<p>¿Qué pensará <strong>George Lucas</strong> cuando lea a los fans de <i><strong>Star Wars</strong></i> peleándose por personajes y tramas de algo que él creó hace 50 años? Quizá experimente una mezcla de miedo (porque esa gente puede dar mucho miedo), orgullo y ganas de reír. También cierta impotencia, por qué no: su obra, hecha de fantasía medievaloide, mitología clásica, wéstern y culebrón, está ahora controlada por <strong>Disney</strong>. <strong>Así escrito parece un problema. No lo es</strong>.</p>
Así se amplía un universo de ficción: insertando nuevas ramas en troncos conocidos, generando esquejes de historias mencionadas pero todavía no contadas y recogiendo los brotes de semillas previas, algunas germinadas espontáneamente
¿Qué pensará George Lucas cuando lea a los fans de Star Wars peleándose por personajes y tramas de algo que él creó hace 50 años? Quizá experimente una mezcla de miedo (porque esa gente puede dar mucho miedo), orgullo y ganas de reír. También cierta impotencia, por qué no: su obra, hecha de fantasía medievaloide, mitología clásica, wéstern y culebrón, está ahora controlada por Disney. Así escrito parece un problema. No lo es.
De construir mundos de ficción expandibles y, sobre todo, rentables, Disney sabe más que nadie. Los dibujos animados de Walt pronto se convirtieron en todo tipo de productos, a una escala que alteraría la cultura pop para siempre. George Lucas también sabía de eso. Ganó miles de millones de dólares con el merchandising de su saga antes de venderla por otra cifra fabulosa: 4.500 millones de dólares. Eso ocurrió en 2012, con la maquinaria ya algo cansada creativamente pero todavía capaz de hacer dinero, apelando por igual a los nostálgicos de la primera trilogía (los que nos criamos con La guerra de las galaxias y pronunciamos Jedi a lo español) y a sus descendientes.
Fuimos los primeros los más críticos con la segunda tanda de películas de la franquicia. Volcadas totalmente hacía los efectos digitales, no se entendieron como una extensión de las tres originales, mitificadísimas. Sin embargo, La amenaza fantasma y sus secuelas redefinieron la creación inicial de Lucas. Sentaron las bases sobre las que se construyó todo lo posterior. Una vez entendido que La guerra de las Galaxias, El imperio contraataca y El retorno del Jedi pertenecían a un cine superado y que Star Wars ahora es, básicamente, una marca, los niños de los sucios 80 nos tranquilizamos y aprendimos a disfrutar de la aséptica tecnología de los 2000 y de una saga a la que ni siquiera nosotros llamábamos ya La guerra de las galaxias.
La expansión de la obra de George Lucas comenzó en los 80, pero no se recodificó por completo, tanto en narrativa como en aspecto, hasta hace relativamente poco. Es en las series de animación más recientes, muy bien posicionadas y valoradas, donde ese lenguaje propio se ve más claro. Star Wars: Maul – Señor de las sombras, recién estrenada, es una buena muestra. Su estilo de animación es conscientemente artificioso, con más atención a la expresividad que al fotorrealismo (algo que Star Wars podría y sabría hacer), y sus personajes y tramas son refritos o derivadas de otros que ya hemos visto antes. Así se amplía un universo de ficción: insertando nuevas ramas en troncos conocidos, generando esquejes de historias mencionadas pero todavía no contadas y recogiendo los brotes de semillas previas, algunas germinadas espontáneamente.
Era obvio que antes o después el muy fotogénico Maul tendría su propia serie. Si la tuvieron los bochornosos ewoks hace 40 años, cómo no la iba a tener él, tan carismático y molón. En Maul – Señor de las sombras, su cara roja y negra vuelve a tener la voz de Sam Witwer. Y ese aspecto como de videojuego bueno de hace 15 años que, imagino, resultará nostálgico para los hijos de quienes vimos El retorno del Jedi en el cine y, como éramos unos mocosos, nos encantaron hasta los ewoks. Hoy lo que nos gusta es ver cómo Andor, The Mandalorian o Ashoka de vez en cuando nos regalan guiones y planos magníficos sin que nadie se los pida, pues con darles a los fans más de lo suyo ya bastaría. ¿Es Maul – Señor de las sombras otra serie «más de lo suyo»? Pues sí, pero… ¿acaso es eso malo?
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