Cuando Marlon Echeverría (32 años) vivía en España nunca firmó un contrato fijo. «Acabé la carrera y tenía claro de que aquí era muy difícil tener un trabajo profesional cualificado y bien remunerado», cuenta. Se graduó de podólogo en la Universidad Miguel Hernández (UMH) en Alicante con un nivel alto de inglés, pero pasó por puestos de cajero a dependiente y siempre en contratos temporales… hasta que a sus 29 años decidió arriesgarse y hoy ya trabaja en Reino Unido, en una localidad cercana a Manchester. «Desde que me hicieron la entrevista me dijeron que sería un contrato fijo de tres años a jornada completa, aunque no tenía mucha experiencia. Eso es impensable en España», reconoce.
La fuga de talento supone una pérdida de potencial de capital humano de 154.800 millones de euros. Más de 600.000 jóvenes en edad de trabajar viven fuera del país
Cuando Marlon Echeverría (32 años) vivía en España nunca firmó un contrato fijo. «Acabé la carrera y tenía claro de que aquí era muy difícil tener un trabajo profesional cualificado y bien remunerado», cuenta. Se graduó de podólogo en la Universidad Miguel Hernández (UMH) en Alicante con un nivel alto de inglés, pero pasó por puestos de cajero a dependiente y siempre en contratos temporales… hasta que a sus 29 años decidió arriesgarse y hoy ya trabaja en Reino Unido, en una localidad cercana a Manchester. «Desde que me hicieron la entrevista me dijeron que sería un contrato fijo de tres años a jornada completa, aunque no tenía mucha experiencia. Eso es impensable en España», reconoce.
Como él, más de 600.000 jóvenes españoles de entre 20 a 34 años en edad para trabajar residen en el extranjero, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). De estos, la mayoría (362.415) se encuentran en América, mientras que más de 219.500 están en otros países de Europa, como Marlon Echeverría. Pero no ha sido porque su profesión no haga falta en el país. El problema alrededor de esta profesión es que la Seguridad Social no contempla la podología en el sistema de salud pública. Esto genera una sobrecarga en la atención primaria, genera retrasos y un aumento del riesgo de complicaciones graves, como en los casos de pie diabético donde el 20% de las infecciones provoca una amputación.
A pesar del cambio que supone salir del país, este programa en Reino Unido le dio a Marlon Echeverría la estabilidad que buscaba (y no encontraba) en las ofertas en el país. No te lo ponen nada fácil en España», lamenta Marlon Echeverría. En su caso, la institución organizó todo lo necesario. «Me dio alojamiento con tres meses pagados, me creó la cuenta de banco, me enseñó cómo ir al trabajo. ¿Quién te ayuda así en España?». De hecho, el país descendió dos posiciones -hasta la 36 de 69- en el World Talent Ranking 2025, una estadística de la escuela de negocios suiza IMD para evaluar la capacidad de los países de atraer, desarrollar y retener profesionales cualificados. «No me fui porque quisiera, sino por falta de oportunidades, por la precariedad, porque tampoco puedo estar toda mi vida viviendo con mis padres», dice.
A pesar de que la emigración es una mejora de en las oportunidades para estos profesionales, su salida en sí no es una buena noticia para el crecimiento de la economía. Solo en 2022, la fuga de talento supuso una pérdida de potencial de capital humano de 154.800 millones de euros, es decir, el valor económico del trabajo que esas personas habrían desarrollado en España durante el resto de su vida laboral; lo que representa un 40% más que en 2019 y un 0,93% del valor total del capital humano en España. Así lo cifra el estudio El valor económico del capital humano en España y sus regiones realizado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y BBVA.
«Esa emigración supone una perdida de recursos humanos del país y reduce su capacidad productiva», explica Lorenzo Serrano, investigador del Ivie. A largo plazo, el efecto negativo sobre el PIB «es más acusado cuanto más jóvenes son los emigrantes y mejor es su formación». Algo que es especialmente evidente en los profesionales sanitarios, ya que son «otros países los que se benefician de ese capital humano resultado de la inversión en educación en España (en gran medida financiada con recursos públicos)», señala el investigador.
Esto ocurrió en el caso de Marlon Echeverría. La UMH, por donde accedió al programa, es una universidad pública y, entre 10 a 15 estudiantes viajaron por una oportunidad en el extranjero. España alcanzó un gasto equivalente al 1,5%del PIB en 2024 en inversión en I+D, por debajo del 2,2%de media europea y aún menos que Suecia (3,6%)que alcanza el primer lugar. Como consecuencia, su capacidad de retener investigadores o especialistas en áreas estratégicas como la medicina y las ingenierías o, de más actualidad, la inteligencia artificial es más baja, lo que lastra la calidad de sus servicios y la competitividad. De hecho, este es un problema que arrastra en general el Viejo Continente. Por ejemplo, Europa tiene un 30%más de talento en IA per cápita que Estados Unidos, según Eoghan O’Neill de la oficina de IA de la Comisión Europea, pero terminan en EEUU y Reino Unido. Lo mismo pasa en el sector de la salud. El Parlamento Europeo ha alertado sobre las consecuencias del éxodo sanitario en la sobrecarga a los profesionales, burnout, el aumento de listas de espera y la caída de la calidad de los servicios. «Estoy muy contento con mi equipo en Reino Unido. Lo único que me da pena es haberme ido a otro país para obtener este empleo. No sé por qué en España cuesta tanto encontrar un trabajo digno», lamenta Marlon Echeverría.
A un nivel más amplio, la Comisión Europea ya alerta sobre este fenómeno, sobre todo en aquellos territorios incapaces de compensar la pérdida de su población activa por despoblación y envejecimiento, a lo que llama la trampa del desarrollo del talento. Se trata de 46 regiones que ya están en esta situación, como casi toda Bulgaria y Rumanía, y otras 36 que corren riesgo de caer en esto, entre las que están Castilla y León, Extremadura y Castilla-La Mancha. Además del efecto en la oferta, la emigración también tiene un impacto negativo en la demanda agregada, es decir, el gasto total planeado en un país. Al suponer menos PIB, hay menos renta agregada para poder gastar, detalla el investigador.
Regresando España, su problema no solo se queda en el talento nacional, sino también en el internacional. En su caso, es el principal receptor de inmigración de Europa en términos relativos. En 13 de los 25 años entre 2000 y 2024, registró la mayor intensidad de llegadas sobre el total de su población entre los países de la UE y ya supera en la actualidad el millón de entradas anuales. Por eso, se esperaría que quienes llegan en edad para trabajar hagan un mayor peso en la mano de obra, sobre todo los jóvenes. Sin embargo, la tasa de retención del país es una de las más bajas de Europa (35%), solo por delante de Chipre, Eslovenia, Estonia, Grecia y Polonia, y muy lejos de las tasas de Alemania, Suecia (alrededor del 60%), o incluso Francia e Italia (en torno al 50%). Estos datos pertenecen al estudio Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España realizado por Funcas.
De 2021 a 2025, la tasa de retención de los jóvenes extranjeros de 20 a 54 años llegó hasta el 46% (lo que generó un aumento de la población en edad para trabajar creciera un 25%), mientras que la de los mayores llegó a 110% (con un aumento de esta cohorte del 42% en el total de la población). Una capacidad más alta de retención de los mayores de 54 años «con menor empleabilidad, menos vida laboral por delante y presumiblemente menos formación» supone también «más necesidades de gasto social y sanitario ahora mismo», detalla el investigador del Ivie.
En cualquier caso, España reconoce la fuga de cerebros y busca combatirla a través de iniciativas como el Programa Atrae para incorporar talento investigador o, en el caso de las comunidades, ayudas de hasta 6.000 euros para quienes decidan regresar. Por el lado de las empresas, muchas priorizan la fidelización de los empleados y la mejora de las condiciones en cuanto a flexibilidad horaria o la formación continua, aunque deben competir con los beneficios que los jóvenes reciben en el extranjero. «Todos los efectos serán más intensos cuanto más definitiva sea la emigración y se verían moderados cuando la emigración fuese una etapa temporal antes del retorno. Por ejemplo, casos como una emigración temporal para completar formación y ganar experiencia internacional retornando después a España a desarrollar su vida laboral, entonces sería algo bastante diferente», apunta Serrano.
La buena noticia para España es que no todo está perdido y muchos de los que se fueron aún quisieran regresar. «Me siento agradecido por la experiencia en Reino Unido, pero España sigue siendo mi hogar y me gustaría que en el futuro más profesionales pudieran elegir quedarse sin renunciar a sus aspiraciones», cuenta. Eso sí, sin renunciar a la seguridad que tenía en el extranjero. «Estoy mirando a ver si me puedo comprar una casa dentro de unos años en España. Me gustaría volver algún día, pero volver con algo estable y no a lo loco». Las condiciones que le ofrece Reino Unido le permiten tener un margen de ahorro y estabilidad para planear su regreso a España en el futuro. «Yo digo que si tienes la oportunidad de salir, sal y experimenta. Coge experiencia, ahorra. Siempre puedes volver», dice Marlon Echeverría. Y eso es lo que él piensa hacer.
El sentimiento de tener que salir del país para encontrar mejores oportunidades se extiende cada vez más entre las nuevas generaciones, pero es slgo que también se les escapa de las manos a muchos otros que no cuentan con los recursos suficientes para salir de España y enfrentan más dificultades. Vea el siguiente capítulo de No es país para jóvenes con la historia de Rafael y sus 27 años viviendo de alquiler con sus padres.
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