El debate interno más intenso en este momento en la derecha italiana, que encabeza Giorgia Meloni y está en el poder desde 2022, es qué hacer ante el ascenso del exgeneral Roberto Vannacci y su nuevo partido de ultraderecha, Futuro Nacional (FN). A nivel europeo, a las tres fuerzas del Gobierno, donde dos ya son de ultraderecha, les pasa lo mismo con el triunfo de este domingo del partido AfD en las elecciones del Estado federal alemán Sajonia-Anhalt: Meloni guarda silencio; Matteo Salvini, líder de la Liga, lo celebra; y Antonio Tajani, de Forza Italia, lo critica con alarma. Con Vannacci, que les acusa de ser unos blandos y haber traicionado a sus votantes, estos meses ha primado la cautela.
El exprimer ministro propina al exgeneral un duro repaso dialéctico en el más prestigioso foro de las élites del país. “Gastaré mis últimas energías en impedir que llegue al poder”, le advirtió
El debate interno más intenso en este momento en la derecha italiana, que encabeza Giorgia Meloni y está en el poder desde 2022, es qué hacer ante el ascenso del exgeneral Roberto Vannacci y su nuevo partido de ultraderecha, Futuro Nacional (FN). A nivel europeo, a las tres fuerzas del Gobierno, donde dos ya son de ultraderecha, les pasa lo mismo con el triunfo de este domingo del partido AfD en las elecciones del Estado federal alemán Sajonia-Anhalt: Meloni guarda silencio; Matteo Salvini, líder de la Liga, lo celebra; y Antonio Tajani, de Forza Italia, lo critica con alarma. Con Vannacci, que les acusa de ser unos blandos y haber traicionado a sus votantes, estos meses ha primado la cautela.
Los líderes de las tres formaciones en el Gobierno apenas han criticado las ideas más extremas de Vannacci, hechas públicas en su programa en las últimas semanas, pues ellos mismos llevan años jugando con ellas. Por eso causa impresión en Italia lo que hizo el sábado el exprimer ministro Mario Monti, senador vitalicio y sin partido, pero que representa bien el mundo liberal conservador y europeísta tradicional, cada vez más reducido: le pegó al exgeneral el mayor repaso dialéctico visto hasta ahora en la política italiana. Puso en evidencia que nadie desde ese campo ideológico lo había hecho hasta ahora con tanta claridad.
Sucedió en el Davos italiano, el prestigioso foro del municipio de Cernobbio, en el lago de Como, ante la plana mayor de las élites, las finanzas y la industria del país, y ante el propio Vannacci, invitado con Monti a una mesa redonda. “Escuchando sus intervenciones, leyendo el programa, creo que un aspecto del fascismo, el más insidioso, ya está en marcha. Veo en usted la reconstitución de la narrativa, de la retórica, del espíritu del fascismo”, le advirtió sin rodeos. Y concluyó: “Viejo como soy, si hay alguna manera de impedir que siga por este caminos gastaré mis últimas energías en hacerlo”.

Monti, de 83 años, dos veces comisario europeo y que, por su prestigio, fue llamado a dirigir un Gobierno técnico en Italia entre 2011 y 2013 tras la caída de Berlusconi en plena crisis de la prima de riesgo, fue muy mordaz y directo para lo que es habitual en él. En su habitual tono profesoral, refutó el fondo de las ideas del exgeneral, en las que “más o menos se declara la superioridad de Italia, de los italianos y de la raza italiana”. “Se insinúa que estamos orgullosos de nuestra italianidad, y yo lo estoy, y que no se reconoce lo suficiente en otros países, y menos en Europa… Aquí entra en juego el complejo de Calimero, un resentimiento: exigimos mayor respeto, se lo haremos pagar… En un momento en que Italia se está desarrollando bien sobre la base de cosas reales, económicas, sociales y civiles, tengo terror de una reconstrucción psicológica en cada uno de nosotros de una pequeña Italia. Y como con los gobiernos actuales no conseguimos dar más crecimiento y más oportunidades a nuestros ciudadanos, porque nos importa su voto, no su bienestar, entonces esta población tendrá que darse por satisfecha dando cuerda a su identidad: somos los mejores, nos haremos respetar”.
Burla de los razonamientos de los antivacunas
Monti también cargó contra las fuerzas populistas y nacionalistas de Europa, que según acusó, siguen la política de Trump y Putin de dividir a los europeos: “Ellos lo intentan desde fuera y los partidos soberanistas lo están haciendo desde dentro. Poco importa si empujados por Trump o por Putin. Estas fuerzas se llaman populistas y nacionalistas. Mi profunda convicción es que en la mayoría de los casos van contra el interés del pueblo y de la nación”. Obtuvo uno de sus aplausos cuando citó a Albert Camus: “Amo demasiado a mi país para ser nacionalista”.
El exprimer ministro acusó a Vannacci —que en los sondeos ya está en el 8%— y supera en intención de votos a la Liga y Forza Italia, de tener un programa irreal, irrealizable e ilegal: “En muchos puntos viola la Constitución, la Carta Fundamental de los Derechos Humanos de la UE, la igualdad de género y muchas otras cosas”. Le advirtió de que poner en práctica su programa “pondría de inmediato a Italia fuera de la UE”.
Pero Monti fue incluso más allá, dejando un espacio para las risas y la burla directa de algunas argumentaciones de la extrema derecha. En concreto, se refirió al negacionismo científico de los antivacunas. Lo hizo al recordar las palabras de uno de los autores de la redacción del programa de FN, Lorenzo Gasperini, en noviembre de 2021, durante la pandemia de la Covid. Leyó un comentario que hizo entonces en redes sociales que decía: “Un joven sano que se vacuna demuestra debilidad, miedo de la muerte, credulidad, enfermedad intelectual, fácil obediencia al primer político que pasa y una psicología de siervo. Características que deberían comportar, como mínimo, la exclusión de la vida sexual, como contrapeso natural”. Tras citar este texto, Monti desató las risas del público al preguntarse por la “aplicación técnica de esta sanción”, si sería con la castración directa o con un brazalete electrónico, “pero no aplicado a la muñeca o al tobillo, sino a otra parte del cuerpo”. Y concluyó, sobre la redacción del programa de FN: “¿Cuándo le dio una responsabilidad tan grave al profesor Gasperini, estaba al corriente de esto?”.
El formato del encuentro no era un diálogo, sino una sucesión de intervenciones, y no hubo respuesta porque Monti habló el último, pero los sonoros aplausos que recibió fueron evidentes, así como la frialdad del auditorio con el exgeneral, cuyo fuerte no es la economía, y que había hecho una crítica a las reglas de la UE y del mercado único. Otra cosa es que a Vannacci, en todo caso, pasar por antisistema siempre le viene bien.
Lo cierto es que la presencia del líder de FN ya había causado polémica, por el trato de deferencia y entrada en las altas esferas que supone ser invitado a Cernobbio. Carlo Calenda, líder del partido de centro Azione, que está en la oposición fuera de la coalición de centro-izquierda, se negó a asistir y criticó duramente que Vannacci fuera invitado: “Según la peor tradición del lobbismo italiano, se apresuran a arrodillarse ante el último populista, en este caso un neofascista, racista y prorruso. En Italia hay una debilidad de la burguesía productiva, que ha cabalgado siempre todos estos fenómenos. No tienen el sentido de su papel público”.
Calenda también dijo, en la línea de Monti, que hará todo lo que esté en su mano para impedir que Vannacci llegue al poder. Son mensajes preelectorales a Meloni desde el mundo conservador moderado y de centro para advertirle de que no se unirían a una coalición en la que estuviera el exgeneral.
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