<p>Una casa de once habitaciones para 13 habitantes. Sin zonas comunes más allá de la cocina y cuatro baños (uno de ellos, individual) porque toda la construcción se ha aprovechado al milímetro para su alquiler. Algunas habitaciones tienen paredes hechas de pladur que no evitan que traspase la luz, describen los inquilinos, mientras que en otras sólo cabe una cama individual y un pequeño escritorio. El tamaño de los dormitorios varía al igual que sus precio: entre 400 y 600 euros. Sus habitantes calculan que en total, la casa genera 5.500 euros mensuales.</p>
El alquiler por dormitorios es una opción cada vez más recurrente entre los adultos cuyas nóminas y pensiones no crecen al mismo ritmo que los precios
Una casa de once habitaciones para 13 habitantes. Sin zonas comunes más allá de la cocina y cuatro baños (uno de ellos, individual) porque toda la construcción se ha aprovechado al milímetro para su alquiler. Algunas habitaciones tienen paredes hechas de pladur que no evitan que traspase la luz, describen los inquilinos, mientras que en otras sólo cabe una cama individual y un pequeño escritorio. El tamaño de los dormitorios varía al igual que sus precio: entre 400 y 600 euros. Sus habitantes calculan que en total, la casa genera 5.500 euros mensuales.
Pero una de ellos, Begoña, se considera afortunada porque su habitación es la de mayor tamaño y sólo le cuesta 600 euros en el barrio de Barajas (Madrid). «Parece que estoy en un colegio mayor», bromea. Pero no es una casa de estudiantes, sino de adultos, y Begoña tiene 63 años, está jubilada a causa de un cáncer desde hace años, y tiene una pensión de 835 euros. En ocasiones cuenta con apoyo familiar, pero en lo que a sus ingresos propios se refiere, sólo en el alquiler emplea el 68,75%. Osea, que duplica la recomendación de no destinar más del 30% de su renta a la vivienda.
Y en estas, se teme la subida del precio de su contrato el próximo marzo, como ya le ocurrió al acabar hace seis meses. Entonces pasó de 550 euros iniciales a 600 euros. «Siempre estás temblando. Estás en sus manos», expresa. Lo cierto es que, al ser un contrato por habitaciones y temporal, sus condiciones no están reguladas por la Ley de Vivienda.
La situación de Begoña es llamativa -forma parte del 1% de los españoles mayores de 45 años que viven en una habitación alquilada, según los datos de Spotahome- pero no singular. El alquiler estrictamente individual de habitaciones se extiende por todo el país. A diferencia del contrato de piso compartido, en el que todos los inquilinos se reparten el total del precio de la vivienda, este formato permite poner precio a cada habitación, y sin restricciones.
Un sistema que «en los últimos tiempos» se ha convertido en «una tendencia realmente preocupante«, según valoró Pedro Sánchez el pasado enero. Eso ha hecho reaccionar ahora al Gobierno, que ha iniciado el camino para frenar «los abusos en el alquiler por habitaciones» y regular estos formatos que escapan a la Ley de Vivienda que sí aplica en el resto de contratos residenciales.
A la espera de que se materialice la propuesta, una de las medidas anunciadas será limitar por ley el precio máximo del alquiler de una habitación, de forma que la suma de las rentas de todas las habitaciones no supere el valor de la vivienda completa.
Es decir, en teoría no ocurriría el siguiente ejemplo: un piso compartido y valorado en 1.300 euros queda en 325 euros por habitación según se reparta internamente, porque los inquilinos asumen la responsabilidad de pago conjuntamente. Con la normativa actual, la misma vivienda con un contrato por habitaciones puede generar 2.000 euros si el arrendatario valora alquilar cada habitación por 500 euros, con distintos contratos.
Por otro lado, el Ejecutivo se encuentra negociando aplicar una serie de incentivos, o desincentivos, en el IRPF para los caseros que suban, o no, el precio de su alquiler. Esta medida le parece a Begoña «un disparate» que «no está bien» en lo que a grandes propietarios se refiere. También lo creen así los socios del Gobierno, que ven un premio al propietario.
Pero de vuelta a esta inquilina madrileña, aún así expresa que «ojalá lo regulasen de alguna manera. No es posible que me suba más el alquiler [50 euros] de lo que me sube mi pensión al año [unos 20 euros]. Así siempre estás con la espada de Damocles encima», lamenta. Eludiendo el hecho de que, como ella misma expresa, «ahorrar es una palabra que no entra en mi vocabulario», a los gastos de la vivienda y habituales añade los del tratamiento de su enfermedad. «No me niego a seguir pagando. Pero si me suben más, no voy a poder seguir, y si me echan, no tengo a dónde ir», insiste. La pensión media por enfermedad que referencia Begoña, en los últimos cinco años, se ha revalorizado un 18,33%. En el caso de otros ingresos, el salario medio bruto (sin descontar impuestos y cotizaciones) lo ha hecho en un 17%. Y, desde 2020, el precio promedio de una habitación alquilada ha aumentado en un 21% para todo el ámbito nacional, según datos de Idealista.
En otro barrio de la periferia, aún en Madrid, viven Nicole (29) y Óscar (36). Pagan el alquiler de una habitación individual con un baño propio para ambos (el resto de sus compañeros de piso, en tres habitaciones más, se valen de un único baño). Su habitación era antes el salón del piso, otro de los muchos adaptados para ser alquilado por habitaciones. Y no hay zonas comunes más allá de la cocina, ni siquiera comedor.
Nicole tiene un trabajo estable como cuidadora, ingresa 1.300 euros al mes, pero resta 400 euros de un crédito para pagar sus estudios. Óscar tiene un contrato de pocas horas, y su nómina no llega a los 1.000 euros. Entre ambos suman alrededor de 1.900 euros al mes, una cifra precaria que les empujó a compartir piso antes de poder permitirse una vivienda propia. «Es imposible conseguir un piso si no te dejas hasta el alma», declara Nicole. En su caso, quedan fuera del mercado de la vivienda completa porque todavía están tramitando su documentación como residentes, y son muchas las barreras que se alzan a los extranjeros como ellos. «Al alquilar una habitación no te piden tantos requisitos porque al final se rota mucho», explica, pero lamenta precisamente la falta de estabilidad en su hogar. Entre ellos, para quienes su habitación tiene un coste de 650 euros, y sus tres compañeras de piso que pagan alrededor de 500 euros, el apartamento sin zonas comunes en el barrio de Hortaleza genera alrededor de 2.150 euros mensuales.
En otro punto de la capital española, Chema (22) tenía claro que quería cambiar de vivienda, y en el momento de publicación de este texto, lo acaba de conseguir: un piso a repartir de forma equitativa con otros tres compañeros por 1.750 euros. Una mejora respecto a su antigua vivienda, mucho menos ideal: cerca de 650 euros al mes (precio fijo de 600 euros y gastos) «por una habitación en la que me cabe la cama, un escritorio pequeño y un armario (empotrado)». Pero, por suerte, cabía su equipo de grabación de música, una de sus pasiones y que compagina con su trabajo como consultor en una firma. Compartía un piso con otros cinco compañeros más, había dos baños comunes y uno privado. Sin salón, porque también se había transformado en dos dormitorios. El precio base oscilaba desde los 540 euros para su compañero más antiguo, hasta los 600 euros para la última en llegar.
Y Chema, en su primer empleo con una nómina de 1.500 euros, asumía íntegramente el alquiler, lo que implicaba destinar a su vivienda el 43% de sus ingresos. «Quería mudarme por ganar comodidad, pasar de seis compañeros a cuatro, mejorar precio…» y seguir ahorrando. Lleva unos meses reservando lo que queda de su nómina (300 euros) con un cuidadoso régimen, porque «de cara a comprarme una casa en un futuro, ¿cómo lo haré?».
Quien hasta hace unos días era su compañero de piso, Diego (40), ya ha asumido este aspecto: «Encontrar una vivienda, ya no solo a nivel económico, sino lo que te plantean en requisitos, entrevistas, límites de edad…, lo ponen todo muy complicado, sobre todo para una persona sola», valora. Para él, que se divorció antes de pasar a compartir piso, vivir en solitario no es opción en Madrid, donde tiene su trabajo. «Una habitación con baño privado es lo más parecido a, digamos, una vivienda para ti solo«, expresa. Él paga 590 euros más gastos, que llegan a unos 50 euros aproximadamente; sus ingresos, que llegan a los 2.000 euros de base, le permiten ahorrar un poco. Su vivienda no le quita más del 29% de su renta. Pero «es complicado», insiste.
Diego forma parte del 5% de los españoles entre 35 y 45 años que viven en una habitación alquilada, según los datos de Spotahome. La plataforma estima que el 58% de quienes opta por este tipo de contratos tiene menos de 24 años, frente al 33% de quienes se ubican entre los 25 y 34 años.
Y él, con experiencia en el alquiler, echa la mirada atrás: «En el año 2015 yo vivía alquilado en un loft (de dos plantas y con plaza de aparcamiento) en Madrid, y pagaba 550 euros. No me pidieron prácticamente requisitos. Y diez años después, ves que se han duplicado y triplicado los alquileres, y te ponen mil dificultades».
En el caso de Chema, optar por el contrato estricto de alquiler de habitaciones se debió a la inmediatez, que no le daba margen para encontrar algo más asequible. Debía llegar cuanto antes su puesto a su primer empleo. Y aunque tenía experiencia buscando alojamiento en Almería, donde el precio por habitación se sitúa en la media de 300 euros a cierre de 2025, la andaluza lógicamente no es comparable con la capital española (con una media de 575 euros).
En cambio, sí se aproxima a esta cifra Málaga (450 euros promedio por habitación), que gana la competición por ser la ciudad de mayor coste por habitación en Andalucía. Tampoco es que haya muchas más opciones, alega Gabriel (33 años): «Alquilar aquí un piso es imposible, es más de un sueldo. Por lo menos, te dejas de 1.200 a 1.700 euros. La vivienda en Málaga se ha puesto a niveles de las grandes capitales». Y también pone trabas a quienes vienen por un tiempo: Gabriel ocupa una plaza de tres años en una de las delegación territoriales de Málaga. Esta temporalidad le ha supuesto un reto a la hora de plantearse su alojamiento, al igual que el margen de sus ingresos: 1.200 euros mensuales. Con ello paga una habitación de 475 euros (con los gastos supera los 515 euros) dentro de un piso con cinco compañeros más. Su nuevo hogar, en el barrio Carlos Haya, se resume en «un escritorio, una cama, un armario y dos estanterías». Él, por suerte, sí cuenta con un salón. Lo que no tiene son muchos ahorros: se deja el 42,91% de sus ingresos en el alquiler.
Gabriel lamenta que el coste de vida esté llegando a unos niveles insostenibles, y es consciente de que parte de este pastel se lo lleva su morada. Lo cierto es que, entre 2020 y 2024, el gasto en vivienda y suministros para un ciudadano español ha crecido hasta un 13,86%, según los datos del INE. Solo en 2024 la subida interanual fue del 5,60%.
La situación de Gabriel es el desenlace de alguien que debe ocupar una plaza en poco tiempo (tuvo una semana) en una ciudad ajena. Algo parecido le sucedió a Andrea (27), que en su primer alquiler por habitaciones tuvo dos semanas de búsqueda, condicionadas por un aspecto muy relevante: el destino era Barcelona, la capital española de los altos alquileres. En habitaciones, su alquiler medio alcanza los 600 euros. Mientras, el alquiler de una vivienda completa ronda los 1.652 euros de media, según el Observatorio del Alquiler de Alquiler Seguro (que estima la media nacional en 1.500 euros).
En aquel momento, el salario de Andrea le alcanzó para una habitación por 600 euros, con una cama pegada a la pared y ventana al interior del edificio. «A nivel de habitación estaba bastante mal, pero no me podía quejar, vistos los precios de Barcelona. Y un piso en solitario no me podía permitírmelo con una nómina de 1.200 euros», explica, porque entonces el suyo era un contrato de prácticas.
En dos años no ve que haya mejorado la situación del mercado del alquiler («está súpersaturado»), aunque sí la propia: tiene «una suerte increíble» porque ahora vive alquilado en otra habitación, en un piso de cuatro habitantes, con dos baños. Paga por él 610 euros mensuales, y tiene un dormitorio más grande. También ha mejorado su salario a 2.000 euros, con lo que consigue ahorrar «algo» -cumple por poco con las recomendaciones, destinando el 30,5% de sus ingresos a la vivienda- sin que eso sea suficiente para ganar independencia. «Me gustaría vivir en solitario, sí, pero tendría un presupuesto de 1.000 euros aproximadamente, y encontrar algo por debajo de eso en Barcelona es imposible», explica.
Al 2020, año de parálisis económica a raíz de la pandemia de Covid-19, le siguió la crisis de los precios (en energía y materias primas) derivada de la guerra de Ucrania. Un repunte de la inflación que continúa hoy, alimentada por las tensiones comerciales.
Entre 2020 y 2025, el Índice de Precios de Consumo aumentó un 19,4%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Esto se traduce en un encarecimiento de todos los productos en general.
En estos términos, y entre otros gastos habituales, sólo el de vivienda y suministros para una persona creció en un 13,86%, pasando de los 3.876 euros en 2020 a los 4.414,27 euros en 2024. En este último, el alza interanual fue del 5,60%.
Si se observan los ingresos, el salario medio bruto en el mismo período aumenta en un 17%. Pasa de los 2.038,60 euros de 2024 a los 2.385,60 euros en 2024 (sin descontar impuestos y cotizaciones).
En términos de pensiones, los datos de Seguridad Social muestran que en los últimos cinco años la prestación por enfermedad se ha revalorizado un 18,33%. En cambio, crece más la pensión por jubilación: hasta un 27,70% que la eleva de los 1.161 euros de media en 2020 a los 1.448 euros en 2024.
Entre medias, la crisis del alquiler se ha recrudecido ante una oferta insuficiente para una demanda en aumento. En los mismos cinco años, el precio de una habitación, en todo el ámbito nacional, se ha revalorizado de media un 21% según datos de Idealista para todos los formatos de contrato (residencias, individuales, pisos compartidos). Para 2025, el precio medio se situó en 425 euros por habitación.
Si se observa el precio por metro cuadrado, la variable que ofrece Idealista en su registro histórico, el precio se situó en 10,70 euros por metro cuadrado en diciembre de 2020. A cierre de 2025, se situó en 14,70 euros por metro cuadrado, lo que significa que aumenta un 37,38%. Hay que puntualizar, sin embargo, que esto es un valor promedio: los precios del alquiler crecen de forma muy variada en el país.
Por ejemplo, en la misma fecha (diciembre de 2025), en Barcelona el precio por metro cuadrado se situó en los 23,80 euros; en Madrid fue de 22,70 euros, y en Málaga, de 15,80 euros. Ciudad Real, con uno de los índices más baratos, se alquilaba por 7,90 euros por metro cuadrado.
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