El futuro de Volkswagen sigue en el aire. El consejo de vigilancia —el órgano en el que están representados los accionistas y los trabajadores— ha frenado el paquete más traumático planteado hasta ahora por la dirección y que, según las filtraciones publicadas por varios medios, contemplaba la supresión de entre 100.000 y 120.000 empleos y el posible cierre de varias fábricas en Alemania.
Se ha presentado un plan de doce iniciativas hasta 2030 con fuertes recortes en la gama, las variantes y la capacidad productiva. Se desconocen las plantas o puestos de trabajo afectados
El futuro de Volkswagen sigue en el aire. El consejo de vigilancia —el órgano en el que están representados los accionistas y los trabajadores— ha frenado el paquete más traumático planteado hasta ahora por la dirección y que, según las filtraciones publicadas por varios medios, contemplaba la supresión de entre 100.000 y 120.000 empleos y el posible cierre de varias fábricas en Alemania.
En su lugar, el presidente del consorcio, Oliver Blume, presentó el pasado jueves un plan de doce iniciativas con horizonte en 2030 que prevé fuertes recortes en la gama, las variantes y la capacidad productiva, pero no concreta qué plantas ni cuántos puestos de trabajo se verán afectados. La batalla ha quedado aplazada.
La falta de respuestas no ha aportado tranquilidad a los trabajadores, que mantienen las movilizaciones ante las principales fábricas del grupo. Volkswagen no ha confirmado el cierre de Emden, Zwickau, Hannover y Neckarsulm mencionado en las filtraciones, pero tampoco ha ofrecido garantías sobre su continuidad.
«Todavía no está claro cuándo se tomarán las decisiones», ha reconocido el jefe del Gobierno de Baja Sajonia, Olaf Lies, miembro del consejo de vigilancia. El Land, donde Volkswagen tiene su sede en Wolfsburgo, controla el 20% de los derechos de voto del consorcio y dispone de dos representantes en el órgano de supervisión.
Lo que ya es una realidad en Volkswagen es una profunda poda industrial. El consorcio reducirá progresivamente hasta un 50% su gama mundial fuera de China y eliminará hasta tres cuartas partes de las opciones y configuraciones. Los compradores tendrán que recurrir cada vez más a paquetes cerrados, más sencillos y baratos de producir.
Volkswagen también pretende compartir más plataformas, programas informáticos y arquitecturas electrónicas entre sus marcas para evitar duplicidades y acortar los procesos de desarrollo.
«Tenemos que reducir consecuentemente los costes, aprovechar las sinergias del grupo, disminuir la complejidad y mejorar de forma sostenible la rentabilidad», ha afirmado el director financiero, Arno Antlitz. El consorcio, añadió, quiere seguir invirtiendo en vehículos eléctricos y software y mantener competitivos sus modelos de combustión.
La poda de modelos ya ha comenzado. El último Touran salió de la cadena de montaje en abril y el Touareg tampoco parece tener asegurada una nueva generación. Los medios especializados sitúan entre los posibles candidatos a desaparecer el T-Roc Cabriolet, el eléctrico ID.5 y el Taigo. En Audi se cuestiona la continuidad del A8 y de algunas variantes Sportback de los Q3 y Q5; en Škoda aparece señalado el Scala, mientras Porsche podría reducir algunos derivados del Taycan. Volkswagen no ha confirmado esta lista.
El segundo gran ajuste afecta a las fábricas. Volkswagen adaptará su capacidad mundial a unos nueve millones de automóviles anuales. Antes de la pandemia estaba preparado para fabricar doce millones y posteriormente redujo ese potencial a diez millones.
El recorte puede traducirse en la concentración de modelos en menos centros, la eliminación de turnos o el cierre de líneas completas. Blume habla abiertamente de eliminar «sobrecapacidades». «Con nuestro plan de futuro hacemos al grupo más robusto y competitivo en un entorno mundial extremadamente difícil», ha asegurado. El directivo ha califica el proyecto como «la reorientación más amplia de la historia del consorcio».
Sus palabras no han calmado a los trabajadores. La presidenta del comité de empresa, Daniela Cavallo, ha exigido a Blume que aclarara «de forma inequívoca» si pretende cerrar fábricas y ampliar los recortes de empleo. «¡Basta! El vaso se ha colmado», ha declarado Cavallo. «El trato de la dirección hacia la plantilla no puede ser más irrespetuoso». El negociador de IG Metall, Thorsten Gröger, ha calificado la comunicación de Volkswagen de «desastre absoluto». «Regiones enteras están siendo sumidas en el miedo», ha denunciado.
La inquietud es especialmente intensa en Zwickau, convertida con una inversión de 1.200 millones de euros en la gran fábrica de vehículos eléctricos de Volkswagen en Alemania oriental. La planta emplea a unas 8.000 personas y sostiene buena parte de la industria auxiliar de la región. «Podemos respirar, pero no respirar tranquilos», ha resumido la alcaldesa adjunta de Zwickau, Silvia Queck. El ministro de Economía de Sajonia, Dirk Panter, ha asegurado que se trata del centro productivo más eficiente de Volkswagen. «Recortar por sí solo no es una estrategia», ha advertido. El sindicato ha advertido de que las movilizaciones son solo el principio y que defenderá «cada emplazamiento» si la dirección intenta llevar adelante los cierres.
El ministro presidente de Sajonia, Michael Kretschmer, también rechazó el posible cierre, aunque ha admitido que Volkswagen arrastra una estructura cara, lenta y burocrática. El consorcio, ha afirmado, comienza a parecerse a un antiguo Kombinat de la Alemania oriental, un conglomerado en el que «nadie sabe ya exactamente quién decide qué«.
La urgencia del ajuste se refleja en las ventas. Volkswagen entregó 2,08 millones de vehículos durante el segundo trimestre, casi un 9% menos que un año antes. En China, durante décadas su principal fuente de beneficios, las entregas cayeron un 26%. La marca Volkswagen retrocedió un 14%, Audi un 8,2% y Porsche un 18%. Los vehículos eléctricos ofrecen cierto respiro. La cartera de pedidos en Europa ha aumentado más de un 50% desde finales del pasado año y los nuevos modelos de acceso de Volkswagen, Škoda y Cupra acumulan más de 54.000 encargos.
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