para 2027, con un margen de maniobra muy limitado para encontrar un consenso sin tener la mayoría absoluta y consciente de que las «decisiones delicadas» (como la propuesta para reducir las desgravaciones fiscales para los pensionistas) serán tomadas cuando se produzca el relevo en el Elíseo.
«La parálisis política de Francia compromete cualquier perspectiva de consolidación fiscal a corto plazo y este otoño no habrá una vez más consenso para adoptar un conjunto de medidas restrictivas presupuestarias», advierte Joe Maher, analista de Capital Economics. «El problema de Francia radica no solo en su colosal deuda, sino también en su déficit presupuestario por encima del 5%».
«Algunos dicen que Francia es la nueva Grecia, pero yo creo que Francia es probablemente aún peor», declaró a BloombergAriel Bezalel, gestor del fondo británico Jupiter Asset Management, recalcando la «exorbitante» deuda de la segunda economía de la UE. El analista de Goldman SachsAlexandre Stoll asegura, sin embargo, que la situación no es tan alarmante y que «el precedente de Italia es el caso paralelo más apropiado», más cerca de la estrangulación lenta que de la crisis aguda.
Las agencias de calificación crediticia, de Moody’s a Fitch, pasando por S&P, llevan en cualquier caso meses incidiendo en la perspectiva «negativa» de Francia mientras la fragmentación política siga lastrando el funcionamiento de las instituciones y alimentando la falta de confianza de los inversores. La prima de riesgode Francia cotiza en111 puntos básicos, el nivel más elevado desde 2012, en medio de una cautela cada vez mayor de los inversores por la incertidumbre política.
«Francia está al borde de una crisis de deuda», alertó la semana pasada en plena campaña presidencial Marine Le Pen, favorita en las encuestas. «Esta crisis no cae del cielo, sino que es el resultado de diez años de gasto sin precedentes y de una dramática agravación de la deuda», agregó la líder de Agrupación Nacional, que el 6 de octubre hará público un plan para ahorrar 125.000 millones de euros al año en un hipotético primer mandato.
Frente a los paños templados del centro político, el líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, ha lanzado una propuesta radical: la cancelación de parte de la deuda francesa que está en manos del banco central. «Es tan fácil como coger los títulos de deuda y tirarlos al fuego, ya no habrá nada más», ha llegado a decir Mélenchon. Tanto el Banco de Francia como el Banco Central Europeo (BCE) han descalificado públicamente la idea como «ilegal, peligrosa e inútil».
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