La India acoge este fin de semana la cumbre de los BRICS, el foro de economías emergentes que inició su andadura política hace justamente 20 años para convertirse en uno de los principales escaparates del denominado Sur Global. La organización, que se ha ido ampliando en estas dos décadas hasta alcanzar los 11 miembros, reúne hoy cerca de la mitad de la población mundial y alrededor del 40% del producto interior bruto global medido en paridad de poder adquisitivo. Pero cuanto más crecen, más complicado resulta que hablen con una sola voz. Las diferencias sobre Estados Unidos, el futuro del orden internacional y las guerras de Ucrania e Irán se perfilan como el gran examen del fin de semana para un grupo que deberá evitar que esos asuntos secuestren la agenda y diluyan las demandas que explican su atractivo para buena parte del mundo en desarrollo.
El grupo llega a su cumbre de Nueva Delhi con un peso económico creciente, pero con profundas diferencias sobre las principales crisis mundiales
La India acoge este fin de semana la cumbre de los BRICS, el foro de economías emergentes que inició su andadura política hace justamente 20 años para convertirse en uno de los principales escaparates del denominado Sur Global. La organización, que se ha ido ampliando en estas dos décadas hasta alcanzar los 11 miembros, reúne hoy cerca de la mitad de la población mundial y alrededor del 40% del producto interior bruto global medido en paridad de poder adquisitivo. Pero cuanto más crecen, más complicado resulta que hablen con una sola voz. Las diferencias sobre Estados Unidos, el futuro del orden internacional y las guerras de Ucrania e Irán se perfilan como el gran examen del fin de semana para un grupo que deberá evitar que esos asuntos secuestren la agenda y diluyan las demandas que explican su atractivo para buena parte del mundo en desarrollo.
El foro, que nació con Brasil, Rusia, India y China y al que en 2010 se unió Sudáfrica, cuenta desde hace dos años también con Egipto, Etiopía, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Indonesia y Arabia Saudí entre sus filas. La adhesión de este último sigue rodeada de cierta ambigüedad, pese a que la presidencia india lo incluye entre los miembros. Otros 10 países participan como socios, una categoría que les permite intervenir en determinados mecanismos y reuniones.
Esa expansión ha dado a los BRICS una relevancia difícil de ignorar y ha reforzado su pretensión de hablar en nombre del Sur Global. Pero ese peso agregado sigue siendo, en buena medida, más estadístico que político, ya que todavía no se ha traducido en una capacidad equivalente para actuar de forma coordinada, fijar posiciones comunes ante las grandes crisis o influir de manera decisiva en las reglas internacionales.
Esa contradicción está inscrita en la propia naturaleza de los BRICS. No son una alianza militar ni un bloque económico integrado, sino una plataforma intergubernamental informal (no tiene tratado constitutivo ni secretaría permanente) que funciona mediante una presidencia rotatoria y adopta sus decisiones por consenso. Esa falta de ataduras ha permitido reunir a países con sistemas políticos, modelos económicos y alianzas muy diferentes, pero también hace que cada capital proyecte sobre el grupo una idea diferente de su función.
La guerra contra Irán ha convertido esas diferencias en un problema inmediato. La fractura quedó expuesta en mayo, durante la reunión de ministros de Exteriores. Teherán pretendía que el grupo condenara los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel, pero el encuentro derivó en un duro enfrentamiento entre dos de sus miembros. El titular iraní, Abbas Araqchi, acusó a Emiratos Árabes Unidos (que alberga bases estadounidenses y ha sido alcanzado por misiles iraníes) de haber participado en las operaciones contra su país. Abu Dabi negó cualquier implicación y denunció la acusación. Los cancilleres fueron incapaces de consensuar una declaración conjunta y Nueva Delhi tuvo que publicar un documento que reflejaba las reservas planteadas por varios países sobre Oriente Próximo, Gaza y la libertad de navegación en rutas marítimas estratégicas.
Ese precedente amenazaba con repetirse este fin de semana, pero los negociadores han terminado aprobando este sábado por unanimidad una declaración conjunta después de negociar una fórmula capaz de salvar las diferencias entre Irán y Emiratos Árabes Unidos. El texto condena el recurso unilateral a la guerra por parte de cualquier Estado, pero evitará mencionar un país concreto. La solución permite preservar el consenso sin señalar expresamente a Estados Unidos e Israel por sus ataques contra Irán ni a Teherán por su ofensiva contra los países del Golfo.
La invasión rusa de Ucrania añade otra línea de fractura: Moscú busca apoyo político y una condena de las sanciones, mientras que otros integrantes evitan tanto sumarse a las medidas occidentales como respaldar abiertamente la invasión lanzada por el Kremlin.

La India, que ocupa la presidencia rotatoria, quiere presentar la cumbre como un éxito diplomático y afianzar su aspiración a liderar el Sur Global. Pero recela de convertir el foro en una coalición contra Occidente. Chietigj Bajpaee, investigador de Chatham House, un instituto londinense de relaciones internacionales, describe el objetivo indio como la búsqueda de “un orden no occidental, pero no explícitamente antioccidental”. El deterioro de la relación con la Administración de Donald Trump, agravado por las fricciones comerciales, ha llevado a Nueva Delhi a recuperar terreno recientemente con Pekín y a reforzar su histórica relación con Moscú.
El primer ministro indio, Narendra Modi, recibió el viernes al líder ruso, Vladímir Putin, con quien acordó ampliar la cooperación energética, militar y comercial. Pese a las presiones estadounidenses, la India continúa comprando grandes cantidades de petróleo ruso y ambos países aspiran a elevar sus intercambios desde cerca de 70.000 millones de dólares actuales (unos 60.000 millones de euros) hasta los 100.000 millones (86.000 millones de euros) en 2030.
Por su parte, el presidente chino, Xi Jinping, ha viajado a la India por primera vez desde 2019, después de dos años de cauteloso deshielo entre las dos potencias asiáticas. El encuentro que Xi mantuvo con Modi durante la cumbre de Kazán (Rusia) en 2024, abrió el camino para rebajar las tensiones acumuladas desde el choque fronterizo de 2020, que hundió la relación bilateral después de que murieran soldados de ambos países. Modi visitó China en 2025 para participar en Tianjin en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, un foro euroasiático de diálogo político, económico y de seguridad liderado por Pekín y Moscú.
No obstante, persisten los recelos. El contencioso territorial y el enorme déficit comercial indio continúan limitando el acercamiento. Además, Nueva Delhi compite con Pekín por presentarse como portavoz de los países en desarrollo, aunque este último dispone de una presencia mucho más amplia en África y América Latina. Por otro lado, la India también integra el Quad, un foro de cooperación estratégica en el Indo-Pacífico con Estados Unidos, Japón y Australia.
El otro gran motor geopolítico del grupo, Rusia, adopta una posición más combativa sobre el futuro de los BRICS. Putin quiere transformarlos en una estructura económica capaz de proteger a sus integrantes frente a las sanciones occidentales mediante nuevas redes comerciales, tecnológicas y financieras. El mandatario ruso es uno de los grandes beneficiados, en términos de imagen, de las fotografías que emergen de estos foros alternativos. Su presencia junto a los líderes de las potencias emergentes le permite contrarrestar la imagen de aislamiento internacional que Occidente ha tratado de imponerle desde la invasión de Ucrania. El viernes, reclamó que avancen hacia una “alianza económica práctica” centrada en infraestructuras, inversiones y sistemas de pago alternativos.
En noviembre de 2024, Trump, entonces presidente electo de EE UU, amenazó con imponer “aranceles del 100%” a los países de los BRICS si creaban una moneda común o respaldaban otra divisa para sustituir al dólar. Según estimaciones del South China Morning Post, alrededor del 20% de las operaciones entre los miembros se liquida en monedas locales.
Pekín comparte con Moscú la voluntad de reducir el predominio estadounidense y promover un orden menos centrado en Occidente, pero evita impulsar una ruptura frontal que pueda incomodar a otros miembros o perjudicar su propio diálogo con Washington. Por su parte, Brasil, India y Sudáfrica perciben los BRICS principalmente como un instrumento para reformar el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el sistema de Naciones Unidas, instituciones en las que consideran insuficiente la representación de los países en desarrollo.
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