El 88% de los profesionales españoles asegura que, en algún momento de su carrera profesional, ha sufrido el síndrome del impostor (dudar de sí mismo), de los que el 47% lo ha vivido de manera puntual y el 41% con frecuencia, por lo que solo un 12% dice que nunca ha tenido este sentimiento.
Esta sensación se caracteriza por la dificultad para reconocer los propios logros, el miedo constante a no estar a la altura o a ser percibido como un «fraude»
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El 88% de los profesionales españoles asegura que, en algún momento de su carrera profesional, ha sufrido el síndrome del impostor (dudar de sí mismo), de los que el 47% lo ha vivido de manera puntual y el 41% con frecuencia, por lo que solo un 12% dice que nunca ha tenido este sentimiento.
Esta es la principal conclusión de un estudio realizado por la empresa de soluciones de recursos humanos Hays, que explica que esta sensación se caracteriza por la dificultad para reconocer los propios logros, el miedo constante a no estar a la altura o a ser percibido como un «fraude». Y esto tiende a activarse en momentos de especial exposición, evaluación o cambio profesional.
Lejos de ser un fenómeno exclusivo de quienes se encuentran en las primeras etapas de su carrera, el estudio sostiene que también está muy presente entre perfiles con trayectorias consolidadas.
En un entorno laboral marcado por la evaluación constante, la comparación y una creciente visibilidad profesional, el síndrome del impostor encuentra un terreno especialmente propicio. Según los datos de Hays, las comparaciones con otros compañeros se consolidan como el principal detonante (37%), seguidas de los procesos de selección (30%) y la incorporación a un nuevo puesto (30%).
Estas situaciones, habituales a lo largo de cualquier trayectoria profesional, pueden intensificar la sensación de no estar a la altura y tener un impacto directo en la confianza, el rendimiento, el bienestar y el desarrollo de carrera. En muchos casos, este fenómeno deriva en una mayor autocensura profesional, dificultad para asumir nuevos retos o incluso en la renuncia a oportunidades de crecimiento.
Desde la perspectiva del profesional, identificar los momentos en los que surgen estas sensaciones resulta clave para poder abordarlas con mayor conciencia. No obstante, desde Hays subrayan que reconocer el fenómeno no es suficiente. «Es necesario gestionarlo de forma activa y sostenida, tanto a nivel personal como organizacional», aconseja el estudio.
A nivel individual, desarrollar una relación más objetiva con el propio desempeño es fundamental. Registrar logros, solicitar feedback de forma recurrente y contrastar percepciones con evidencias concretas permite reducir el peso de la autocrítica y ganar seguridad en la toma de decisiones.
Y es que la falta de confianza en uno mismo y en las propias capacidades puede tener un impacto directo en aspectos clave como la productividad o la apuesta por la innovación dentro de la organización. En este punto, las organizaciones tienen un papel «decisivo» en crear el contexto adecuado y promover una cultura orientada al reconocimiento del talento.
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