<p>»Yo sobreviví a 2025 sin comprarme un <strong>Labubu</strong>». El meme me reconforta desde hace semanas. Pero… sí me hice con un pin de Totoro, un imán de Hello Kitty, la camiseta de un muñeco de la infancia cuyo nombre ni recuerdo. No, yo no sobreviví a 2025 sin comprarme <strong>caprichos impropios de mi edad</strong>. </p>
Nunca frivolices con una tendencia generacional. Si profundizas, encontrarás una explicación
«Yo sobreviví a 2025 sin comprarme un Labubu«. El meme me reconforta desde hace semanas. Pero… sí me hice con un pin de Totoro, un imán de Hello Kitty, la camiseta de un muñeco de la infancia cuyo nombre ni recuerdo. No, yo no sobreviví a 2025 sin comprarme caprichos impropios de mi edad.
Hace unos días hablaba de ello con una amiga que trabaja en el mundo del diseño. ¿Qué nos pasa a los adultos, que ahora nos deleitamos con lo infantil? Los charms en el bolso, adorar a Snoopy, cuidar de un Tamagotchi, un Sonny Angel en el móvil… La explicación nos pareció clara: en un tiempo donde todo es incierto (desde lo económico al nuevo orden mundial), aquello que nos devuelve a la niñez tiene un efecto balsámico. Qué tranquilizador regresar por unos instantes a esos tiempos donde todo parecía cálido y seguro.
Sucede siempre que frivolizamos con alguna tendencia generacional. Si rascamos un poco, encontraremos una razón que va más allá de lo superfluo.
Lo pensaba mientras leía sobre los hábitos económicos de los zeta. Viajar sin parar, invertir en criptomonedas, apostar en mercados predictivos, esforzarse poco en el trabajo… Pudiera parecer inmadurez, pero no: han caído en el nihilismo financiero, asegura la prensa económica.
«Los datos muestran que estas conductas son respuestas racionales al deterioro de las perspectivas económicas: en concreto, a la imposibilidad de comprarse una casa» (Financial Times). «Lo que a padres y abuelos les parece imprudencia, es en realidad una preocupante forma de adaptación económica» (Wall Street Journal). Cómo no buscar atajos si el sistema económico ya no premia la cautela, si cada vez es más difícil poseer una vivienda o conseguir el primer empleo.
Tal vez cuando estalle la próxima guerra generacional baste con ponerse un momento en el lugar del otro y pensar que siempre existe un motivo. Aunque puede que no resulte tan fácil…
2025 fue también el año de los reproches a los boomers, del choque milenial-zeta. Los milenial ridiculizan a esos gen Z que salen menos, beben menos, tienen menos sexo… mientras estos retratan a sus trasnochados predecesores. Incluso han acuñado el «millennial cringe«, llamémosle vergüenza ajena. (Por si acaso, hace tiempo que pedí a mi hermana zeta que me avise si me quedo antigua).
Puede que las generaciones -incluso las más próximas- estén condenadas a enfrentarse, pero lo cierto es que entender las razones del otro debería ser algo sencillo. O tal vez peque de naíf. Tan naíf como un Labubu, como un pin de Totoro.
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