La Reserva Federal estadounidense ha optado este miércoles por mantener los tipos de interés sin cambios en la horquilla del 3,5% al 3,75%, un resultado previsible pero aun así cargado de simbolismo (y quizás de consecuencias) en la primera reunión presidida por Kevin Warsh. A diferencia de lo ocurrido en los últimos encuentros, la decisión ha sido adoptada por unanimidad, sin voces abogando por bajadas. Y hasta nueve miembros del Comité Abierto han indicado, además, que ven muy probable que este año vaya a haber una subida debido a la presión de los precios.
Por primera vez en meses la decisión es adoptada por unanimidad, pero nueve de los 18 miembros del Comité Abierto estiman que en 2026 habrá al menos una subida por la presión de los precios
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La Reserva Federal estadounidense ha optado este miércoles por mantener los tipos de interés sin cambios en la horquilla del 3,5% al 3,75%, un resultado previsible pero aun así cargado de simbolismo (y quizás de consecuencias) en la primera reunión presidida por Kevin Warsh. A diferencia de lo ocurrido en los últimos encuentros, la decisión ha sido adoptada por unanimidad, sin voces abogando por bajadas. Y hasta nueve miembros del Comité Abierto han indicado, además, que ven muy probable que este año vaya a haber una subida debido a la presión de los precios.
La decisión era ampliamente esperada por los mercados, pero el verdadero interés de la cita no estaba en el resultado, sino en el mensaje: cómo iba a presentarse el hombre elegido por Donald Trump para sustituir a Jerome Powell y qué señales enviaría sobre el rumbo de la política monetaria estadounidense, la inflación y el crecimiento, apenas unas horas después de que la Casa Blanca e Irán llegaran a un acuerdo para parar la guerra.
Su primera decisión evidente se ha producido en la forma de comunicar. Warsh llegó al cargo con fama de heterodoxo tras criticar durante años no sólo lo que consideraba excesiva dependencia de la Fed de las proyecciones económicas y de la llamada forward guidance, la práctica de anticipar al mercado los movimientos futuros de los tipos, sino su política de comunicación. Ha anunciado que quiere menos intervenciones, menos discursos, menos presencia. Hoy sí comparece, por ser la primera vez, pero quizás no lo haga siempre, rompiendo una larga tradición.
Para empezar, la comunicación del banco central explicando la decisión es mucho más breve y escueta, prescindiendo de introducciones y de pistas sobre los próximos pasos. «El Comité Federal de Mercado Abierto aprobó la siguiente declaración por unanimidad (12-0): mantener el rango objetivo para la tasa de fondos federales entre el 3,5 % y el 3,75 %, en apoyo del doble mandato de la Reserva Federal. El Comité reafirmó su política de mantener amplias reservas en el sistema bancario. La actividad económica se expande a un ritmo sólido a pesar de la elevada incertidumbre, debida en parte al conflicto en Oriente Medio. La creación de empleo ha seguido el ritmo de la fuerza laboral y la tasa de desempleo se ha mantenido prácticamente sin cambios. La inflación sigue siendo elevada en relación con el objetivo del 2 %, lo que refleja, en parte, las perturbaciones de la oferta que han impulsado aumentos de precios en ciertos sectores, incluido el energético. El Comité garantizará la estabilidad de precios», dice el texto.
El debut de Warsh llega en uno de los momentos más incómodo posibles y sabiendo que Donald Trump va a enfadarse. Su gran obsesión son los tipos de interés, lleva un año y medio exigiendo que bajen y lo hagan mucho, pero ahora tendrá que asumir que la situación está peor que antes. La razón es muy evidente: la inflación ha vuelto a acelerarse hasta el 4,2% en mayo, desde un elevadísimo 3,8% en abril. Y se debe, en un 90%, al coste de la energía, que a su vez es consecuencia de la guerra en Irán y la política exterior y económica de la administración.
Hace apenas unos meses, los inversores daban por hecho que 2026 sería el año de los recortes, y los gobernadores veían muy clara la sede. Pero la guerra con Irán, el repunte de los productos energéticos y la persistencia de las presiones inflacionistas han cambiado completamente el panorama. El debate ya no es si habrá una o dos bajadas, sino si la próxima decisión de la Fed será una subida, dado que el ambiente está ahora mismo mayoritariamente decantado del lado de los halcones. Trump no tiene ya siquiera al que ha sido su principal activo en la institución, Stephen Miran, nombrado temporalmente y de vuelta en la Casa Blanca.
Más allá de la decisión concreta, la sensación en Washington es que comienza una nueva etapa. Warsh, que ya fue gobernador de la Fed entre 2006 y 2011 y que estaba en contra de políticas expansivas incluso en lo peor de la crisis financiera, ha prometido una institución más austera, menos predecible y con una comunicación más limitada. Hoy ha sido su presentación en sociedad, y lo principal es dejar claro que la inflación no está fuera de control, que la institución está preparada e incluso que hay un mensaje único. La última cita, en la despedida de Powell, se saldó con cuatro votos discrepantes, algo inédito en décadas.
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