<p>Rocío regresaba el domingo 18 de Madrid tras realizar el examen de las oposiciones al cuerpo de funcionarios de prisiones. Viajaba <strong>en el vagón 4 del Alvia</strong> que había partido de la estación de Atocha a las 18:05 y a las 19:40 volvió a nacer. Lo cuenta, al borde de las lágrimas y con un collarín en el cuello, antes de entrar, este jueves, en el Pabellón de Deportes Carolina Marín de Huelva, convertido en escenario del funeral por las 45 víctimas del <a href=»https://www.elmundo.es/espana/accidente-tren-cordoba.html»>accidente ferroviario de Adamuz</a> (Córdoba).</p>
La ausencia de Pedro Sánchez templa los ánimos de las familias, que aparcan sus críticas y piden huir de la politización
Rocío regresaba el domingo 18 de Madrid tras realizar el examen de las oposiciones al cuerpo de funcionarios de prisiones. Viajaba en el vagón 4 del Alvia que había partido de la estación de Atocha a las 18:05 y a las 19:40 volvió a nacer. Lo cuenta, al borde de las lágrimas y con un collarín en el cuello, antes de entrar, este jueves, en el Pabellón de Deportes Carolina Marín de Huelva, convertido en escenario del funeral por las 45 víctimas del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba).
«Podía haber sido yo y hoy vengo a cumplir con quienes murieron», dice emocionada. Cuenta que no ha podido olvidar aquel día, pero su pensamiento, insiste, está sobre todo con quienes no tuvieron su misma suerte. Dentro, en la zona de sillas reservadas a heridos y familiares, Rocío se sienta en una de las últimas filas, en una esquina.
Cuando se le pregunta por la respuesta de la clase política, por la gestión de las administraciones, la investigación del siniestro o la polémica por el homenaje fallido que pretendía organizar el Gobierno este mismo sábado, responde con una súplica: «No politicemos». Y sobre la misa organizada por el Obispado de Huelva, expresa una opinión compartida por numerosos afectados, especialmente los de esta provincia: «Huelva es muy rociera, muy de la Virgen y éste no podía ser un funeral laico».
Tampoco quiere hablar de los políticos María Ángeles, que, como Rocío, viajaba en el vagón 4 del Alvia con destino a Huelva. «No quiero hablar del tema», responde cuando se le pregunta si se ha sentido arropada por el Gobierno y por su opinión sobre los datos que se van conociendo de la investigación.
María Ángeles, que es natural de la localidad onubense de Villanueva de los Castillejos, tiene a su hijo, a su nuera y a sus nietos en Madrid y había viajado el fin de semana para cuidarles. «Mi hijo tenía una boda y me pidió que fuese a quedarme con los niños, ya lo había hecho antes», cuenta.
«Espero pasar página, pero me va a costar», manifiesta minutos antes de la misa para asistir a la cual se ha desplazado expresamente desde su pueblo. No ha ido, apunta, a ningún otro funeral, pero a éste, asegura, tenía que venir.
Explica que se levanta y se acuesta con el pensamiento de lo sucedido aquella noche a la altura del apeadero de Adamuz y confiesa una mezcla de sentimientos, de alivio por haber sobrevivido y de dolor por las familias de los que murieron en aquel choque.
María Ángeles, lo mismo que Rocío, han acudido hoy a la invitación del Obispado de Huelva. Más de 300 familiares y afectados que, en su inmensa mayoría, han acudido en silencio, de luto riguroso, más interior que exterior, al pabellón deportivo buscando consuelo.
Que el homenaje principal a las víctimas haya sido de carácter religioso, como muchos querían, y, sobre todo, que el Gobierno no haya tenido participación -más allá de la asistencia de la vicepresidenta María Jesús Montero y otros dos ministros- y que ellas hayan sido las protagonistas ha contribuido a calmar ánimos y no se han escuchado críticas como las de días anteriores.
Ellos, heridos y parientes de quienes murieron en Adamuz, han ocupado un sitio preferente, en mitad de la pista del pabellón deportivo, frente por frente a la imagen de la Virgen de la Cinta, la patrona de Huelva, mientras que los representantes políticos -finalmente una nutrida representación- ocupaban una grada lateral.
«Es el funeral que tenía que ser», señala el vicepresidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva, Agustín Cruzado, quien, como muchos en Huelva, conocía a algunas víctimas y a sus familias. Como a Natividad de la Torre, la abuela que volvía de Madrid junto a uno de sus hijos y a sus nietos, a los que había invitado a un musical tras vender unos terrenos.
Uno de los hijos de Natividad, Fidel Sáenz, presente asimismo este jueves en la misa en memoria de los fallecidos, ha sido una de las voces más críticas con el ejecutivo de Pedro Sánchez y con el Ministerio de Transportes dirigido por Óscar Puente.
El día de antes de este funeral le dirigió una carta abierta -publicada en su perfil de Instagram- al presidente del Gobierno en la que aseguraba que se han sentido abandonados y despreciados tras el siniestro. «El dolor se desprecia y la verdad se maquilla». «Quienes debían protegernos nos fallaron», afirmaba en la misiva.
Este jueves, junto a su hermana, la familia, en nombre de todos los asistentes, ha querido agradecer el calor recibido, el apoyo e insistir en que «éste era el único funeral que cabía en esta despedida», en alusión al homenaje de Estado fallido.
Hoy se trataba de rezar por las víctimas, de honrar a sus familiares muertos, una pausa en una lucha que no decae y que se materializa en las denuncias que se van sumando en el juzgado de Montoro que investiga posibles responsabilidades penales en el accidente.
Los hijos de Natividad también han querido dejar claro que su intención es pelear. «Lucharemos para saber la verdad, para que no haya otro tren».
Mediante grupos de WhatsApp y en Facebook, los afectados se organizan estos días con la vista puesta en constituir asociaciones o plataformas que defiendan sus intereses, que les permitan ser escuchados. Pero este jueves, en el funeral casi de Estado, religioso y sin Pedro Sánchez tocaba rezar en silencio.
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