<p><strong>Josyane Boulos</strong> comprendió lo que significaba la guerra aquella noche que pasó escondida en un hospital militar de Beirut, cuando el conflicto fratricida que sufría su país enfrentaba a facciones cristianas opuestas. Junto a su madre, eran los dos únicos civiles en el centro sanitario. Cuando lo recuerda, pese al paso de los años, todavía aspira profundamente y realiza una pausa en el relato. Son memorias que le cuesta recuperar. «Los soldados entraban destrozados. Comprendí lo que era un baño de sangre. <strong>Había una monja que se pasó toda la noche limpiando el suelo, pero siempre estaba bañado de sangre</strong>», relata sentada en el pequeño café del Teatro Monnot de la capital libanesa </p>
Un conocido grupo de actores libaneses organizan la representación de una obra de teatro sobre el conflicto civil bajo los bombardeos actuales.
Josyane Boulos comprendió lo que significaba la guerra aquella noche que pasó escondida en un hospital militar de Beirut, cuando el conflicto fratricida que sufría su país enfrentaba a facciones cristianas opuestas. Junto a su madre, eran los dos únicos civiles en el centro sanitario. Cuando lo recuerda, pese al paso de los años, todavía aspira profundamente y realiza una pausa en el relato. Son memorias que le cuesta recuperar. «Los soldados entraban destrozados. Comprendí lo que era un baño de sangre. Había una monja que se pasó toda la noche limpiando el suelo, pero siempre estaba bañado de sangre«, relata sentada en el pequeño café del Teatro Monnot de la capital libanesa
La directora del Monnot especulaba con la cantidad de espectadores que podían asistir a la representación de este pasado miércoles. «Tenemos 50 reservas [el recinto tiene capacidad para 250 espectadores]. Pero eso fue antes del bombardeo», explica. La sede del centro de representación se encuentra a pocos cientos de metros de los barrios que fueron atacados durante la madrugada por la aviación israelí. Un asalto aéreo que dejó al menos 12 muertos y decenas de heridos. Para Boulos y el resto de la compañía que representa Mentira Piadosa desde el pasado día 11, en el emblemático recinto artístico de Beirut, cada jornada de representación es pura incertidumbre.
«Ya hemos tenido que cancelar cuatro veces. Cuando los bombardeos se acercan a la Plaza de los Mártires (el eje central de Beirut) pensamos que no tiene sentido abrir. No va a venir nadie. El problema no es la seguridad en el teatro sino los desplazamientos. Eso es lo peligroso. Llegar hasta aquí«, argumenta. El esfuerzo de la decena de actores que intervienen en Mentira Piadosa es un reflejo del singular espíritu de un país azotado por las guerras con el país vecino, Israel, desde que este se creó en 1948.
Boulos lo llama «resistencia cultural», un comportamiento que ya se dio durante los 15 años que duró su confrontación fratricida, cuando las actividades artísticas sólo se interrumpían a intervalos. La propia Boulos escribió un texto en una de las páginas culturales del país en el que reconocía que «el teatro en tiempo de guerra es una actividad perfectamente absurda». «Nos maquillamos, arreglamos las luces, discutimos si usamos este sofá o el otro… mientras tanto, el mundo se está desmoronando«, incidía en el texto. Y la libanesa añadía: «Y sin embargo, cuando el público entra al teatro, sucede algo extraño. Los teléfonos se silencian. Los hombros se relajan. La gente respira al unísono. La tensión se disipa. Durante una o dos horas, la guerra se queda fuera».
«Creo que es una forma de terapia. Para los espectadores y para nosotros mismos», expone ahora Josyane durante esta conversación. Mentira Piadosa habla de la historia de un joven libanés, Gino, que quería ser cantante y cuyos padres se empeñan en enviarlo a estudiar ingeniería a Escocia, para sacarle de un país azotado por la Guerra Civil. El chaval les engaña, les dice que está en la región europea, pero decide alistarse en una de las milicias que combaten en esos años en uno de los frentes más activos de Beirut, el de Sodeco, muy cerca de donde se encuentra ubicado el teatro Monnot.
«Es una historia real aunque el personaje le dijo a su familia que había pasado siete años en Rumanía. De hecho, para documentarnos nos entrevistamos con muchos ex milicianos», precisa Josyane. Antigua presentadora de la televisión local, ella también forma parte del elenco: es la tía comunista de Gino, que se incorpora a una facción ultraderechista. «Es una comedia pero con una historia subyacente muy oscura», puntualiza.
Los intérpretes no han podido eludir los efectos colaterales de la conflagración. El protagonista, Gino -representado por Anthony Touma-, ha quedado separado de su familia, bloqueada ahora en Dubai, que también se encuentra golpeado por la guerra regional iniciada por Israel y Estados Unidos. La actriz francesa de origen libanés, Joanna Khalaf, que asume el papel de una enfermera de esa misma nacionalidad que termina enamorando al joven Gino, tuvo que evacuar a su hijo de tres años, con el que había venido a Beirut antes de que estallara el conflicto. «Me vine con él en febrero y al empezar los bombardeos cancelaron los vuelos. Mi marido tuvo que venir a repatriarlo, yo decidí quedarme. Es la única forma de pelear [contra la guerra] que puedo llevar a cabo«, detalla Khalaf.
«La obra tenía que haberse estrenado en el 2024 pero comenzó la guerra. Después llegó el alto el fuego y retomamos la idea. Empezamos los ensayos en febrero. Y, entonces, volvió la guerra», explica Josyane encogiendo los hombros.
Touma no vivió la conflagración de su país ya que nació cuando había acabado, en 1994, pero él también decidió permanecer en Beirut y continuar formando parte de la representación. «Es muy extraño hacer una obra de teatro sobre la guerra cuando la guerra está en el exterior, pero creo que es un homenaje a todos los libaneses que la han sufrido», aseguró antes de subirse al escenario.
Para otro de los artistas, Ali Farhad, de 40 años, las consecuencias de la violencia son algo recurrente. Residente en el barrio sureño de Dahiyeh, devastado de forma repetida por la aviación israelí en cada guerra, se cuenta una vez más -ya le ha ocurrido en seis ocasiones desde la década de los 90- entre los desplazados. Desde el pasado 1 de marzo vive en una escuela junto a su familia. Tampoco es la primera vez que combina lo de ser víctima de un conflicto e intérprete en una pieza de teatro basada en la guerra. «Estamos acostumbrados a sufrir guerra tras guerra, y a seguir siendo actores durante esas guerras«, insiste.
La historia del teatro en Oriente Próximo está particularmente asociada al Líbano ya que se considera que fue el dramaturgo Maroun Naccahe, en el siglo XIX, el impulsor de este arte en toda la región. Como toda la escena cultural del país, el teatro vivió su era dorada en los 60 y la primera mitad de los 70. La Guerra Civil que comenzó en 1975 no interrumpió las representaciones, pero las restringió a ciertas localidades al norte de la capital como Junieh. Fue en el período posterior al conflicto cuando el Teatro Monnot, fundado en 1997, se convirtió en uno de los principales referentes culturales de la capital libanesa. Josyane Boulos se hizo con la gestión en 2022 con la idea de abrir un habitáculo «inclusivo».
«Aquí no hacemos distinciones de religiones o razas [algo inusual en un país fracturado en base a las confesiones de sus ciudadanos]», apostilla esta mujer, hija de Jean Claude Boulos, al que los medios locales apodan el padre de la televisión del Líbano. Vinculada a la escena artística desde hace más de dos décadas, la actriz ha participado en decenas de representaciones, incluida una que dedicó a su particular historia con Julio Iglesias, al que conoció en el Líbano durante un concierto en el Casino del Líbano en julio de 1980, aprovechando uno de los periodos de precaria calma. La obra de Boulos, autobiográfica, se llamó La chica que amaba a Julio. «Estaba enamorada de Julio desde hacía años y al enterarme que iba a cantar conseguí acercarme a donde estaba y le di un beso, sin preguntar. Estuve dos días sin lavarme los dientes. En este caso fui yo quien le acosé. Tres días después de su concierto, las milicias cristianas cometieron otra masacre, matándose entre ellos», detalla.
Mentira Piadosa concluye con una emotiva reconciliación de Gino y su padre, que le insta a abandonar el Líbano. «¡Elige la vida y no las barricadas, no elijas la muerte!», le grita. El chaval ha decidido marcharse a Francia junto a su novia y le pide que le acompañe. Pero su progenitor resume en una última frase la filosofía que inspira a los recalcitrantes que como Josyane Boulos han decidido desafiar el trágico destino de su nación. «No, hijo, me quedo a reconstruir la empresa. En el Líbano estamos condenados a empezar siempre de cero». El mismo ideario que ha inspirado a Boulos y sus compañeros a mantener el telón levantado. «No podemos cerrar los teatros, no podemos quedarnos en silencio. Eso es lo que quieren estos señores de la guerra», concluye.
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