<p>Dice <strong>Natalia Tena </strong>(Londres, 1984) que su inmejorable estado físico es consecuencia en buena medida de todo lo que ha corrido en su vida para esconderse y poder fumar sin que la pillaran. Lo dice y enciende un cigarrillo. </p>
La actriz, que logró fama internacional gracias a Harry Potter y ‘Juego de tronos’ y que se confiesa feliz con sus gatos y su pareja en la barcaza anclada en los canales del Támesis en la que vive, estrena ‘El mal’, de Juanma Bajo Ulloa
Dice Natalia Tena (Londres, 1984) que su inmejorable estado físico es consecuencia en buena medida de todo lo que ha corrido en su vida para esconderse y poder fumar sin que la pillaran. Lo dice y enciende un cigarrillo.
Mitad extremeña por parte de madre, mitad vasca por parte de padre y londinense, aunque ya no le quede ni hueco ni porcentaje, porque no le queda más remedio (puesto que ahí nació), la actriz que antes fue Nymphadora Tonks en Harry Potter y la salvaje Osha en Juego de tronos, ahora es el mismo Mal (con la M mayúscula) en, precisamente, El mal, la última película de Juanma Bajo Ulloa.
«Fue un error quedarme a mirar Instagram ayer cuando acabó la premier de la película. No pegué ojo», dice, enciende un cigarrillo y se confiesa: «Hice mal».
- Tengo la impresión que cada vez se prodiga más en el cine español. La recuerdo de 10.000 kilómetros y de Tierra firme, las dos de Carlos Marqués-Marcet…
- Sí, la última además se rodó en mi casa.
- En su barco.
- Eso es. Ahora tengo otro. Aquél era muy estrecho. El de ahora es mejor, más amplio y, además, ya estamos fijos instalados en un muelle. Es decir, ya no hace falta que nos movamos de un lado a otro.
- Me pierdo.
- Vamos a ver. Tengo claro que lo peor que te puede pasar en la vida es una mudanza. Y desde los 18 años no he hecho más que trasladarme de un sitio a otro. Por eso, a los 27 o 28 años decidí que si me mudaba era con todo, con la casa y todo. Y de ahí que me fuera a vivir a un barco. Y me ha funcionado hasta ahora. Lo que ocurre es que te haces mayor y cada vez es más difícil. Así que, por fin, tenemos un sitio fijo con unos vecinos increíbles en un ambiente con sabor muy loco. Mi chico calculó que hemos ganado 26 días al año, que es lo que pierdes cuando cambias de emplazamiento… Es muy difícil conseguir estos lugares estables.
- Lástima que no haya por aquí ríos navegables…
- En 2012 no había casi nadie por los canales del Támesis. A partir de 2016 fue un auténtico aluvión y tuvieron que cambiar las leyes. Te obligaban a moverte 26 millas al año o te quitaban la licencia. El problema de vivienda en Londres es horrible. Creo que mucho peor que el que se pueda vivir en España.
- ¿Cuál es su relación con España?
- En mi casa siempre se habló español. Es más, mi padre sigue aún sin hablar bien inglés. Se inventa palabras. Es muy loco y muy divertido. Me encanta. Además, como no teníamos mucho dinero, desde pequeña, con apenas tres años, me mandaban sola a España en el avión a casa de mis abuelos. Mi padre es vasco y mi madre es extremeña. Además, son muy diferentes entre sí. Mi madre, pequeñita y de tez oscura; y mi padre, alto y de piel muy blanca. Yo estoy justo en medio. Amo Londres, pero, como yo digo, de cintura para abajo soy española.
- ¿Y dónde le surgió lo de ser actriz?
- Mi madre trabajaba en Naciones Unidas y le dieron la oportunidad de poder inscribirme en un colegio de élite al que yo iba gratis. Ahí me enamoré del teatro, pero nunca pensé que pudiera ser un trabajo real. Estaba convencida de que tenías que conocer a alguien. Era un internado donde si te pillaban fumando o bebiendo te castigaban el fin de semana. Yo me pasaba ahí todos los fines de semana. Un día estaba fumando y me pilló el profesor de teatro precisamente. En vez de delatarme, me mandó a una habitación donde estaban haciendo un cásting de niños. Yo tenías rastas, un piercing… no pintaba nada ahí… ¿De qué podía hacer? ¿Del camello de los niños? Pues bien, hice la prueba y me cogieron para Un niño grande con Hugh Grant. Y ahí empezó todo. Con 16 años ya tenía representante.
- Fumar sirve para algo entonces…
- Siempre digo que para poder fumar tuve que correr tanto para esconderme que ahora soy una gran corredora.
- Tras pasar por grandes producciones, ¿elige ya sus proyectos?
- En verdad, leo todo lo que me llega. No estoy tan arriba. Pero dentro de mis facultades, siempre elijo lo que más miedo me da. Si no tengo claro si voy a poder hacer un papel, me obligo a hacerlo. Cuando hice la serie Origin, por ejemplo, el nivel de exigencia físico era tan alto que hasta se me fue la regla.
- En El mal personifica al mal…
- En realidad, mi personaje es como un animal. Mata, pero no lo hace por maldad. De hecho, me inspiré en una mantis religiosa…
- Le quería preguntar si no cree que vivimos en un mundo donde el mal ha triunfado definitivamente.
- Sí, es cierto, mandan los malos. Vivimos un tiempo raro en el que, de repente, ser malo y tratar mal a los demás resulta hasta atractivo. Es terrible. Mandan los que son capaces de alzar más la voz. Es una consecuencia de que aún vivimos dentro y con los conceptos del patriarcado. El problema es que aún no se ha desarrollado una alternativa desde la mujer, no se nos ha dado la opción siquiera de ser malas a nuestra manera.
- Y el problema quizá también es que, ante los avances del feminismo, ha habido una reacción salvaje…
- Eso es. El backlash (retroceso) ha sido desproporcionado ante la amenaza de la pérdida de privilegios. Y, como decía, el Black Lives Matter y el Metoo se vivieron como una denuncia y, en efecto, se avanzó muchísimo, pero no había un plan que dejara claro hacia dónde queríamos cambiar. Muchos hombre se sintieron atacados.
- Hablando de cambios, ¿cómo vivió, en calidad de personaje de Harry Potter, la polémica alrededor de las declaraciones tránsfobas de J.K. Rowling?
- Me sorprendió mucho el nivel tan alto de odio. No entendí nada. Recuerdo que leí sus argumentaciones y, sin estar de acuerdo, no me parecía nada de otro mundo. No creo que fuera una radical. Yo creo que fueron las redes sociales las que la hicieron radicalizarse. Se metió en eso y se cavó su propio hoyo. Es un error leer lo que dicen de ti en las redes. Haz lo que tengas que hacer y ya.
- ¿Le preocupa o le inquieta lo que sucede en las redes?
- Sí, una vez se me ocurrió poner en Twitter que me gustaba un libro de precisamente J.K. Rowling, me di la vuelta y, de repente, había 28 retuits. Me dio un poco de miedo. Me alegro de haber crecido sin esta exposición. Es como si ahora no pudieras cometer errores ni hacer locuras. No sé, a lo mejor es bueno lo que sucede ahora porque sabes que si haces el idiota te están viendo… Aunque no creo.
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