Las grandes corporaciones españolas, especialmente en los sectores de la estética, la tecnología y el gaming, mantienen una integración «inicial, desigual y fragmentada» de los derechos de la infancia en su modelo de negocio. Así lo revela el primer informe sobre el impacto del sector privado en la niñez realizado en España, presentado hoy por Unicef.
Unicef alerta de que la estética, la tecnología y el turismo descuidan la infancia en sus estrategias comerciales
Las grandes corporaciones españolas, especialmente en los sectores de la estética, la tecnología y el gaming, mantienen una integración «inicial, desigual y fragmentada» de los derechos de la infancia en su modelo de negocio. Así lo revela el primer informe sobre el impacto del sector privado en la niñez realizado en España, presentado hoy por Unicef.
El estudio, que analiza a 75 corporaciones líderes en 10 sectores, evidencia que los menores continúan siendo «poco visibles en los sistemas de gestión empresarial». El análisis de Unicef, elaborado en colaboración con el Centro de Innovación Social y Sostenibilidad de IE University, constata que las empresas tienden a realizar una gestión a partir de agendas ya consolidadas como el medio ambiente, los derechos humanos genéricos o la diversidad «pero sin reconocer a la infancia como una dimensión diferenciada».
En ese sentido, José María Vera, Director Ejecutivo de UNICEF España, ha indicado que, «no es suficiente con identificar riesgos ambientales, de equidad de género o riesgos laborales. Hace falta esa misma especificidad para los que tienen que ver con la infancia». A esto ha agregado que la protección de los menores «tiene que ser desde el diseño y cuando se concibe una nueva herramienta, una nueva red o un nuevo algoritmo, la protección de la infancia tiene que estar incorporada desde el punto cero»
Para evaluar a las corporaciones, el documento divide el análisis en dosdimensiones puntuadas sobre un máximo de dos puntos. En el ámbito de la debida diligencia, que engloba procesos corporativos y gobernanza general, las compañías obtienen un promedio de 0,92. Esto implica que las empresas operan desde «marcos generales de sostenibilidad, ASG o derechos humanos sin incorporar siempre una referencia explícita, sistemática y verificable a los derechos de la infancia».
La principal diferencia se observa al evaluar el segundo bloque, relativo a la eficacia con la que se gestionan los impactos concretos en el negocio y las operaciones diarias (lo que el estudio denomina «asuntos y funciones»). En este apartado, el promedio de las grandes empresas se sitúa en 0,57 puntos sobre dos.
El informe concluye que existe una «baja puntuación promedio» que evidencia «la existencia de dificultades para traducir los compromisos generales en políticas, procedimientos, controles y medidas de remediación frente a impactos concretos sobre niños, niñas y adolescentes».
Los datos desglosados muestran niveles de madurez muy distintossegún el grado de regulación de cada industria. Los sectores con mejores desempeños relativos en la gestión de impactos específicos son energía (0,83), consumo (0,82)y salud (0,74). Sin embargo, el documento aclara que la gestión de estos impactos «sigue siendo limitada incluso en los sectores mejor posicionados».
En el extremo opuesto, los sectores con menor calificación en la gestión de sus operaciones son estética (0,30), tecnología y gaming (0,33), y turismo y viajes (0,39). En el sector tecnológico y de los videojuegos, por ejemplo, «no se evidencia de forma consistente la existencia de auditorías, evaluaciones o controles específicos sobre sistemas de recomendación cuando pueden afectar a niños, niñas y adolescentes», a pesar de la alta exposición digital de los menores.
A nivel transversal, una de las áreas preventivas con peores resultados es el marketing y la comunicación publicitaria. El 82 % de las empresas evaluadas presenta un desempeño inferior a un punto en este ámbito, y un 43 % refleja una «integración ausente». Las estrategias actuales parten de un enfoque general que «no contemplan de manera específica los riesgos que enfrentan niños, niñas y adolescentes en distintos entornos», lo que se traduce en una protección insuficiente frente a las técnicas de persuasión comercial.
En ese sentido, Álvaro Arenas, Investigador principal del IE University ha explicado que «un ejemplo de práctica negativa es como se diseñan los algoritmos para mantenerte enganchado.Si lo hacen con los adultos, ahora qué se deja para los niños. Una de las recomendaciones que estamos diciendo para el sector tecnológico es que en el diseño de los productos tengan en cuenta al usuario infantil».
Asimismo, en el sector del textil y calzado, el informe destaca que la puntuación más baja corresponde a las políticas de conciliación familiar, con un 0,38sobre dos. El documento expone que los permisos y medidas de cuidado se concentran en las plantillas internas, pero no se extienden «de forma sistemática, contractual, verificable y monitoreada a la cadena de suministro», afectando indirectamente al bienestar de los menores en comunidades proveedoras.
Como indica el estudio, el reto reside en la medición: «Aquello que no se identifica ni se mide permanece invisible, y aquello que permanece invisible difícilmente puede ser gestionado, mejorado o comunicado de forma adecuada».
Actualidad Económica. Noticias de Economía Nacional e Internacional
