<p>Tras el <a href=»https://www.elmundo.es/economia/2026/01/21/697145d5fc6c83105c8b45c5.html»>accidente ferroviario en Adamuz</a>, en redes sociales algunos usuarios compartieron vídeos en los que contraponían la notable sensación de vibración en algunos trenes de alta velocidad en España con la suavidad en los convoyes de China, donde el temblor es casi imperceptible para el pasajero y la rodadura es extremadamente estable. Una diferencia llamativa si se tiene en cuenta que <strong>en China los trenes circulan a velocidades muy superiores</strong>.</p>
A raíz del accidente de Adamuz, las redes se han llenado de vídeos que comparan la experiencia de los viajeros en ambos países
Tras el accidente ferroviario en Adamuz, en redes sociales algunos usuarios compartieron vídeos en los que contraponían la notable sensación de vibración en algunos trenes de alta velocidad en España con la suavidad en los convoyes de China, donde el temblor es casi imperceptible para el pasajero y la rodadura es extremadamente estable. Una diferencia llamativa si se tiene en cuenta que en China los trenes circulan a velocidades muy superiores.
El gigante asiático llegó más tarde que España a la alta velocidad ferroviaria, pero cuando lo hizo entró a una escala, rapidez y planificación centralizada sin precedentes. En 2010, China contaba con 8.358 kilómetros operativos de alta velocidad. Este mes de enero, esa cifra superó el hito de los 50.000 kilómetros. Con enorme distancia, es la mayor red del mundo: conecta megalópolis como Pekín y Shanghai, pero también ciudades medianas del interior que durante décadas quedaron al margen de los grandes ejes económicos.
A finales del año pasado, desde España se puso el foco en los trenes chinos a raíz de que el ministro de Transportes, Óscar Puente, sugirió la posibilidad de comprar trenes fabricados en China para operar en los servicios de AVE. Una idea que enfadó a gran parte de la industria nacional, que no comprende que Puente tenga que mirar hacia Oriente teniendo en casa a fabricantes de renombre como Talgo o CAF.
Además, el ministro abrió el debate de elevar la velocidad -hasta 350 km/h en algunos corredores, imitando el modelo chino- como símbolo de modernización y competitividad. Aunque ahora, tras los recientes accidentes ferroviarios de Adamuz y Cataluña, el discurso oficial ha virado hacia la prudencia. Las declaraciones sobre récords de velocidad han dado paso a anuncios de limitaciones temporales, en algunos casos hasta 160 km/h. como medida preventiva, alimentando la sensación de bandazos comunicativos y de falta de una hoja de ruta clara.
Puente viajó en diciembre a varias ciudades chinas para conocer de primera mano los avances de la red ferroviaria del país asiático, con vistas a fortalecer la cooperación bilateral en materia de transporte. El ministro socialista estuvo en la sede de una de las mayores empresas de construcción e ingeniería del mundo, China Railway Construction Corporation (CRCC). También visitó los talleres donde se testa el material rodante y las tecnologías que supervisan toda la vasta red de alta velocidad.
Entrada la madrugada en la estación Hongqiao de Shanghai, una de las más grandes del país, cuando los andenes ya se han vaciado y el bullicio se apaga, empieza la coreografiada supervisión técnica, que incluye un equipo mixto de técnicos y robots guiados por sistemas de navegación y posicionamiento mediante radar láser. Los robots avanzan con precisión milimétrica entre los raíles. Dos brazos articulados, equipados con cámaras y sensores de imagen, se elevan y giran para escanear la parte inferior del tren. Cada tornillo, cada cable, queda registrado. La información se procesa al instante mediante algoritmos de inteligencia artificial, que detectan anomalías y envían los datos a los técnicos para su validación final.
La escena se repite estos días en estaciones de todo el país. Estamos en la previa del conocido como Chunyun, el mayor movimiento humano periódico del planeta por el feriado del Año Nuevo Chino, que cae este 2026 a mediados de febrero. Se estima un récord de 539 millones viajes de pasajeros en unos trenes que cada tres días de servicio se someten a completas inspecciones.
El diario estatal China Daily detalla en un reportaje que un tren de alta velocidad estándar, con ocho vagones, cuenta con más de 10.000 componentes que deben comprobarse uno a uno: desde el par de apriete de los tornillos hasta el desgaste de piezas clave o posibles filtraciones de fluidos. Hasta hace poco, esta tarea recaía casi por completo en una inspección manual. Dos operarios necesitaban al menos dos horas y media para revisar un solo tren. Con la introducción de robots, el tiempo de inspección se ha reducido a menos de una hora y la intervención humana se limita a diez minutos de comprobación final.
La apuesta por la automatización se extiende a lo largo de miles de kilómetros de vías, donde drones equipados con sensores infrarrojos, cámaras de alta definición y sistemas de análisis basados en IA supervisan el estado de las vías y sobrevuelan taludes y laderas con la misión de detectar formaciones rocosas inestables, corrimientos de tierra o riesgos geológicos que puedan afectar a la circulación. Una parte de la inspección también se suele hacer mediante trenes de revisión equipados con cámaras, radares y sensores.
El núcleo del sistema en la red ferroviaria china es el CTCS (Chinese Train Control System), desarrollado con tecnología propia. Los expertos detallan que se apoya en datos de satélites con mapas digitales para mejorar la precisión de la localización y la seguridad del trayecto, además de supervisar en tiempo real la velocidad de los trenes, controlar las distancia entre convoyes y activar automáticamente el frenado ante cualquier incidente.
Para buscar el último gran accidente ferroviario en China hay que retroceder hasta 2011, cuando un tren de alta velocidad chocó en los alrededores de la ciudad de Wenzhou contra una locomotora detenida en un viaducto. Varios vagones descarrilaron, dejando 40 muertos. El pasado noviembre, aunque no se trató de un choque en el servicio regular, un tren de pruebas embistió a trabajadores de mantenimiento en la provincia de Yunnan, matando a 11 personas
Mientras China, hogar de más de 1.400 millones de personas, presume de haber consolidado una gigante red ferroviaria que combina velocidad, estabilidad y un control obsesivo del riesgo, España observa desde la distancia ese modelo que pretendía imitar el ministro Puente. Su viaje a China, la polémica sobre la compra de trenes, los debates sobre el aumento de la velocidad y los dramáticos accidentes recientes han puesto sobre la mesa una comparación incómoda que va más allá de vibraciones y velocidades.
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