Cuando paseaban a hombros Morante de la Puebla y Pablo Aguado por la puerta grande, pasadas las 21.15 de la noche, subía a los cielos en este día de la asunción de la Virgen una tarde tremendamente torera. El portento de Morante y la maravilla de Aguado enamoraron El Bibio, con dos y tres orejas, respectivamente. Y una magna faena del maestro que se quedó sin premiar, dejando honda huella. La lujosa corrida de Núñez del Cuvillo sacó nota, incluso el lote de Manzanares. Pero eso es otra historia ya sabida y, por tanto, aburrida de contar.
El maestro de la Puebla y el sevillano ofrecen una gran tarde de toros con dos y tres orejas, respectivamente, y una magna obra sin premiar; notable corrida de Cuvillo
Cuando paseaban a hombros Morante de la Puebla y Pablo Aguado por la puerta grande, pasadas las 21.15 de la noche, subía a los cielos en este día de la asunción de la Virgen una tarde tremendamente torera. El portento de Morante y la maravilla de Aguado enamoraron El Bibio, con dos y tres orejas, respectivamente. Y una magna faena del maestro que se quedó sin premiar, dejando honda huella. La lujosa corrida de Núñez del Cuvillo sacó nota, incluso el lote de Manzanares. Pero eso es otra historia ya sabida y, por tanto, aburrida de contar.
Una cortina de agua a modo de sirimiri vascuence acentuó el color gris del día, la belleza de Gijón, la melancolía de la plaza de El Bibio. La expectación por Morante de la Puebla, en la señalada fecha de la virgen de Begoña, vistió los tendidos con una gran entrada, un lleno a falta de nada para acabar el papel. Morante no toreaba desde el último domingo en El Puerto de Santa María, en la última lección magistral, el último «No hay billetes» de los cuatro seguidos en una semana. Un hito. La inesperada baja por un cólico nefrítico en San Sebastián sembró alguna duda sobre su presencia, despejada pronto por la empresa de Zúñiga.
La corrida no había empezado bien. Ya se sabe que los gitanos no quieren buenos principios. A las 18.45 volvía a los corrales el primero de la tarde, un tacazo de hechuras, que sin embargo se movía horrible en el capote, con las manos por delante, queriendo tomar con el pitón cambiado. Parecía descoordinado. Pero el maestro hizo el gesto a la presidencia con los dedos de que tenía la vista cruzada. Eso sería. El cambio fue vital. Saltó el sobrero, también de Núñez Cuvillo, con el mismo nombre -Galiano- y distintas hechuras, ensillado, montado, muy largo pero con buena cara. Y lo importante: buen fondo. MdlP volvió a sembrar el toreo. Lo que se dice estar sembrao. Atrás quedaron un manojo de verónicas, especialmente hermosas por la izquierda, cuando abrió faena con sabrosos ayudados por alto. Soltó los vuelos por abajo por el mismo pitón para apuntar lo que a las 18.59 sería un cambio de mano de otro mundo. Abrochaba así la segunda de las dos tandas de redondos a compás, con el asiento de planta y el sitio que gasta y pisa Morante. Al natural hubo pureza en aquellos naturales dibujados por su camino, despacio siempre. Fue la última serie antes de que la noble y embestida acusase el gasto en su empleo. El hilo de la determinación y la torería sostuvo el pulso de la obra, el modo de salir y entrar de la cara del toro. Hundió el matador de La Puebla la espada en todo lo alto con rectitud encomiable, perdiendo el engaño en el volapié determinante. Ese peso más en la balanza para alzar el todo hasta las dos orejas.
A las 19.53, Pablo Aguado se hacía con otras dos orejas después de otro espadazo y bordarlo, tan grácil, con un Polvorilla divino, por su cara abrochada y su clase proverbial. Un paréntesis: observe el lector que las grandes glorias de Aguado, resucitado tras el patibulario de San Isidro, se están dando en todas las plazas de Carlos Zúñiga -Aranjuez, El Puerto, El Bibio-. Es lo que tiene contar con un gusto extraordinario para el toro. Sigo: lo demás corrió de parte del sevillano. La ilusión, la alegría y la finura. Incluso la inteligencia para dejar respirar a Polvorilla entre series. Anunció cómo venía en el brillante quite que cerró toreando a una mano; y el toro anunció por su lado cómo sería.
Todo, desde el principio de faena de rodillas a las manoletinas de puntillas, fue ajeno a la vulgaridad. Anoté, más allá de la naturalidad y la cadencia en el toreo fundamental, un muletazo zurdo rodilla en tierra, un pase de la firma y un cambio de mano por delante a muleta girada, puro Antonio Bienvenida. Esa sevillanía, la alegría de Pablo, ya digo.
Morante de la Puebla condujo entonces el estado de chispeante efervescencia a la profundidad. Eran las 20.07 cuando arrancaba la faena de la tarde. El toro, exacto en su irreprochable armonía, se había empleado en el caballo, gastando allí la vida que le faltó. Todo lo que ejecutó Morante sucedía a pulso, atalonado en su valor de plomo, enterrado en el ruedo. Sonaba Caridad del Guadalquivir para añadirle solemnidad a lo solemne. «¡No se puede ser más torero!», gritaron al maestro. La absoluta verdad. No cabía una brizna de aire entre el toro y el torero, que giraban lentamente como una sola escultura. Cuando apuró la última serie a pies juntos, provocando la embestida sobre la mano derecha, con todo su empaque a cuestas. El Bibio sintió el calado de su toreo, puesto en pie. Un pinchazo y media estocada tendida se interpusieron entre él y la gloria. La ovación cerrada reverberó en el aire gris de Gijón.
A últimas, cerca de las nueve de la noche, saltó un toro hondo y gacho, de mejores inicios que finales, al que Pablo Aguado puso pasión y listeza, arrebato y ambición -que no es poco- entre brillos intermitentes. Puso más que el toro y mató con una estocada atravesada que necesitó de un golpe de descabello para cortar la tercera oreja de su tarde. Y entonces lo izaron al cielo con el maestro para bajar el telón de esta tarde tan torera en el día de la asunción.
Plaza de El Biblio. Sábado, 15 de agosto de 2026. Tercera de feria. Lleno. Toros de Núñez del Cuvillo, y un sobrero del mismo hierro (1º bis), bien presentados, hechurados y guapos; notable el 3º; de buen fondo el 1º bis; con más intención que vida el 4º; bueno el 5º; de quebradiza clase el 2º; de mejores inicios que finales el 6º.
MORANTE DE LA PUEBLA, DE OBISPO Y AZABACHE. Gran estocada (dos orejas); pinchazo y media tendida. Aviso (saludos).
JOSÉ MARÍA MANZANARES, DE AZUL MARINO Y ORO. Pinchazo y estocada algo contraria recibiendo. Aviso (saludos); pinchazo hondo casi media y dos descabellos. Aviso (saludos).
PABLO AGUADO, DE BUGANVILLA Y ORO. Espadazo algo delantero (dos orejas); estocada atravesada y suelta que escupe y un descabello (oreja y petición). Salió a hombros con Morante.
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