<p>La transición energética en España y, sobre todo, la existencia de una energía segura y barata es un desafío que requiere soluciones pragmáticas, estables y visión de Estado. En este contexto, la energía nuclear emerge no como una reliquia del pasado, sino como un pilar insustituible y una tecnología de futuro, especialmente a través de los <strong>Reactores Modulares Pequeños (SMR).</strong> Defender la extensión de la vida operativa de las centrales existentes y la planificación de un programa de mini centrales es una estrategia crucial para garantizar la seguridad de suministro y la competitividad de la economía española.</p>
Las centrales y reactores nucleares instalados son una clave para la transición energética que requiere visión de Estado. Su cierre escalonado pone en peligro la estabilidad de todo el sistema eléctrico
La transición energética en España y, sobre todo, la existencia de una energía segura y barata es un desafío que requiere soluciones pragmáticas, estables y visión de Estado. En este contexto, la energía nuclear emerge no como una reliquia del pasado, sino como un pilar insustituible y una tecnología de futuro, especialmente a través de los Reactores Modulares Pequeños (SMR). Defender la extensión de la vida operativa de las centrales existentes y la planificación de un programa de mini centrales es una estrategia crucial para garantizar la seguridad de suministro y la competitividad de la economía española.
España cuenta con un parque nuclear de cinco centrales y siete reactores que generan entre el 20 y el 22% de nuestra electricidad libre de emisiones de carbono de forma constante y predecible. El actual calendario de su cierre escalonado, previsto entre 2027 y 2035, es una decisión político-ideológica que pone en riesgo extremo la estabilidad del sistema eléctrico y dificulta, si no imposibilita, la consecución de la descarbonización.
El cierre nuclear es una apuesta de altísimo riesgo que aumenta drásticamente la probabilidad de apagones generalizados. Desmantelar de forma anticipada una fuente masiva de electricidad no emisora antes de tener sustitutos firmes y estables, es una irresponsabilidad. La red perdería una potencia esencial que actúa, junto a los ciclos combinados y la hidraúlica, como un «colchón de seguridad».
La principal fortaleza de la energía nuclear es su capacidad de operación continua independientemente de las condiciones meteorológicas. Las energías renovables (eólica y solar) son intermitentes, no almacenables y requieren un respaldo firme e inmediato. La nuclear actúa como una «red de seguridad» en el sistema eléctrico, aportando una potencia constante que, como se ha señalado, reduce el peligro de apagones y la volatilidad de los precios en el mercado mayorista.
Las centrales españolas, construidas en las décadas de 1980, se basaron en diseños norteamericanos, donde ya se ha aprobado la extensión de vida útil de reactores gemelos a 60 e incluso 80 años, tras rigurosas inspecciones y mejoras. Pero a la ideológica decisión de cierre se suma otro factor crucial: la fiscalidad confiscatoria que recae sobre la producción nuclear. Las centrales soportan una enorme carga impositiva, léase impuestos específicos sobre la producción, sobre los residuos y sobre el combustible gastado. Esta tributación ha tenido un sólo objetivo: convertir a las nucleares en un lastre para la cuenta de resultados de las compañías propietarias para que no tengan interés alguno en mantenerlas. Esos impuestos detraen la mayor parte del margen operativo de las plantas y han convertido la continuidad de la operación en una carga económica más que en un activo estratégico.
Los análisis de seguridad demuestran que, con las inversiones adecuadas, las centrales españolas pueden operar con plena seguridad hasta los 60 u 80 años. Desmantelar instalaciones plenamente operativas y seguras por un calendario político y un marco fiscal asfixiante es un desperdicio criminal de infraestructura, capital y conocimiento especializado.
La segunda pata de una estrategia nuclear sólida para España debe ser la adopción de los Reactores Modulares Pequeños (Small Modular Reactors o SMR). Estos representan la próxima generación de tecnología nuclear y ofrecen ventajas revolucionarias frente a las centrales tradicionales. Son reactores con una potencia de salida generalmente entre 10 y 300 MWe (mucho menor que los 1.000+ MWe de los reactores tradicionales). Su principal innovación radica en su diseño modular y la producción en serie en fábrica, lo que reduce los costes de construcción, los plazos y la complejidad en el emplazamiento.
Se fabrican en entornos controlados, lo que mejora la calidad y la estandarización de los componentes. Luego, se transportan al lugar de destino para su ensamblaje, a diferencia de la construcción de grandes plantas «hechas a medida». Por otra parte, su menor tamaño los hace ideales para ser integrados en redes eléctricas más pequeñas o para reemplazar centrales de carbón o gas en ubicaciones existentes, aprovechando la infraestructura de transmisión ya instalada. Además, pueden utilizarse en aplicaciones específicas, como la desalación de agua de mar o el suministro de calor industrial, abriendo nuevas vías para la descarbonización.
Los diseños de los SMR (muchos de ellos de Generación IV) incorporan sistemas de seguridad pasiva de última generación. Estos dependen de leyes físicas naturales (como la gravedad, la convección o la diferencia de presión) para enfriar el reactor en caso de emergencia, en lugar de depender de bombas, válvulas o la intervención humana, lo que incrementa intrínsecamente su margen de seguridad. Algunos diseños permiten incluso que el reactor se entierre parcial o totalmente, mejorando la protección física y la integración paisajística.
Un programa de minicentrales no solo aseguraría energía, sino que también impulsaría la innovación, la industria y el empleo en España. La participación en el desarrollo, fabricación y despliegue de SMR posicionaría a la industria española en la vanguardia de una tecnología global en auge, creando miles de puestos de trabajo de alta cualificación y fomentando un nuevo sector exportador de alto valor añadido.
Extender la vida de las centrales nucleares existentes y poner en marcha una estrategia de SMR es la decisión más racional, económica y ecológicamente responsable que puede tomar España. El cierre de las plantas nucleares es un lujo y una temeridad que el país no puede permitirse. Es hora de dejar a un lado los prejuicios ideológicos y adoptar una visión de Estado que reconozca, sin dilación, a la energía nuclear como un activo estratégico vital para el presente y para el futuro.
*Lorenzo Bernaldo de Quirós es presidente de Freemarket.
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