<p>En su libro <i>Los ingenieros del caos</i>, el sociólogo italosuizo <strong>Giuliano da Empoli</strong>, director del<i> think tank</i> Volta, descifra la mecánica interna del auge nacionalpopulista que se está produciendo en todo el mundo occidental. Es una lección muy valiosa para España, un país al que las dinámicas depredadoras de la política del malestar le llegan siempre con algo de retraso, pero le llegan.</p>
Los ‘populares’ están obligados a reconfigurar sus planes en Extremadura, Castilla y León y Andalucía: «Hay que tener un marco duro»
En su libro Los ingenieros del caos, el sociólogo italosuizo Giuliano da Empoli, director del think tank Volta, descifra la mecánica interna del auge nacionalpopulista que se está produciendo en todo el mundo occidental. Es una lección muy valiosa para España, un país al que las dinámicas depredadoras de la política del malestar le llegan siempre con algo de retraso, pero le llegan.
La lección fundamental de Da Empoli -el ensayista de moda entre las élites políticas europeas- es que «detrás de la ira pública hay causas reales» y que «los ingenieros del caos han sabido leer que el malestar podría convertirse en un recurso político formidable». Los votantes castigan a las fuerzas políticas tradicionales y recurren a líderes y movimientos cada vez más extremos porque se sienten amenazados por la perspectiva de cambio de una sociedad multiétnica que los penaliza con «unos procesos de innovación y globalización que las élites les han endosado en dosis de caballo a lo largo del último cuarto de siglo». Si a eso se le suman, en España, los casos de corrupción, los delitos de lesa institucionalidad, la pandemia de la vivienda, la amnistía, la financiación singular y ordinal o el encarecimiento de la cesta de la compra, la mezcla se vuelve altamente inflamable.
Por eso Vox sube sin parar en las encuestas y amenaza todas las previsiones del PP para las elecciones autonómicas. El próximo ciclo electoral, que comienza en diciembre en Extremadura para ir encadenando urnas autonómicas -Castilla y León en marzo, Andalucía en junio y, probablemente, Aragón entremedias- a lo largo de 2026, será el primero en tomarle la temperatura real a ese malestar en España.
La primera conclusión a la que debe llegar Alberto Núñez Feijóo es que el principal rival de los populares en estas elecciones tan cruciales no es el PSOE, sino Vox. Las encuestas apuntan a victorias claras del PP, pero con una aritmética de gobernabilidad frágil. El gran obstáculo para darle la puntilla autonómica a Pedro Sánchez es, por paradójico que parezca, Santiago Abascal. Esto opera igual en dirección contraria: el gran aliado del PSOE para frenar las mayorías del PP es Vox. Más aún: las ansias de la oposición por pasar la página de Sánchez pueden acabar dándole una bola extra al presidente.
En los próximos siete meses se va a librar, a cara de perro, la primera gran batalla de reposicionamiento de la derecha española. Los sondeos apuntan al apiñamiento de los votantes enfurecidos en torno a Vox en busca de una respuesta dura al «muro» de Sánchez, pero en realidad el objetivo número uno de Abascal es hundir al PP. Y sustituirlo.
«Hay dos maneras de neutralizar a Vox», explican en el PP. «La primera es ignorarlo, como hizo Juanma Moreno en 2022. Esa ya no funciona, porque ahora Vox está en el top de notoriedad de la gente. Ya no podemos ignorar a Vox; ahora hay que hablarle directamente a su votante y presentarle un marco duro para que la campaña de persuasión funcione y se decante por la gestión antes que por la protesta».
Ahora mismo, en el mapa posicional de Génova todo está en el aire por el alza de Abascal. La subida de María Guardiola en Extremadura se da por descontada, pero es «muy complejo» que pueda frenar a su vez el empuje de Vox, que «crece solo». El PP extremeño confía en que la propia dinámica electoral consolide el «liderazgo claro» de la baronesa frente a un Vox «sin candidato» y a un PSOE herido de muerte con Miguel Ángel Gallardo.
En Andalucía, la mayoría absoluta de Moreno ahora se les antoja «muy difícil de reeditar», pero no por mérito de María Jesús Montero -al revés, se hunde-, sino porque la impediría Vox. Sobre todo, después de que la UCO destapase la supuesta trama de mordidas en torno a la Diputación de Almería y a su presidente, Javier Aureliano García. «El golpe en Almería es grande. Y se lo come Moreno», explican. Esta provincia es la que hoy decantaría el resultado: si no hay mayoría absoluta, la formación ultra pondría un precio muy alto para apoyar una investidura de Moreno. Tan alto como para que pareciera inasumible.
En esos siete meses cruciales está en juego capitalizar lo que Dominique Reynié llama la «crisis patrimonial»: el temor cada vez más generalizado a perder a la vez el patrimonio material -el nivel de vida- y el inmaterial -el estilo de vida-. En la derecha española, ese temor funciona por contraste con Sánchez, y por eso mismo la gran batalla es la de PP y Vox, porque pelean contra sus propios intereses.
FUMANDO ESPERO. La ministra de Sanidad, Mónica García -en la imagen, haciendo como que fuma-, pidió ayer al ‘número dos’ del PP en el Senado, Javier Arenas, que «esta vez no se fume un puro en el Senado como si estuviera en El Ventorro», haciendo referencia cuando las cámaras le captaron a principios de mes con un ‘váper’ mientras hablaba García. Arenas respondió: «Es usted tan impresentable y tan, tan infumable, que no me merece la pena contestarle».
«¿Quién me iba a decir que me iba a preocupar Almería?»
En el congreso del PP de Andalucía, a principios de noviembre, Juanma Moreno le hizo una confesión al consejero Antonio Sanz: «¿Quién me iba a decir a mí hace tres años que iba a estar tranquilo con Sevilla y preocupado con Almería?». Se refería así a que la provincia convulsa era siempre la sevillana, y no el caladero almeriense de Vox. Y esa confesión la hizo antes de que la UCO destapase el alcance de la presunta corrupción del ‘popular’ Javier AurelianoGarcía. «Es la guinda del pastel para que Vox gane allí. Además, todo el aparato era de García, y queda desarmado», dicen.
El pendulazo ideológico y la profecía de Woody Allen
Los grandes consensos aperturistas del orden liberal están en juego también en nuestro país. Vuelve la política de los hombres fuertes y de la reacción autoritaria. También aquí es real esa amenaza. La frustración del votante que siente que ha perdido el control de su destino -y sus privilegios- se canaliza ahora en la dirección contraria: el aislamiento, cerrar las fronteras, demonizar a los extranjeros, azuzar la sensación de inseguridad. Y, en suma, responder con un pendulazo. En palabras de Woody Allen, «los malos han comprendido algo que los buenos no saben».
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