Es el décimo aniversario de K Fund, una de las gestoras de venture capital más conocidas y respetadas de España, y la organización reserva una hora de conversación con Carina Szpilka, fundadora y general partner. Szpilka comparte equipo con otros nombres prestigiosos del ecosistema, muchos de ellos con logros tanto en la esfera de la inversión como en la dimensión emprendedora. En la misma oficina del Paseo de la Castellana trabajan, entre otros, Iñaki Arrola, Miguel Arias y Pablo Ventura.En polaco, szpilka podría traducirse como alfiler, punzón o aguja. La directiva española nace en Buenos Aires en 1968, se traslada con sus padres a edad temprana a la península y comienza su carrera profesional ligada al mundo financiero, primero en el departamento de banca privada del Santander (1991-1996), después en Argentaria (1996-1998) y finalmente en ING Direct (15 años entre España y Francia, siendo CEO en ambos países). De la triple paleta del diccionario polaco, quizás la acepción más adecuada a su perfil sea la del alfiler. Desde que Szpilka aterrizase en K Fund, sin ruido ni pausa, ha hecho suyo un estilo marcado por la sutileza y la elegancia, tal y como se desprende del diálogo compartido, aunque ella explica así su acervo: «Estudié Empresariales en Icade, donde te forman con unos valores que terminan definiendo tu manera de hacer las cosas. Yo me aferro a las tres ces del liderazgo ignaciano: conciencia, compasión y competencia. Al final, las empresas que no se sienten vulnerables son las que terminan mal».Los padres, señores Szpilka y Lázaro, provenían del mundo de la medicina y dedicaron muchos años a la psicología, disciplina que siempre atrajo a la hija. «Pensaba a lo largo de mi vida estudiantil que no provenir de una familia de empresarios, abogados o banqueros sería una desventaja. Pero ese poso me ha permitido entender mejor a las personas, algo muy relevante en la esfera profesional y más crucial todavía en la era transformadora actual. En nuestro primer deck, cuando K Fund levantó el primero de sus fondos, decíamos: detrás de las pantallas hay personas. Nuestra fortaleza estaba en apostar por startups en fases muy iniciales donde apenas había producto». Para afinar, Szpilka tiene claro cuáles eran (y siguen siendo) las señales que conviene identificar. «Todo se resume en cuál es el nivel de responsabilidad que está dispuesto a asumir el emprendedor, cómo aprovecha los recursos que pones a su disposición, qué capacidad de persuasión tiene y cómo se maneja en un terreno tan crítico como las ventas».En el tiempo transcurrido desde su debut, K Fund ha pasado de administrar 50 millones a gestionar casi 700 a través de vehículos propios que abarcan desde las fases semilla hasta las series A+ y B y mediante fondos de fondos (colaboró con Bankinter en MBV Fund y vuelve a hacerlo ahora con Orion Fund). Dos teclas se han añadido al piano originario, apunta: una vocación más internacional que aglutina España, Latinoamérica y sur de Europa; y la IA. «Nos gusta decir que, aunque celebramos 10 años, estamos en el día uno de este nuevo tiempo».The Spanish Tech Ecosystem 2026 es un informe en cuya elaboración participa la propia K Fund junto a Dealroom, Endeavor, Wayra y el BBVA. Fechado el pasado mayo, el documento destaca que las gestoras domésticas representan en España un 59% de la inversión de venture capital en fases tempranas desde 2022, el cuarto que más trasItalia, Francia y Bélgica. Esta pieza del puzle conecta con una reflexión de Szpilka: si una de las aspiraciones de K Fund es recorrer también el trayecto inversor que va del sur al norte europeo, debido a la brutal competencia y al tamaño de otros fondos rivales, «una forma inteligente de hacer ese viaje es actuando en fases muy incipientes con startups a las que ofrecer una especie de periodo de prueba. Este es un negocio muy fardón, pero debería basarse en la más absoluta humildad».
Forjada en el mundo financiero y muy interesada en los secretos de la psicología, la directiva trabaja con sutileza, un gran conocimiento del ecosistema y dos premisas clave: la humildad y las personas van primero
Es el décimo aniversario de K Fund, una de las gestoras de venture capital más conocidas y respetadas de España, y la organización reserva una hora de conversación con Carina Szpilka, fundadora y general partner. Szpilka comparte equipo con otros nombres prestigiosos del ecosistema, muchos de ellos con logros tanto en la esfera de la inversión como en la dimensión emprendedora. En la misma oficina del Paseo de la Castellana trabajan, entre otros, Iñaki Arrola, Miguel Arias y Pablo Ventura.
En polaco, szpilka podría traducirse como alfiler, punzón o aguja. La directiva española nace en Buenos Aires en 1968, se traslada con sus padres a edad temprana a la península y comienza su carrera profesional ligada al mundo financiero, primero en el departamento de banca privada del Santander (1991-1996), después en Argentaria (1996-1998) y finalmente en ING Direct (15 años entre España y Francia, siendo CEO en ambos países). De la triple paleta del diccionario polaco, quizás la acepción más adecuada a su perfil sea la del alfiler. Desde que Szpilka aterrizase en K Fund, sin ruido ni pausa, ha hecho suyo un estilo marcado por la sutileza y la elegancia, tal y como se desprende del diálogo compartido, aunque ella explica así su acervo: «Estudié Empresariales en Icade, donde te forman con unos valores que terminan definiendo tu manera de hacer las cosas. Yo me aferro a las tres ces del liderazgo ignaciano: conciencia, compasión y competencia. Al final, las empresas que no se sienten vulnerables son las que terminan mal».
Los padres, señores Szpilka y Lázaro, provenían del mundo de la medicina y dedicaron muchos años a la psicología, disciplina que siempre atrajo a la hija. «Pensaba a lo largo de mi vida estudiantil que no provenir de una familia de empresarios, abogados o banqueros sería una desventaja. Pero ese poso me ha permitido entender mejor a las personas, algo muy relevante en la esfera profesional y más crucial todavía en la era transformadora actual. En nuestro primer deck, cuando K Fund levantó el primero de sus fondos, decíamos: detrás de las pantallas hay personas. Nuestra fortaleza estaba en apostar por startups en fases muy iniciales donde apenas había producto». Para afinar, Szpilka tiene claro cuáles eran (y siguen siendo) las señales que conviene identificar. «Todo se resume en cuál es el nivel de responsabilidad que está dispuesto a asumir el emprendedor, cómo aprovecha los recursos que pones a su disposición, qué capacidad de persuasión tiene y cómo se maneja en un terreno tan crítico como las ventas».
En el tiempo transcurrido desde su debut, K Fund ha pasado de administrar 50 millones a gestionar casi 700 a través de vehículos propios que abarcan desde las fases semilla hasta las series A+ y B y mediante fondos de fondos (colaboró con Bankinter en MBV Fund y vuelve a hacerlo ahora con Orion Fund). Dos teclas se han añadido al piano originario, apunta: una vocación más internacional que aglutina España, Latinoamérica y sur de Europa; y la IA. «Nos gusta decir que, aunque celebramos 10 años, estamos en el día uno de este nuevo tiempo».
The Spanish Tech Ecosystem 2026 es un informe en cuya elaboración participa la propia K Fund junto a Dealroom, Endeavor, Wayra y el BBVA. Fechado el pasado mayo, el documento destaca que las gestoras domésticas representan en España un 59% de la inversión de venture capital en fases tempranas desde 2022, el cuarto que más trasItalia, Francia y Bélgica. Esta pieza del puzle conecta con una reflexión de Szpilka: si una de las aspiraciones de K Fund es recorrer también el trayecto inversor que va del sur al norte europeo, debido a la brutal competencia y al tamaño de otros fondos rivales, «una forma inteligente de hacer ese viaje es actuando en fases muy incipientes con startups a las que ofrecer una especie de periodo de prueba. Este es un negocio muy fardón, pero debería basarse en la más absoluta humildad».
Obligatorio ganar músculo. Que el tamaño sí importa lo demuestra el peso del ticket. Los inversores extranjeros se fijan en España y compiten codo con codo por financiar a esas startups de nuevo cuño forjadas por empresarios con pedigrí previo, más preparados que nunca y con ideas bien cinceladas. «La ventaja de esos fondos y nuestro lastre es que con un vehículo de miles de millones, poner un ticket de cinco o diez millones no es nada. Esa cantidad pesa más aquí y las decisiones se toman con menos ligereza. Lo que convierte en únicas a las gestoras locales es esa confianza que construyes desde el principio. El networking, el go to market, la validación del producto. Estar ahí suma muchos puntos», asevera Szpilka.
Otra piedra en el mercado actual son los exits. «Hace una década, en EEUU los fondos permanecían un promedio de siete años en cartera y ahora se quedan 14. Por otra parte, el M&A (fusiones y adquisiciones) en Europa es cinco veces inferior al de EEUU y la gran corporación no es tan netamente compradora [de startups]. Asimismo, se tarda más en dar el DPI [capital distribuido sobre capital desembolsado, o cuánto dinero devuelve la gestora a sus inversores en función del capital que aportaron] y si ese dinero no se desbloquea es más difícil que el LP [limited partner, quien pone dinero en el fondo] lo reinvierta». Por último, España arrastra el déficit de los planes de pensiones y aseguradoras, «que invierten una parte minúscula en capital riesgo».
K Fund prepara estos meses nueva artillería. Uno de los fondos por llegar se centrará en «esas áreas que aún quedan sin financiar en España» con especial énfasis en el hardware y actividades con una exigencia intensiva de capex. Aquí se dibuja un impulso estratégico a la transición energética, aunque Szpilka aclara que el SaaS dista de estar muerto. «Las compañías especializadas en software van a ser las primeras en implantar la IA en sus procesos. Además, la IA no arrasará con todo. Los generalistas no alcanzarán los espacios más verticales». Y ahí es donde entra en juego un SaaS a medida.
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