<p>Las principales bolsas de los mercados emergentes parece que este año empiezan a sacar la cabeza después de cuatro años muy complicados. El diferencial de crecimiento respecto a los desarrollados es lo que realmente importa, y está empezando a ensancharse otra vez, las economías emergentes lo están haciendo bien, indicadores de actividad económica como los PMI están subiendo. Históricamente ha habido una fuerte correlación entre el diferencial de crecimiento en PIB y los retornos relativos de renta variable.</p>
Los beneficios por acción relativos en los países emergentes se están estabilizando o subiendo en el último año.
Las principales bolsas de los mercados emergentes parece que este año empiezan a sacar la cabeza después de cuatro años muy complicados. El diferencial de crecimiento respecto a los desarrollados es lo que realmente importa, y está empezando a ensancharse otra vez, las economías emergentes lo están haciendo bien, indicadores de actividad económica como los PMI están subiendo. Históricamente ha habido una fuerte correlación entre el diferencial de crecimiento en PIB y los retornos relativos de renta variable.
La inflación en la gran mayoría de mercados emergentes está bajo control, y sus bancos centrales están recortando o han recortado los tipos de interés, lo que, al fin y al cabo, debería apoyar el crecimiento del crédito.
El dólar parece que sigue con debilidad, algo que ha favorecido a los países emergentes, especialmente a los exportadores de materias primas.
Los beneficios se están estabilizando o subiendo en el último año, después de muchos años seguidos de beneficios por acción relativos cayendo respecto a los mercados desarrollados. Y las valoraciones de los emergentes son razonables respecto a su historia, pero mucho más atractivas que las de EEUU.
Por supuesto, la estabilización de China es buena para los emergentes, ya que se trata de principal economía en este grupo. China fue un lastre los últimos años por sus problemas estructurales (sigue muy endeudada, ha crecido durante 30 años sobreinvirtiendo y la burbuja en el mercado inmobiliario sigue sin resolverse), pero un repunte del consumo podría producirse puesto que el país se encuentra realizando una fuerte expansión monetaria.
Finalmente, hay que tener en cuenta que dentro de los emergentes existen países como India, que es uno de los mejores casos de crecimiento estructural, con su ratio de inversiones sobre PIB subiendo, así como su productividad; y donde se están canalizando los ahorros en el sistema financiero, su mercado de renta variable está soportado por un sano crecimiento en PIB y en beneficios y esto sirve de soporte a todos los fondos que invierten en emergentes.
Las acciones del sector energía, especialmente en Europa, se han desligado de la debilidad del precio del petróleo. Normalmente, cuando esto sucede, suelen reflejarlo tarde o temprano, y sus acciones caen. Deberíamos tener una visión cauta en el sector, sobre todo después de que las acciones energéticas hayan tenido un comportamiento en relativo mejor que los índices en general.
La diferencia de rentabilidad del sector energético (+27% en USD) y los precios del crudo (-15%) es la mayor en más de 30 años y esta divergencia es muy difícil que se pueda mantener.
Es cierto que hay que reconocer que el crecimiento de la industria de exploración y extracción se ha recuperado, que la disciplina en costes y de capital es sólida, y que la distribución de dividendos es una prioridad, algo que suele agradar a los inversores. Sin embargo, desde una perspectiva macroeconómica, el panorama es mucho más complicado. No es buena señal cuando los inversores están cada vez más dispuestos a ignorar la debilidad de las materias primas.
El mercado del petróleo se dirige hacia un superávit cada vez mayor, además de que los proyectos de Gas Natural Licuado (GNL) han tenido una cantidad récord de nuevas aprobaciones en 2025, lo que añade presión en un escenario de sobreoferta.
Hasta ahora, este superávit se ha manifestado principalmente en China y en otros países asiáticos que no pertenecen a la OCDE y en buques petroleros. Pero las reservas de los países de la OCDE apenas han aumentado. Estas últimas influyen mucho más en los precios del crudo. Por lo tanto, esta inusual distribución regional del aumento de inventarios ha protegido los precios del petróleo de un mayor impacto bajista. Un caso similar se observa en el mercado del GNL, al que están expuestas la mayoría de las grandes petroleras europeas. La nueva capacidad de licuefacción de GNL proyectada para 2030 representa una expansión de casi el 50%, algo similar a que entrasen en funcionamiento unas ocho plantas como la de Arabia Saudita en los próximos cinco años.
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