Después de cinco días buscando, tenía al menos una confirmación: el cadáver se encontraba en la Terminal Especializada de Contenedores de Bolipuertos, en el Puerto de La Guaira, una morgue improvisada en las últimas horas donde había cuerpos apilados y descompuestos, como si aquellos fueran los muertos de nadie. El médico forense le dijo, amable: “Pase señora, pase”. Se colocó el tapabocas y la señora preguntó por su hijo, Daniel Alejandro Núñez Ramírez, 28 años, uno de los deportados en el vuelo 164 que llegó en la mañana del 24 de junio a Venezuela desde Estados Unidos. El médico le dijo que, efectivamente, su número de cadáver era el 1018.
Muchos familiares hoy se preguntan lo mismo, por qué el Gobierno estadounidense no notificó de la deportación y por qué el de Venezuela no liberó a los expulsados, que aterrizaron antes del terremoto
Después de cinco días buscando, tenía al menos una confirmación: el cadáver se encontraba en la Terminal Especializada de Contenedores de Bolipuertos, en el Puerto de La Guaira, una morgue improvisada en las últimas horas donde había cuerpos apilados y descompuestos, como si aquellos fueran los muertos de nadie. El médico forense le dijo, amable: “Pase señora, pase”. Se colocó el tapabocas y la señora preguntó por su hijo, Daniel Alejandro Núñez Ramírez, 28 años, uno de los deportados en el vuelo 164 que llegó en la mañana del 24 de junio a Venezuela desde Estados Unidos. El médico le dijo que, efectivamente, su número de cadáver era el 1018.
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